Juro por Dios que quería correr mas, convertirme en el corre caminos y no por salvar mi vida, sino por salvar la de mi hijo, cuanto daría por ver a Max, se que habia perdido tiempo convirtiéndome en una estúpida, no se como pude dudar de mis sentimos hacia mi esposo, él era el amor de mi vida, aquí, en la china, en pequin, en el mundo enteró, no tengo perdón.
En cada paso el frío calaba hasta los huesos y el viento soplaba con fuerza, haciendo que mis dientes castañaban.
A medida que corría, sentía el peso de la desesperación en mi corazón. Cada latido resonaba en mis oídos, recordándome la urgencia de la situación. El terror se apoderaba de mí, pero no podía permitirme rendirme. Mi hijo Nicolas dependía de mí, y haría lo que fuera necesario para protegerlo y asegurarme de que estuviera a salvo.
A medida que avanzaba, el ambiente se volvía más opresivo. El lugar tenia un aire oscuro y la bruma espesa que envolvía el ambiente creaban una atmósfera agobiante. Cada paso que daba resonaba en el silencio, y el eco de mis propios pasos se mezclaba con mi agitada respiración, recordándome la urgencia de la situación.
Mis pensamientos se vieron invadidos por un torrente de emociones. La angustia y el miedo se agolpaban en mi pecho, haciéndome dudar de mis propias decisiones.
Me reprochaba por haber perdido tiempo en dudas innecesarias sobre mi matrimonio, cuando lo único que importaba en ese momento era recuperar todo lo nuestro. Sentía una tristeza profunda al recordar el tiempo perdido, una sensación de arrepentimiento que me invadía por haber descuidado la relación con mi esposo.
Sin embargo, en medio de esa oscuridad y desesperación, había una chispa de esperanza, Max vendría por mi.
Mi determinación era inquebrantable, y tenía fe en que mi amor por mi hijo me ayudaría aguantar, correría hasta el final del mundo, sin importar las dificultades o el lugar en donde me encontrara.
Este lugar parecía un pantano, el suelo era barro, mis pies descalzos se hinduan en el fango, a mis alrededores estaban unos manglares, no quería ni siquiera imaginar que tipo de animales habia en este lugar ¿sera que era una isla?
A lo lejos vi una especie de cueva, no habia otra opción, asi que corrí hacia ese lugar, Nicolás estaba helado, y mi pecho ardía.
—¡Oh Dios mio! ¿Que debía hacer? Tengo miedo, micho miedo.
—¡Mama! No llores, yo te cuidaré —dijo mi pequeño hijo inteligente,no pude contestar solo abrazarlo.
El lugar era horrible, no sabia en que momento algo me comería o mordería, no debí escapar.
—¡Maritza!—escuche que gritaban, era la voz de una mujer, al principio no pude reconocerla, pero se fue acercando y mi cuerpo vibro de emoción.
—Maritza, soy yo, Renata, Max esta buscandote, vine ayudar—grito, escuchándose cada vez mas fuerte.
No lo dude un segundo y salí de mi escondite, caminando hacia la voz, daba gracias al cielo por permitirme vivir mas, por enviar ayuda para mi pequeño hijo.
—Renata estoy aquí—dije mientras levantaba la mano, ella se acerco com otros hombres, pero algo se instaló en mi estomago, la cara de sus acompañantes no me resultaba familiar y si estaba con Max se supone que tendría que venir con su equipo, ese que conocí en la mansion.
Intente volver a huir pero ella fue mas rápida que yo y me tomo del cabello.
—No, no, no vas a escapar otra vez pedazo de zorra—grito como loca, su aspecto era tenebroso, definitivamente no era la mujer que habia conocido.
—Por favor si vas a matarme que Nicolás no lo vea—suplique dándome por vencida
—No necesitó que me des ordenes—bufo mientras tiraba mas fuerte de mi cabello—Pero te complaceré.
Uno de los hombres se acerco a mi, llevándose a Nicolás con él. Sentí un nudo en mi estómago mientras veía cómo se alejaban juntos. Mi corazón latía aceleradamente, una mezcla de terror y desesperación invadiéndome. Sabía que estaba en peligro, pero lo que más me dolía era imaginar la angustia en los ojos de Nicolás si presenciaba mi muerte.
Las lágrimas brotaron de mis ojos mientras suplicaba por mi vida. Pero mis súplicas cayeron en oídos sordos. La mujer que frente a mí parecía disfrutar de mi sufrimiento, de mi debilidad, alguien que considere mi hermana, con quien llore tantas veces en su hombro. Sus ojos reflejaban un sadismo que me paralizaba de miedo. Su mano apretaba con fuerza mi cabello, causándome un dolor punzante.
Me sentía impotente y vulnerable. Mis pensamientos se volvieron confusos mientras el miedo se adueñaba de mi cuerpo, paralizando cada parte de mí. Deseaba desesperadamente que alguien viniera en mi ayuda, que alguien escuchara mi súplica y me salvara de esta pesadilla.
—¿Porque estas haciendo esto?—pregunte con un hilo de voz.
Mis esperanzas se desvanecieron cuando vi cómo se llevaban a Nicolás. El dolor se intensificó y mis lágrimas se hicieron más persistentes. ¿Cómo podría vivir mi hijo con la pelicula de mi muerte? ¿Cómo podría soportar que mi hijo al que tanto amo tenga que cargar con ese trauma para siempre?
Me di por vencida. Ya no tenía fuerzas para luchar. No me quedaba más opción que aceptar mi destino. Aunque doliera en lo más profundo de mi ser, rogué que Nicolás no presenciara el desenlace de esta tragedia.
La incertidumbre y el miedo se apoderaron de mí mientras esperaba el fatal desenlace. Mi corazón se encogía, esperando el momento.
—Todo es tu culpa —grito como loca—Tu llegaste a dañar mis planes, yo quería ser una Duncan.
—Renata eras una Duncan, estabas casada con Marcelino, esto es solo un apellido, tu tienes posición y poder.
—Yo quería a Max, Marcelino me importaba muy poco, intente sabotear su relación, maneje a Gabriela a mi antojo, pero no me quedo de otra que quitarle su marido y matar a su hijo.
—¿De que hablas?—pregunte curiosa.
—Gabriela era esposa de Dimitri y yo se lo quite, me gusta el control que me da, ambos matamos a Marcelino, he hicimos el amor arriba de su cuerpo due maravilloso.
Mi ojos se abrieron como platos, todo era tan confuso, algo mas estaba ocultando.
—No creo que esa sea toda la histotia.
—Como siempre dándotela de listilla—comentó mientras soltó mi cabello y disparo en mi pierna, silve de dolor, esta mujer me mataría y ya no habia nada que hacer.