Ha transcurrido más de un mes desde que tengo a Kabou, y cada día me siento más feliz con mi pequeño bebé. Es hermoso, fuerte y juguetón. Aunque al principio era solo una cría indefensa, ahora ha crecido bastante y comienza a mostrar su carácter. D'Angelo, a pesar de haber dicho que lo odiaba, terminó asegurándose de que no le faltara nada. Ha pagado a los mejores veterinarios y comprado la mejor comida para él. Supongo que, después de todo, no es tan miserable como para maltratar a los animales. Kabou tiene su propia habitación, aunque muchas veces duerme conmigo. Aún es pequeño, así que le doy la mamila, y cada vez que me mira con esos ojos grandes y brillantes, siento que mi corazón se ablanda. —Eres un consentido, ¿lo sabías? —le murmuro mientras lo acaricio. Él responde frotando s

