Máximo
Mi secretaria salió de la oficina dejándome, una vez más, solo. Me levanté y fui a servirme otro trago. La conversación con ella se sintió un poco rara, a reclamo, como si estuviera descontenta, molesta por algo. No le di importancia, pero eso fue lo que sentí. Su comportamiento no es normal, no es usual que me ataque con preguntas. Además de eso, tenía otra cosa en mente que me molestaba aún más: quería ver a la mujer misteriosa. Y mis ganas por ella me habían llevado a enviarle un mensaje, uno que ella no había respondido... Razón por la cual yo estaba tomando un trago tan temprano y me sentía inquieto.
Debía trabajar, pero no podía sacarla de mi cabeza.
Levanté el teléfono para llamar a uno de mis escoltas. Tenía una misión para él. Ya sabía que le había prometido a ella que haríamos esto sin secretarios ni intervención de otras personas, solo ella y yo. Pero tenía trabajo que hacer y moría de ganas por verla y saber de ella. Así que mandé a alguien a que me diera información. La mandé a vigilar todo el día. Me estuvieron mandando su ubicación, fotos, y eso me tranquilizó, saber que ella estaba tan ocupada que no podía estar pendiente de mí.
En la noche, cuando decidí ir a buscarla a su empresa, la vi salir con su secretaria. La seguí y pedí una mesa en el mismo restaurante donde ella entró. Desde la distancia, la observé, cada gesto, cada movimiento. Mirarla me gustaba. Descubrí que ella me atraía mucho más de lo que creía.
Mientras ella conversaba animadamente con su acompañante, no podía dejar de notar su elegancia, su seguridad. Cada sonrisa, cada risa, me hacía querer acercarme más. Sin embargo, me mantuve a distancia, disfrutando de ese momento de observación. Sabía que pronto llegaría el momento de acercarme, pero por ahora, simplemente disfrutaría de la vista.
Las copas de vino hicieron que sus mejillas se sonrojaran. Terminó de cenar y se levantó. Era mi oportunidad, la oportunidad de acercarme, de hablarle, de decirle cuánto la había extrañado durante el día. Sí, normalmente soy un tipo introvertido, pero con ella me atrevo a arriesgarme. No quiero ser tosco ni grosero. Ella planteó una relación divertida, coqueta, y me gustó.
La vi caminar en compañía de una de las empleadas del lugar y me levanté rápidamente para seguirla. Me acerqué con calma, asegurándome de que ella no se sintiera invadida y de por supuesto no llamar la atención.
Ella, en compañía de una de las empleadas del lugar, se dirigió a la zona de baño de damas. Sabía que era un área peligrosa y bastante atrevida para abordarla allí, pero no pude resistirme. Luego de asegurarme de que solo estábamos ella y yo, tomé la audaz decisión de entrar al baño de chicas.
Mientras me acercaba, escuché risas afuera. Me detuve por un momento, dudando, pero finalmente me decidí y entré al casillero donde ella estaba. Se sorprendió al verme, sus ojos se agrandaron en un primer momento, pero luego su mirada cambió. Esa chispa en sus ojos fue como una invitación a dejarme llevar.
— ¿Máximo? —susurró, aún en shock.
— No podía esperar más —respondí, acercándome lentamente. Su expresión de sorpresa se suavizó y vi algo en sus ojos que me dio el valor para continuar. Sin pensarlo dos veces, la tomé por la cintura y la acerqué a mí. Su reacción fue inmediata, pasó sus brazos alrededor de mi cuello y me besó con una pasión que igualaba la mía.
El casillero, pequeño y confinado, se llenó de la intensidad del momento. Cada beso, cada caricia, cada susurro se mezclaban con el sonido lejano de las risas y voces del restaurante. El mundo exterior se desvaneció y solo existíamos nosotros dos.
Sentí su cuerpo temblar contra el mío y supe que no había vuelta atrás. La urgencia de nuestro encuentro, la emoción de ser descubiertos, todo hacía que el momento fuera aún más electrizante.
Finalmente, nos separamos, respirando con dificultad. Nuestros ojos se encontraron y ambos sonreímos, sabiendo que este encuentro había sido inevitable.
— Necesitaba esto — dijo ella, con una sonrisa traviesa.
— Yo también — respondí, aún recuperando el aliento. Nos arreglamos rápidamente, volviendo a la realidad. Salí del baño primero, asegurándome de que el camino estuviera despejado. Ella me siguió poco después, con una sonrisa cómplice en su rostro. Este encuentro, aunque inesperado, había encendido algo en ambos que sabía que no podríamos ignorar.
Este encuentro me dio la certeza de que estábamos yendo en la misma dirección. No era solamente yo quien se sentía atraído, también ella. Me siguió en esta locura y me encantó. Acordamos volver a vernos al día siguiente. Esta vez, confiaba en que iba a responder. Así que, con ese pensamiento en mi mente, salí del restaurante y me fui a casa.
Conducía de regreso, una mezcla de emociones me invadía: la excitación del encuentro, la anticipación de lo que vendría, y una sensación de conexión que no había sentido en mucho tiempo. Al llegar a casa, me serví una última copa de vino, reflexionando sobre el giro que había tomado mi vida en tan poco tiempo.
Me dirigí a la cama con una sonrisa en el rostro, sabiendo que el día siguiente prometía ser aún más interesante. Me dormí con la imagen de ella grabada en mi mente, la sensación de sus labios aún frescos en los míos. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí verdaderamente vivo.
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En la oficina...
— Señor, buenos días. ¿Su café?
— Buen día, Laura. ¿Todo bien?
— Todo bien. ¿Tienes el orden del día?
— Claro que sí. Además de un anuncio.
— Dilo.
— Es su padre. Boris ha llamado. Pide su presencia en casa.
— Respóndele que iré en la noche, o en cuanto tenga tiempo. Dime, por favor, el orden del día. — Ignoré completamente la petición de mi padre. Tengo un compromiso hoy con Carla. Y por más que piense que mi padre es importante, le quiero dar más importancia a ella. La razón está justo ahora, sobre mi escritorio: el testamento de mi madre. Un recordatorio de que él ha sido una ruina de hombre. Si tengo que poner las cosas en la balanza, voy a soltar a mi padre. No es mi prioridad, no ahora, no cuando tengo otras cosas en mi mente.
Laura continuó con el orden del día, repasando reuniones y compromisos. Pero mi mente estaba en otra parte. Me invadían pensamientos de Carla, nuestra cita, y la atracción que sentía hacia ella. Mi padre podía esperar. Había pasado suficiente tiempo relegando mis propios deseos y necesidades.
Hoy, elijo darle prioridad a lo que realmente me importa. Y hoy, eso es Carla.
Con mi padre nunca he tenido una buena relación. Esto no es ni por el testamento ni por Carla. Realmente, mi padre y yo nunca hemos sido buenos amigos. No hemos sido una familia. Desde que murió mi madre, nos tratamos como un par de desconocidos. Él no tiene que ver siquiera con mis negocios. No se ha interesado por mi vida. Y yo, pues, tampoco por la de él.
Si bien estoy enterado de muchísimas cosas, sus movimientos y derroches, supongo, que el tambien está enterado de los míos, tengo la certeza de que todo lo que le está pasando es culpa de su vida de excesos y de sus mujeres. Que espere, que llame a una de sus amantes.
Mientras Laura seguía hablando de la agenda del día, yo ya había decidido. Mi tiempo hoy no sería para mi padre, sino para Carla. A veces, hay que priorizar lo que realmente importa, y hoy, eso era ella.