**ALEXANDER** Los minutos se estiraban, tensos y cargados de anticipación. El comedor, con sus platos intactos y silencios afilados, parecía una sala de interrogatorio. Cada silencio era opresivo, cada respiración, una explosión contenida. No necesitaba palabras: la ansiedad en mi pecho lo decía todo. Quería que Biby hablara, que dejara de esconderse y revelara la verdad que la atormentaba. La observé sin pestañear, con una mirada dura, pero llena de necesidad, no de crueldad. Era una demanda silenciosa, una urgencia que no podía ignorar. En ese momento, sentía cómo el caos se acercaba, casi tangible, amenazando con desatarse si no lograba que Biby rompiera el silencio. Sus padres estaban al borde del colapso, su madre apretando los labios como si contuviera un grito, esa tensión en su r

