**ALEXANDER** Pensé en Alondra, en su mirada, en su risa, en las horas que habíamos compartido en secreto. En cómo cada encuentro clandestino era como un refugio en medio de la tormenta. Ella era mi escape y mi condena, mi deseo más profundo y mi miedo más grande. Sabía que ese amor prohibido podría destruirme si salía a la luz, pero también sabía que era la única verdad que podía sentir en ese momento. —Hermano, los años pasan y cada día nos hacemos más viejos. Es un momento en el que pienses en una familia. Victoria puede darte esa familia. Elsa, con su figura agraciada y su voz calmada, seguía hablando, pero para mí ya no existían las palabras. Solo quedaban las emociones turbulentas, el anhelo y la confusión que me desgarraban desde dentro. La vida me había puesto en un laberinto

