Capítulo 7 | Una noche con el jefe.

1231 Palabras
—¡Kaaayyyllleeee! Despertada de un sueño profundo, Janeth saltó de la cama y corrió a la habitación de al lado, donde Trudy se revolvía en la cama. Tocó el hombro de la anciana. —¿Trudy? —Noooooooo, por favor, noooooo. —Trudy volvió a gritar. Janeth se dejó caer en el borde de la cama y agarró los hombros de la mujer. —Trudy, despierta. No pasa nada. Estás soñando. — Los ojos de Trudy se abrieron de golpe y agarró el brazo de Janeth con una fuerza mortal. —Kaylee. — —No —Janeth forzó su voz para mantener un tono bajo y tranquilo —Es Janeth. — La mirada vidriosa desapareció de los ojos de Trudy, que parpadeó un momento, mirando a Janeth con desconcierto—. Oh, Janeth. ¿Estás bien? — Janeth sonrió. —Sí, estoy bien. ¿Cómo estás tú? — —Estoy cansada. —Trudy se puso de lado y cerró los ojos. Levantándose lentamente de la cama, Janeth salió de la habitación. —Estará bien. — Al oír su voz, Janeth se dio la vuelta y encontró a Ray de pie en el tenue pasillo—. Oh, cielos. —Agarró el pomo de la puerta de la habitación de Trudy y la cerró casi por completo. Dejándola ligeramente entreabierta, le dio un puñetazo en el brazo. —¿Qué demonios? Me has dado un susto de muerte, otra vez. ¿Por qué estás acechando en el pasillo oscuro? — Cohibida por el viejo pantalón de chándal y la camiseta de tirantes que llevaba a la cama, se cruzó de brazos. Manteniendo la mirada alejada de su pecho, se centró en el tatuaje de su antebrazo. Pasó por delante de él para ir a la cocina a beber agua. —¿Es eso tinta lo que veo en tu espalda?— Janeth se sonrojó y se puso de espaldas a él, apartando el pelo. Junto a su omóplato derecho había una placa de policía plateada con el número 104335 estampado en el frente. En la parte superior había un halo amarillo y a cada lado salían unas alas de ángel. —¿Para tu padre? —Preguntó. Encontró una botella de agua en el frigorífico y giró el tapón. —Sí, la conseguí justo después de cumplir los dieciocho años. —No sé qué es —Ray trazó un dedo sobre las alas —sobre la tinta en una mujer, pero es increíblemente sexy. —Le dio un beso en el hombro. —Ray —se giró—.¿Qué estás haciendo? Sonrió y le tocó la mejilla mientras se acercaba. Ella retrocedió, dejando la botella de agua sobre la encimera mientras se alejaba de él. Su espalda apoyada en la pared detuvo su huida. Se detuvo a un suspiro de distancia. —Esto es una mala idea, Ray —susurró, con la respiración entrecortada por la anticipación. —Sólo uno —murmuró, rozando sus labios contra la mandíbula de ella. —¿Sólo uno? —Ella se mordió el labio, mientras contemplaba su petición. Deslizando lentamente sus manos por el pecho de él, introdujo sus dedos en su corto pelo oscuro y acercó sus labios a los suyos. ***** La luz brillaba a través de la ventana del dormitorio cuando Janeth abrió lentamente los ojos. Estaba acurrucada contra un pecho muy masculino, muy desnudo. —¡Buenos días!— Levantando un poco la cabeza, miró a los ojos azules de Ray. —Buenos días. —Se sentó, apretando la manta sobre su pecho—. ¡Oh, Dios! —exclamó. Se sentó detrás de ella y le dio un beso en la parte posterior del hombro, antes de apoyar la barbilla sobre él. Su mano se movió alrededor de su cintura para apoyarse en su estómago. —¿Estás bien? —Esto es malo —susurró—. Muy malo. Antes de que ella se diera cuenta de lo que había pasado, él la había tumbado de espaldas y había cubierto la mitad de su cuerpo con el suyo. —¿Malo? ñ Sus manos se movían por su cuerpo, acariciando y acariciando, mientras su boca se abría paso por su pecho. —¡Ray !—Su mente se apagó mientras sus ministraciones convertían su cuerpo en papilla—. Tienes que parar. —Ella susurró. Se rió suavemente. —¿Estás seguro de eso? — ***** —Fue sólo sexo, Janeth. Janeth se puso la camiseta de tirantes por encima de la cabeza. —No tengo sexo casual. —Esto puede ser lo que tú quieras. —Se bajó de la cama y se puso los pantalones cortos mientras ella se dirigía a la puerta—. Vamos. —Agarrándola por la cintura desde atrás, la detuvo—. No te vayas. Quédate. — —No puedo. Esto no debería haber ocurrido. —Se apresuró a ir a la habitación de invitados y se cambió el pijama antes de meter sus cosas en el bolso—. Tengo que llamar a un servicio de coche. —dijo mientras volvía a la sala de estar. Extendió una mano con un juego de llaves colgando de sus dedos. —Tómalas. —¿Tomar qué? —Preguntó, tomando la llave ofrecida. —El Mustang. —Uh, no. —Ella le devolvió las llaves—. No voy a coger tu coche. —Sólo tómalo, Janeth. Pídelo prestado hasta que te arreglen el coche. Necesitarás un medio para ir y venir del juzgado la semana que viene. —Alquilaré un coche. —¿Por qué? Cuando puedes usar este gratis. —Sí, pero... ¿y si pasa algo? Tú mismo reconstruiste este. —No me preocupa. Janeth le miró fijamente y luego volvió a mirar las llaves que tenía en la mano. — ¿Hablas en serio? Asintió con la cabeza. —Puedo ver lo que pasa por tu mente, Janeth. Esto no tiene nada que ver con lo de anoche... ni con lo de esta mañana. Aunque estoy más que dispuesto a repetir esa actuación tantas veces como quieras, eso no tiene nada que ver con esto...— Se sonrojó y finalmente se encogió de hombros. Lo había pensado, pero no había querido expresar su preocupación. —Sólo coge el coche, y dame la tranquilidad de saber que llegarás sin problemas del punto A al punto B. —De acuerdo —concedió—. Pero sólo hasta que mi coche esté en marcha. —Trato hecho —la siguió hasta el garaje, donde pulsó un botón en la pared para que la puerta enrollable se levantara. Antes de que ella pudiera detenerlo, le plantó un largo beso en los labios—. Nos vemos el lunes. El potente motor rugió en cuanto giró la llave en el contacto. Tras ajustar los retrovisores, pulsó el botón para abrir el techo y sacó las gafas de sol del bolso. —Ese coche te sienta bien. —Ray sonrió mientras salía del garaje. —Nunca ocurrió. —Se dijo a sí misma por millonésima vez desde que se despertó—. No cometí el mayor error de mi vida. Miró por el espejo retrovisor mientras se alejaba y lo vio de pie en la puerta del garaje observándola. Se preguntaba cuál era el peor error, si dejarlo ahora o acostarse con él anoche.
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