CAPÍTULO 43: No te dejes nada

967 Palabras
Isabel Duke me mira desde arriba y siento que mi cuerpo se calienta. Incluso convaleciente, este hombre de ojos rasgados y facciones duras, impone muchísimo. —Vete de aquí—repite y mira hacía un lado—, solo estás un poco cachonda. Me encargaré de tí mañana. Te dije que me iba a encargar de tus orgasmos pero hoy no es buen momento. ¿Por qué quiere que me vaya? ¿Por qué intenta alejarse de mí…? —Quiero agradecerte de esta manera…—me ruborizo a pesar de que no quiero parecer inocente. Abre la boca para decirme algo pero se queda callado. No le gusto, ¿es eso? Soy poca cosa y encima llevo un pijama feísimo. Justo cuando empiezo a dudar de lo que estoy haciendo, suelta un gruñido bajo y murmura algo. —Si no te vas ahora, voy a atragantarte con mi p*lla y, créeme cuando te digo que no voy a ser nada amable… ‘DIOS, déjame tener esto. Por favor.’ Un calor me estalla en el vientre bajo y aprieto los muslos, incapaz de disimular lo que me provoca. Sus palabras no me asustan… al contrario, me encienden. ¿Estoy perdiendo la razón? Su mirada se detiene en mis labios y, en el fondo de sus ojos, brilla un destello de deseo. Después, fija su mirada en la mía y se lleva la mano— la que no tiene vendada—a su entrepierna y comienza a frotarse con descaro por encima del pantalón. Unos segundos después se baja el pantalón de deporte lo justo para liberarse la entrepierna que sale disparada hacia arriba. La agarra de nuevo sin apartar la mirada de mí y sigue tocándose. En vez de hacer lo que espera —levantarme y largarme—, me relamo lentamente los labios. Su reacción me divierte: los suyos se tensan con fuerza, en una mueca de enfado. Se acerca despacio, y cuando coloca su p*lla frente a mi rostro, noto su tamaño y entiendo sus palabras. Es grande, y trago saliva con un deseo contenido, aguardando lo que ocurrirá a continuación. En este punto los segundos me parecen horas. —Abre la boca, nena—ordena. Abro la boca y saco la lengua para recibirlo. No me pasa desapercibido cuando Duke entrecierra los ojos, desvía la mirada hacia un lado y murmura una palabrota. ¿Le gusta o no? Me envalentono; a estas alturas no quiero que se eche atrás, así que deslizo mi lengua hasta la punta de su m*****o saboreandolo. El contiene un gemido y me mira serio. Si, creo le gusta. Agarra mi cabello en un puño y tira de él hacía delante e introduce su m*****o, obligándome a abrir la boca más de lo que puedo soportar, y un sonido sucio y húmedo se escapa de mis labios. Mi excitación se incrementa cuando empieza a entrar y salir de mi boca con movimientos firmes de sus caderas. Duro. —¿Esto es lo que quieres? Gimo contra su m*****o mientras mis bragas se humedecen cada vez más. Muevo la lengua sincronizada con sus movimientos, usando mi boca como él desea para intensificar su placer. Sé que funciona: gime, le cuesta mantener los ojos abiertos y su cuerpo está completamente tenso. Me embiste con tanta fuerza que pierdo el equilibrio a pesar de estar de rodillas y coloco mis manos sobre sus muslos para mantenerme firme. —Sí, nena. Sí…j*der…—lo veo estremecerse de placer; esa imagen me eleva el ego y, sonrió a pesar de tener su po*lla en mi boca. Él lo nota y, en ese momento, me embiste tan fuerte que su m*****o está completamente dentro de la boca, y sus bolas golpean mi barbilla. La mantiene así mucho tiempo y la garganta arde. Mis ojos se humedecen por el esfuerzo y me da una arcada— su m*****o ha dado con ese punto—, pero aguanto. La saca y la vuelve a meter duramente mientras que gime muy bajo. Gime varias veces mientras que se muerde el labio inferior. Noto cómo su p*ne se hincha, y sé que no le queda mucho, menos mal, porque no mentía cuando dijo que no iba a ser amable. Aun así, debo aguantar y devolverle lo de aquella noche; quiero verlo llegar al clímax. Verlo más humano, sintiendo… Tengo que acariciarme el clítoris porque mi deseo está en el límite también. Poco después me regala unas embestidas finales, rápidas y desesperadas, al tiempo que se toca con la mano. Me tira del pelo y su cuerpo se tensa a la vez que un líquido caliente se libera en mi boca poco a poco mientras que suelta un jadeo entrecortado. La saca de mi boca a la vez que se masturba ligeramente en las últimas oleadas de placer y deja que su semilla caiga por mi frente y mejilla obligándome a cerrar un ojo. Verlo así…desaliñado, tan masculino y dejándose llevar por el placer es algo demasiado bueno para mí ego. Me sujeta del mentón, levantando mi rostro, y con un dedo arrastra un poco de su semilla en mi mejilla para introducirlo en mi boca. —No dejes nada. Ah…no debería de gustarme esto… Por un segundo estoy tentada a pedirle que me alivie pero me contengo; sería darle justo lo que quiere, la réplica perfecta que ya guarda en los labios. Así que, después de unos instantes de silencio en los que nuestras miradas se retan, me pongo en pie y aliso mi ropa con la poca dignidad que me queda, y me preparo para irme —me limpio la cara. Él levanta una ceja, desconcertado de que oculte mi excitación. Yo finjo calma y digo con sorna: —Buenas noches. Seguramente hoy dormirás como un bebé. Y me marcho.
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