Dos mujeres.

1433 Palabras
Máximo Rivas Ir a visitar a mi padre me dejó conmovido. Que el viejo esté tan grave como dijo Boris es algo que no me esperaba. Verlo postrado en esa cama me hizo olvidar por un momento todas las cosas malas que ha hecho. Incluso olvidé el folder de información que mandaron a mi oficina. Hay muchas cosas que podrían abrir mi pasado, y hay tantas preguntas que me gustaría hacerle a mi madre. Imposible, claro, teniendo en cuenta que ella ya no se encuentra en este mundo. Como sea, espero que mi padre recupere su salud y pueda levantarse de ahí. Quiero seguir investigando, y si él tiene algo que ver, quiero hacerlo pagar... Él no ha sido un excelente padre y antes tuve razones para alejarme de él y ahora quien quiera que sea que esté moviendo el pasado quiere que tenga muchas más razones. ¿Qué será eso que mi padre esconde? Sentirme conmovido me llevó a aprovechar para dar un recorrido por los pasillos de la casa donde viví mi infancia, el parte de la adolescencia. La casa donde la risa de mi madre se escuchaba casi todo el tiempo cuando era niño, misma risa que se fue apagando poco a poco. Aunque siempre me preguntaba por qué, nunca tuve el valor para preguntarle a ella la razón. No tuve tiempo de muchas cosas realmente. Entré a una escuela donde pasaba la mayor parte del tiempo, y al llegar, ella estaba feliz de verme, pero había algo en su mirada que no era lo mismo. La verdad es que no recuerdo en qué momento de mi vida mi madre dejó de ser feliz. Como niño estaba ocupado haciendo lo que me correspondía, pues entre la escuela y las clases extracurriculares pasaba mucho tiempo fuera de casa y quizás por eso me perdí de los problemas y tropiezos maritales entre mamá y papá. Fui a mi habitación, recorrí el espacio donde viví mi infancia. Todo se veía igual, pero sentía que algo faltaba, que la alegría y la vida que antes llenaban esta casa se habían desvanecido. Salí de la habitación, decidido a ponerle fin a la melancolía que me invadía. Al salir apenas unos pasos me separaban de una figura femenina que se destacó por su elegancia. La chica desentonaba con el resto de la familia. Su presencia levantó mi ánimo. Fue curioso. Al verla de cerca, sentí algo especial. Era un espécimen admirable de observar. Pero me mantuve controlado, a pesar de la confusión que me causó ver a esa chica en nuestra casa. Por un momento, llegué a imaginar que era la esposa de mi padre. Eso me enojó. La idea de que él, en su condición, tuviera a una mujer tan joven y atractiva a su lado era desconcertante, eso solo hablaba de lo sinvergüenza y descarado que era, además era una falta de respeto que ensuciar la memoria de mi madre trayendo a esa mujer a vivir en la misma casa. Misma iglesia, misma casa. Era una locura. Salí de casa de mi padre directo a un bar. Necesitaba un trago, uno bien fuerte. Me detuve en el primero que encontré y pedí inmediatamente un trago doble. La figura de aquella chica no salía de mi mente. Era hermosa, no podía negarlo. Cada vez que pensaba en ella, sentía una mezcla de fascinación y frustración. No sabía quién era ni qué hacía en la casa de mi padre, pero su imagen me perseguía. Pasé un par de días debatiéndome entre organizar los papeles, avanzar en la investigación y darle su merecido a mi padre, o dejar ese asunto de lado por un tiempo para darle espacio a él de que se recuperara y enfocarme en divertirme. Hace mucho tiempo no le dedico tiempo a una mujer y, curiosamente, ahora tengo a dos hermosas mujeres en mi radar. Una es famosa, abierta, y la otra es simplemente algo que quiero explorar. Por curiosidad, me pregunté si mi padre estaba enamorado de su esposa. Si la chica que vive en su casa realmente es su esposa, sería una buena manera de fastidiarlo. La sola idea me hacía sonreír. En mi mente, comenzaba a trazar un