**ALEXANDER** Mi hermana se llevó lentamente una mano al pecho, como si tratara de calmar el tumulto de sentimientos que la asaltaban— miedo, incredulidad, desesperación—, y mi cuñado, en su lugar, se dejó caer en la silla, como si un peso insoportable hubiera caído sobre sus hombros. Biby bajó la cabeza, con los ojos en el suelo, incapaz de sostener el peso de la revelación, mientras las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas en silencio, sin un sonido que las acompañara, solo el eco de lo que ya no podía negar. Alondra, sin embargo, no mostró sorpresa ni temor. Al contrario, su mirada, profunda y tranquila, se cruzó con la mía y la de todos los presentes. Fue un instante breve, pero lleno de significado. Ella me miró, y en ese espacio de silencio, transmitió una gratitud que no n

