Capítulo 6 | Accidente de coche.

1536 Palabras
Era un garaje de tres coches, lleno de coches clásicos. Sentó al gato en el suelo dentro de la casa y se adentró en el garaje. Pasó la mano por el brillante maletero n***o de un Mustang Convertible de 1966. El segundo coche, un Thunderbird rojo brillante de 1957, le llamó la atención mientras se movía lentamente a su alrededor. Aunque fue el tercer coche el que la dejó sin aliento —Dios mío, es un Shelby Cobra. —Sí, un sesenta y dos, uno de los originales. Sobresaltada, Janeth giró hacia la puerta. Ray se apoyó en el marco observándola. —Mierda, me has dado un susto de muerte. Se rió. —Lo siento. Mi teléfono murió en el camino de vuelta. Lo conecté al entrar en el coche, y fue entonces cuando recibí los mensajes de voz de Agnes y Rich. —Pensaba que no ibas a volver hasta mañana. —No se tardó mucho en convencer a la Sra. Stanton de que hiciera un viaje gratis a Phoenix. Ella se retractó de todo su testimonio. Ahora dice que nunca escuchó a Lincoln y a Deidre discutir ni siquiera una vez. —Brian pasó por la oficina hoy. Es... —Se volvió para pasar una mano por la Cobra—, interesante. —Lo he oído describir como algo mucho peor. Soltó una risita, mirando por encima del hombro mientras tomaba un sorbo de su cerveza. —Por cierto, no te consideraba una persona de gatos. Miró alrededor del garaje y encontró a la gata acurrucada bajo un neumático, la recogió. —Quiero a mi Bella. Janeth se echó a reír. —Ojalá tuviera mi cámara ahora mismo. —¿Qué? —Puso al gato en sus pies con suavidad—. ¿Tienes algún problema con mi gato? Todavía riendo, sacudió la cabeza. —Oh, Dios mío. Pasó una mano por el maletero del Shelby Cobra. —Este es mi favorito. Los reconstruí todos yo mismo. El Mustang lo compré en el instituto y lo reconstruí en mi tiempo libre. Los otros dos fueron proyectos posteriores. —¿Pero tú mismo hiciste todo el trabajo? —Con la ayuda de un par de amigos. Como Rich y su hermano Randall. —Son absolutamente hermosas. —Gracias. Tomó otro sorbo de su cerveza. —Supongo que debería llamar a un servicio de coches, y dirigirme a casa. —¿Tu coche sigue sin funcionar? —No, pero aunque lo hubiera sido, no estaba en casa cuando recibí la llamada de Richard. —¿Estabas en una cita? Ella resopló una carcajada y entró en la casa. —No. La siguió al interior y sacó dos cervezas mientras ella se dejaba caer en el sofá para terminar la primera. —Ya es medianoche, por qué no te quedas aquí esta noche. Hay una habitación de invitados al lado de mis madres. De todos modos, ella no quería irse. —De acuerdo. —Puedo encontrar algo para que duermas. Ella negó con la cabeza. —He traído una bolsa. —Agitando una mano por la habitación, preguntó—: ¿Por qué tienes todo esto separado de tu madre? —Para que ella pueda tener su propio espacio —respondió—. A veces viene con sus amigos y no quiero que tengan que lidiar conmigo y mis cosas en su camino. —Tu madre habla muy bien de ti. —Es una buena mujer. —Puedo ver eso. Una mujer con un hijo muy devoto. —Se acurrucó en un extremo del sofá. Bella saltó a su regazo—. Me sorprendieron mucho algunas de las cosas que me contó. —No creas todo lo que dice. Janeth se rió. —Dijo que eras un hijo muy cariñoso y que la llevaste de crucero con los primeros diez mil que ganaste. Se encogió de hombros. —Se lo merecía. Créeme, trabajó mucho para criarme ella sola. —Se sentó de lado en el otro lado del sofá. Al ver la tinta en su antebrazo, mientras se subía las mangas, ella se acercó. —¿Qué es esto? Giró el brazo hacia ella para mostrar un tatuaje que representaba una flor de lis con un águila volando detrás. Se encogió de hombros. —Restos de mi juventud. —¿Cuál es el significado? Dudó. —¿Qué? ¿Es algo malo? —No. —¿Entonces qué es? Suspiró. —La flor de lis es el símbolo de los Boy Scouts. Estudió el tatuaje azul. —Entonces, el águila significa, ¿Águila Scout? Asintió