plan. Quizás era el momento de tomarme un respiro, de disfrutar un poco y, al mismo tiempo, ver qué tanto podía sacar de esta situación. ***** En mi oficina... — Señor, la información que pidió sobre la esposa de su padre. — Mi asistente, entra para recordarme una orden que había dado hace varios días. — Archivalo. — Respondo sin pensar, luego suspiro y le doy una razón válida teniendo en cuenta lo que vi en casa del susodicho antes de por supuesto haber visto aa esa chica. Lo que sea que haga a partir de ahora lo hare improvisando. — Laura, no quiero saber nada de ese tema ahorita. La próxima vez que hablé con mi padre le diré que tramite el divorcio; esa mujer no quiere atenderlo y me imagino que es por qué sabe que está muy enfermo, que ha ocultado una enfermedad durante muchos años y pues esa mujer lo creía vital, ahora está postrado en una cama. ¿Quién se casa para cuidar un viejo? — Le digo despreocupado. — Sabes, eso le pasa por mentiroso, por engañar a todo el mundo. — Ahora con fastidio, recuerdo que no se merece que nadie le acompañe y menos si está llena de vitalidad, seguro solo quiere su sucio dinero. — Máximo, ¿Estás tomando? Tú no tomas... — Si, me estoy tomando un trago. Recién en la mañana le mandé un mensaje a la señora bonita que he estado viendo y no me respondió, eso de alguna manera me tiene inquieto. — Quiero tomar hoy. ¿Tienes algún problema con eso? – Sí, ¿Escuchas como me estás hablando? — Laura me habla de tú y eso llama mi atención. Estoy sentado en mi escritorio pensando en las mil cosas que quiero hacer con mi vida y a ella se le ocurre olvidar su lugar. — ¿Como así? — No me gusta. — Me habla en un tono que me hace pensar que está molesta por algo. — Creo que por el sueldo que te pago puedo hablarte como yo quiera. — Pues fíjate que este no es Máximo mi jefe. ¿Qué sucede? Si es por una mujer, pues ya sabes qué hacer. Disfrútala y déjala. Haz lo que siempre haces... — ¿Estás diciendo que soy un promisco como mi padre? — Me molesto por su falta de respeto, por la forma en la que me habla y por insinuar cosas. — Yo no dejo a las mujeres, ella se alejan de mí sin decir nada. — Pues que no te importe. Además tus obligaciones laborales no te dan abasto; no tendrías tiempo para una relación amorosa ni con ninguna de las anteriores ni con esta. Así que mejor olvídalo. — No quiero olvidarlo, más bien no puedo olvidarlo. — Bajo la guardia a y acepto todos los cargos. Laura esta encargada de mi agenda diaria, sabe y conoce todos mis movimientos y aunque se limita a hacer su trabajo "Razon por la que nos lllevamos bien" esta siempre atenta y observando todo. Me soprende que hoy tenga la lengua suelta, pero debe ser porque estoy con un vaso de Whisky sobre el escritorio. Debo estar dando la impresión de estar desesperado o pensativo. Pensando en que si no es con ella no podria hablarlo con nadie mas, me abro a contarle algunas cosas que siento justo ahora. — Laura, esta mujer es diferente, es especial y sabes una cosa. Sí, sí quiero probarla, quiero acostarme con ella, quiero ver lo que hay debajo de la ropa. Tengo curiosidad y no es que no haya visto nunca una mujer desnuda pero esta esta me llama mucho la atención "Pienso en esa linda pijama y pies descalzos" esta es... como no sé, no sé cómo explicarlo. — Haber, no vaciles. — Se acerca y se sienta frente a mí. — Hablas de ella como si fuera una diosa del Olimpo. Eso es irreal, no existe. — Yo creo en los ojos correctos se puede ser lo más hermoso y para mí esa mujer lo es. — Antes hablaba de la chica en el pasillo, ahora creo que de la señora bonita. Sonrio. — ¿Quién es esa mujer, dónde la conociste? — Sacudo mis pensamientos y me centro. ¿Qué estoy haciendo? — Ya, ya. No quiero hablar más del tema. Si era todo, puedes retirarte...
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