Me despierto sobresaltada al sentir un extraño cosquilleo en mi rostro. Arrugo la nariz y achico mis ojos por la luz que se filtra por las ventanas. Restriego mis ojos con mis manos y miro a todos lados. Unas risitas aniñadas se escuchan tras la cortina, y me doy de cuenta de que no estoy completamente sola en la habitación. Doy gracias al cielo que esta madrugada me pare a recoger todo el reguero que dejamos Mikele y yo en la sala y aproveche a colocarme la pijama que dejamos tirada en el piso. Salgo de la cama y me encamino hacia la cortina. En mi mano llevo una almohada para defenderme. Cuando llego en silencio separo las cortinas- ¡AQUÍ ESTAN PEQUEÑOS DEMONIOS!- los chicos se ríen a carcajadas y salen corriendo por lados diferentes no dándome la oportunidad de golpearlos con la

