POV NARRADOR El silencio en el salón de la mansión Vance era tan denso que parecía tener masa física, una entidad opresiva que asfixiaba el espíritu de la Navidad. Los técnicos de la policía, con sus auriculares puestos y rostros serios, levantaron tres dedos: tres minutos era lo que necesitaban para triangular la señal con precisión. Shane sostenía el teléfono en modo altavoz; su mano era una roca de tendones tensos, pero sus ojos eran dos hogueras de furia contenida que amenazaban con consumir a cualquiera que se cruzara en su camino. —¿Diga? —repitió Shane. Su voz no era humana; era un muro de acero, la frecuencia exacta de un hombre que ha dejado de temer a la muerte para convertirse en ella. —¿Shane Vance? —La voz al otro lado estaba distorsionada digitalmente, un zumbido metáli

