**ALEXANDER** Elsa se quedó en silencio, procesando aquello. Sus ojos brillaban con una mezcla de comprensión y algo más inefable. Luego sonrió, una sonrisa suave, casi nostálgica, como si recordara algo que había quedado atrás, algo que todavía no podía explicar del todo. —Alexander… —susurró entonces—, nunca te había oído hablar de esa manera. Lo veo en tus ojos, en la forma en que te retienes, en la manera en que la palabra amor parece desafiarte. Pero si ella te hace feliz… si en verdad sientes que esto te llena… tráela a casa para que la conozcamos. Quiero verla, aunque sea solo para entender un poquito más de ese mundo que te habita. Su voz tenía una ternura que suavizaba el ambiente, pero también un aviso silencioso, una advertencia de que algo en ese asunto no encajaba del todo,

