Devora Yo siempre fui una chica de extremos, pero ni verano ni invierno me gustaban lo suficiente. Prefería estar a salvo y cómoda en el medio de ambas, con las flores o las hojas secas. Ahora que estaba embarazada perdí mi poca cordura y me lancé directo a uno de los bordes feos. El frío era terrible así que acomodé la bufanda para que quedara más apretada y no expusiera ningún centímetro de mi cuello. Volví a ponerme el guante y me sorprendí al ver a la secretaria tecleando sin que sus dedos se congelaran y cayeran al suelo. Cuando hicimos contacto visual me hizo una extraña mueca que debía ser una sonrisa. —El doctor aún no llega, pero estará aquí en una hora o antes—me estiró mis papeles y me indicó las sillas—. Puede esperar en la sala. Tenemos unas cuantas revistas y, como es la ú

