Sullivan
Estaba de pie mirando por la ventana, a pesar de no ser un edificio tan alto, como los grandes rascacielos de Manhattan, tenía una vista espectacular, era un edifico estratégicamente erguido en el centro de la gran manzana, rodeado por todos los grandes íconos del poder económico del país más poderoso del mundo.
La vista del crepúsculo era digna de una postal, los colores morados y naranjas en el cielo, era, tan solo una franja en el poniente, había pasado una deliciosa tarde, descansando y tomando un baño en un exquisito jacuzzi, me sorprendí cuando el mayordomo, me llevó un nuevo vestido y ropa interior a juego, Mihai, sí que sabía ser espléndido, la ropa y zapatos eran de las mejores marcas, y, sobre todo, no olvidaba incluir alguna costosa joya.
Estaba tan absorta en mis pensamientos, que no escuché el ascensor, y tampoco lo sentí llegar, mi cuerpo respingó al sentir la fría mano hurgando debajo del vestido, metiéndose por dentro de las bragas y acariciando mi trasero, sus labios comenzaron a deslizarse por mis hombros y mi piel se erizó, de ganas y de frio.
—Hola—susurré bajito abandonándome a la sensación de sentir su dedo sumergirse en mi entrada posterior, nunca antes había permitido que me follaran por ahí, pero él, no me pidió permiso, la noche anterior había estrenado mi virginal cavidad y debo reconocer que, aunque un principio fue bastante doloroso, él se encargó de convertirlo en placer y compensó con orgasmos cada milésima de dolor.
—¿Descansaste? Espero que hayas disfrutado tu estancia en mi casa.
—Mmm, me encantó, tu mayordomo es muy servicial, y la comida estuvo deliciosa, pero me hubiera gustado más disfrutar de tu presencia.
—Preciosa, estabas exhausta, créeme, que no estarías de pie en este momento si me hubiera quedado, pero he venido a compensarte mi ausencia.
—¿Estás lista para otra noche de placer intenso?
—¿Esta vez sí me dejarás tocarte?
—Digamos que hoy voy a darte una mayor libertad.
Me tomó de la mano me llevó hasta un sillón tántrico, me quitó la ropa dejándome sólo los tacones, y nuevamente, rompió las bragas, no me explico para qué comprarlas, si ni siquiera me las miró, en cuanto me tuvo desnuda, me recostó sobre el potro con el abdomen en la parte más alta, me colocó las piernas a cada lado del sillón y las ató con suaves cordones de piel aterciopelada, mis manos las ató con unas esposas al frente, las cadenas colgaban cómodamente, no estaban rígidas y no me lastimaban, podía levantar el torso y muy pronto entendí cuál era el objetivo de aquélla posición.
Gemí cuando sentí su lengua helada invadir mi sexo, esa sensación de su lengua recorriendo la línea entre mis glúteos, para culminar con intensas lamidas desde mi clítoris hasta mi v****a, era verdaderamente intensa y maravillosa, nunca antes un hombre me había hecho algo así, en pocos minutos logró que me corriera una y otra vez, comprendí que las cadenas eran para que me sujetara de ellas y así pudiera soportar mejor la intensidad de esa explosión de placer, pude sentir como mis fluidos corrían por entre mis pliegues, luego se dio la vuelta y se sentó a horcajadas sobre el potro, dejando su m*****o erecto frente a mi rostro, yo sabía exactamente qué era lo que quería y yo por supuesto, moría por dárselo, introdujo su hombría en mi boca y lo sentí hasta la garganta, que extraña se sentía su piel, suave, lisa y fría, como la de una serpiente, no sé cuánto tiempo estuvo follando mi boca, pero no logré arrancarle un orgasmo, no pude probar su semen, se puso de pie y dio la vuelta, grité cuando su duro falo se introdujo hasta el fondo de mis entrañas, era una sensación diferente, pero muy placentera, entraba y salía alternando una y otra vez entre mis dos orificios corporales y yo iba de un orgasmo a otro, hasta que no pude más y me desmayé.
Mihai
Suspiré profundamente cuando Sullivan cayó desmayada de placer, había llegado mi momento, a diferencia de los mortales, mi cuerpo disfrutaba del placer s****l, podía hacerlo durante toda la noche, pero mi clímax llegaba, cuando sentía la sangre caliente deslizarse por mi garganta, hundí mis caninos en su arteria femoral, y bebí.