con la cabeza. —¿Eres un Eagle Scout? Volvió a asentir con la cabeza. No pudo evitar reírse mientras se recostaba contra la esquina del sofá. —¿Así que una vez fuiste un niño bueno? Se rió. —Yo no iría tan lejos. —¡Prepárate! —Exactamente. —¿Y siempre está preparado, Sr. Wolf? —Le observó mientras daba otro largo trago para terminar su cerveza. —¿Por qué los boy scouts? —Mi madre pensó que me mantendría alejado de los problemas. —¿Lo hizo? —En su mayor parte. —¿Por eso estás dispuesto a defender a todos los chicos malos de la ciudad? ¿Porque una vez fuiste uno? —¿Por qué te molesta tanto? Te pagan muy bien por tu trabajo. Janeth dudó. —Mi padre era policía. —Finalmente respondió—. Lo mataron mientras estaba sentado en un semáforo. —¡Maldición! —Todo el asunto fue captado por una cámara, un vídeo de seguridad de un negocio cercano. El abogado de la defensa tergiversó todo y consiguió que el vídeo fuera descartado. El tipo se libró. —Así que culpas al abogado, en lugar de los defectos del sistema judicial que lo hicieron posible. Janeth negó con la cabeza. —Culpo a todos los que hicieron posible que el asesino de mi padre anduviera por las calles. —¿Dónde está ahora? —Tuvo una sobredosis tres días después de su absolución. —Eso es justicia poética, espero que haya sido doloroso. —Intenté durante mucho tiempo no alegrarme de que se fuera, pero... —Las lágrimas picaron sus ojos—. Aún así fue difícil. —¿Qué edad tenías? —Era mi décimo cumpleaños. Acababa de terminar su turno y volvía a la comisaría para venir a casa a mi fiesta de cumpleaños cuando ocurrió. —Eso es brutal. —Sí. —Mencionaste que tu cumpleaños es el próximo fin de semana. —El próximo sábado, 7 de abril. —Te oí hablar por teléfono con tu amigo el otro día, son los tres grandes, ¿eh? —Sí. Veinte años sin él. Ray se acercó y le apretó la mano. —Lo siento. Sé que no se hace más fácil con el tiempo —comento—. Parece que has perdido a alguien cercano. Se encogió de hombros. —Mucha gente lo ha hecho. —¿Quién era? —Mi hermana Kaylee. Ella tenía dos años, yo cuatro. Hubo un accidente de coche. —Vaya. —Mi padre conducía, mamá estaba en el asiento del copiloto. Kaylee y yo estábamos en la parte de atrás. Un borracho se saltó un semáforo en rojo y golpeó su puerta. Papá se lastimó, se hizo adicto a los analgésicos —hizo un gesto con la mano en señal de desestimación—, es la clásica familia que se desmorona. —Entonces, ¿tu madre te crió sola? —Desde los cinco años, sí. Mi padre estaba por aquí, pero no por allá, si eso tiene sentido. —Más o menos. —Después de los analgésicos, papá empezó a beber. Una vez se puso violento con mamá. La golpeó una vez. Ella tomó un bate de béisbol y le rompió el brazo. Lo echó a patadas. Janeth se rió. —Me la imagino haciendo eso. No parece una mujer que se deje pisar por nadie. —Perder a Kaylee la afectó mucho, pero siempre ha sido fuerte. —No lo entiendo, Ray. —¿Entender qué? —¿Por qué haces lo que haces? ¿Qué te lleva a aceptar estos casos? —Defiendo los casos que entran por la puerta. —Entiendo que todo el mundo merece una defensa, pero ¿por qué desperdiciar un buen abogado en un mal cliente? Eres bueno en lo que haces, ¿por qué aceptar clientes inútiles que sólo van a salir a infringir la ley de nuevo? No es que necesites el dinero, la mitad de ellos ni siquiera pagan tus honorarios. Terminó su cerveza, y se dirigió a la barra para cogerles otra a los dos. —¿Qué sugieres? —Creo que deberías investigar a tus clientes. Si quieres aceptar a todos los que vienen, bien, pero no vayas a por todas y utilices todos los trucos que tengas en la manga para alguien que sólo va a salir a hacerlo de nuevo. —Muy bien, entonces qué tal si a partir de ahora eliges tú los clientes. Tú conoces los puntos fuertes y débiles de los abogados del bufete, tú eliges los clientes y asignas los abogados.
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