—¡Aaahgg, Sullivan, exclamé al descargar mi inútil semilla mientras la sangre se deslizaba por mi garganta, tomé la suficiente para mantenerme vivo, no era necesario matarla, ella se recuperaría en unos días, era lo mismo que donar sangre a un hospital.
Relamí mis labios y saboreé hasta la última gota, la desaté y la recosté en la cama, la vestí y saqué las bragas que había guardado en su bolso, la limpié suavemente, era para mí un verdadero ritual, cuando estuvo totalmente vestida, la tomé en mis brazos y la llevé hasta la limusina, cuando estuvo cómodamente sentada, la desperté.
—¿Qué paso? ¿A dónde vamos?
—Es hora de que te vayas a casa, mi chofer va a llevarte a donde tú le digas.
—¿Por qué? Pensé que me llevarías hasta mañana.
—Lo siento, preciosa, pero tu cuerpo no soportaría una noche más conmigo, debes irte ahora, ¡Mírame! —Necesitaba que sus ojos me miraran fijamente —Vas a olvidar mi rostro y mi nombre, puedes quedarte con el recuerdo placentero del sexo, pero no recordarás al hombre que te hizo disfrutar, pensarás que fue un sueño, ahora dile al chofer a dónde quieres que te lleve.
—A los dormitorios estudiantiles de la universidad de Columbia por favor.
Subí a mis aposentos, faltaba una hora para el amanecer, pero disfrutaba quedarme de pie en la ventana mirando hacia el oriente, fui cerrando las cortinas lentamente, para disfrutar la salida del sol, aunque fuera solo unos minutos.
Era hora de retirarme, si bien yo no necesitaba dormir, lo hacía para tratar de que el tiempo para más rápido, si lograba un grado de inconciencia durante el día, menos larga era la espera de la noche.
Lyon
Entré en el hospital para interrogar a otra de las víctimas del depredador, pero ya los médicos me habían advertido que padecía de amnesia, igual que Alice, ella no recordaba dónde había estado los días que había desaparecido, y tampoco recordaba con quién había estado.
—Los médicos que te revisaron dicen que al parecer tuviste sexo, pero no encontraron rastros de semen en tu cuerpo, ¿Recuerdas si fue consensuado? ¿Tienes novio? Quizá saliste con él y él pueda confirmarlo.
—No tengo novio, el último que tuve fue hace más de tres meses, no lo he visto desde entonces, y ahora que lo menciona, si, recuerdo vagamente que me arreglé para salir con alguien, dios, recuerdo que hicimos el amor durante horas, pero no recuerdo su cara ni su nombre, ¡Es horrible! ¿Por qué no puedo recordar?
La chica comenzó a llorar de frustración, y yo apreté los dientes, esa amnesia no ayudaba en nada a mi investigación, y Katrina tenía razón, al parecer, el depredador, había encontrado la forma de borrarles la memoria a sus víctimas.
Salí del hospital totalmente frustrado, no había conseguido nada, absolutamente nada útil, llamé a el hospital del sur, para saber si la tercera víctima había despertado, pero me informaron que lamentablemente había fallecido, su cuerpo rechazó las transfusiones sanguíneas y no lograron salvarle la vida.
—¡Carajo! —Grité, era verdaderamente frustrante,
Faltaban veinte minutos para las ocho, llamé a Katrina, esa mujer, se me había metido entre ceja y ceja, su belleza, era totalmente diferente, era inteligente, divertida, y el sabor de sus labios me había vuelto loco, no dejaba de pensar en ella y moría por tenerla en mi cama, sobre todo, porque estaba absolutamente seguro, de que era virgen.
—Preciosa, me dijiste que salías a las ocho de trabajar ¿Paso por ti? Dime dónde estás.
—Estoy en el corporativo Laurențiu, te queda bastante lejos, no te preocupes, tomaré el subterráneo.
—Espérame unos minutos, no tardo.
Encendí la torreta para pasarme algunos altos, y llegué tan rápido como pude, ella ya me esperaba en la acera, afuera del edificio.
—¡Sube!
—¡Hola!
—¿Así tan fría? ¿No me regalas un beso? —Ella sonreía, pero sus mejillas seguían completamente blancas sin nada de rubor.
Comencé a conducir cuando recibí una llamada para que me presentara en el hospital de Saint Joseph, había una nueva víctima.
Katrina pegó un grito al escuchar el nombre
«Se trata de mujer afroamericana, veinte años, su nombre es Sullivan Johnson, presenta los mismos signos que las víctimas del depredador»