Katrina
El domingo me levanté muy temprano y decidí ir a visitar a Alice, pero me encontré con la sorpresa, de que la habían dado de alta, y no tenía su dirección, ni su teléfono, así que debía esperar a que volviera a la universidad para verla.
Tenía el día libre, así que aproveché y fui a dar un paseo, saqué de mi bolso una pequeña sombrilla que mi madre hizo para mí hace muchos años, tenía un mango retráctil de madera y estaba hecha de fino encaje color marfil, era al estilo de las damas de la antigüedad, a mí me parecía muy bonito, y me ayudaba mucho a protegerme del sol, solo así podía darme el lujo de caminar por Central Park, me encantaba sentir la brisa fresca y observar los pájaros, me parecía divertido ver cómo me miraban algunas personas, ya que mi sombrilla, era bastante peculiar.
Después de caminar un rato, encontré un árbol con una sombra maravillosa, así que me senté en el césped para disfrutar el paisaje, los niños corriendo, los jóvenes en bicicleta, algunos ancianos jugando ajedrez y una mujer alimentando las palomas junto al lago.
Respiré profundamente y saqué un libro para leer, era, mi actividad favorita de domingo, no necesitaba nada más.
—“El tapiz del vampiro de la autora Suzy McKee” ¿No crees que te has tomado muy enserio tu teoría del vampiro en Manhattan?
La sexy voz de ese hombre me hizo levantar la mirada, e interrumpir mi lectura.
—¡Detective! No esperaba verlo por aquí, se ve muy bien sin uniforme.
—Eso es lo que dicen, pero a veces no sé si creerlo, porque pueden pensar que soy un vanidoso, suelo venir a correr o a andar en bicicleta, al menos los domingos, ya que es mí único día libre, aunque el trabajo en sí, no se termina, y suelen llamarme cualquier día, a cualquier hora, ¿Me puedo sentar?
—¡Claro por supuesto! Adelante.
—Espero no interrumpir, tal vez estás esperando a alguien.
—En realidad, no lo esperaba, pero justamente, estaba pensando en usted, esta mañana fui a visitar a Alice al hospital, y me dijeron que la habían dado de alta, ¿Sabe su dirección? No sé dónde buscarla.
—¿Te parece si empiezas por tutearme? No creo ser tan viejo, para que me hables de usted y hoy no traigo el disfraz de señor policía.
Me encantó la idea de tutearlo, era un hombre muy atractivo, era como si el universo me hubiera premiado, con ponerme enfrente, a mi amado Derek Morgan.
—No va a ser fácil, pero creo que lo puedo intentar Lyon, ¿Alice logró recordar algo?
—Nada absolutamente, ¿No se supone que son amigas? ¿Cómo es que no sabes dónde vive?
—Solo la conozco de la universidad, solíamos estudiar juntas tres veces por semana, ya que las dos tenemos los mismos tiempos libres.
—Ah, ya entiendo, entonces no son muy cercanas.
—Digamos que, apenas nos estamos conociendo.
—Supongo que tu instinto periodístico te acercó a ella.
—Supones bien.
—¿Estás ocupada? ¿Qué te parce si almorzamos y me cuentas más sobre tus locas teorías de vampiros?
—Voy a pensar que lo que quieres es invitarme a salir detective, porque no creo que mi loca teoría te haya convencido del todo.
—Bueno digamos, que… es un buen tema de conversación, yo también leí ese libro —señaló mi libro sobre el césped y además vi “La hora del espanto”
—Justamente estaba pensando en esa película, es maravillosa, el vampiro sexy, la chica hermosa, y el héroe que pretende salvarla.
—El problema es que el vampiro la hipnotiza y ella no quiere ser salvada.
—¿Qué mujer no se dejaría envolver entre los brazos de un vampiro como ese? Yo creo que Charly no entendió que Amy, no quería ser rescatada.
Guardé el libro en mi bolso y él me ofreció su mano para ayudarme a levantar, era fuerte, sus brazos tenían una musculatura perfecta, y sus ojos oscuros me miraron como nunca nadie lo había hecho, mi corazón comenzó a palpitar rápidamente y yo me puse nerviosa ante su pícara sonrisa, era obvio que se daba cuenta de lo que me hacía sentir.
Caminamos hasta una cafetería cercana, hablando del libro, de la película y demás tonterías, no quise hablarle más sobre Alice y sobre el caso del depredador, era su día libre y lo justo era que lo disfrutara.
Almorzamos emparedados y café, me sentí muy extraña cuando trajeron la cuenta y él insistió en invitarme, era la primera vez que yo no pagaba mi propia comida, o bueno, con alguien que no fuera mi hermana y su esposo.
Pasamos horas hablando, Lyon era, perfecto, el hombre ideal que yo estaba esperando conocer, y además me miraba como si le gustara, no dejaba de verme a los ojos y a los labios, quizá le llamaba la atención su intenso color rojo.
—Tu lápiz labial, es de muy buena calidad, no se despinta con la comida.
—Es que no es lápiz labial, ese es el color natural de mis labios, as algo así como una pigmentación natural.
—¡Woow que interesante! Y qué sexy.
Le sonreí y él me guiñó el ojo, — ¡Dios mío, qué hombre tan perfecto! —pensé.
Insistió en acompañarme hasta el campus, a la puerta de mi habitación, por supuesto le gradecí su gentileza y antes de entrar, me acorraló contra la pared.
—Katrina, me muero por probar tus labios, ¿Vas a dejar que me quede con las ganas?
Mi estómago se contrajo y mis manos comenzaron a sudar, ¿Cómo decirle que nunca me habían besado?
Por un momento quise salir corriendo, pero fue demasiado tarde, sus labios se posaron sobre los míos, parece que pudo leer mi mente, comenzó lentamente, saboreando mis labios y pasando la lengua sobre ellos, pidiendo permiso para entrar, instintivamente abrí la boca y su lengua traviesa entró jugueteando con la mía.
Sus manos comenzaron a volar, sobre mi cuerpo, una de ellas, tomó uno de mis glúteos y y lo apretó con fuerza.
—¿Me invitas a entrar?
—Lo siento, yo, no, no creo que sea el momento, tal vez deberíamos conocernos un poco más para dar ese paso.
—Está bien, esperaremos el tiempo que quieras, me gustas mucho, me gustaste desde que te vi en el hospital, eres, eres una mujer muy diferente a todas las que conozco.
Me volvió a besar antes de irse, y me dejó con la respiración agitada, como si acabara de correr una maratón.
Había llegado el momento, de esa primera vez tan esperada, nunca había tenido novio, siempre he sido “la rara”, no había nadie que quisiera salir conmigo, y justo ahora conocía a este sexy detective, que además de todo, era idéntico a mi amor platónico.
Entré en la habitación, Sullivan todavía no llegaba, ¡Ah, sí!, recordé que dijo que regresaba el lunes, quizá no tenía clases.
Esa noche me olvidé de todo, solo los labios y el rostro de Lyon estaban en mi mente, cerraba mis ojos y podía sentir sus besos.
Me quedé dormida y cuando desperté, casi me dio un infarto, era tardísimo, ya no me daba tiempo llegar a mi primera clase y además en la tarde tenía mi entrevista en el corporativo Laurențiu así que debía esmerarme para verme profesional, aunque únicamente me requirieran para sacar copias.
Me duché y me vestí, estrené el outfit que había comprado para mi cumpleaños, me sentía muy cómoda y me veía como toda una ejecutiva, asistí a las dos clases que me quedaban el día, el depredador, era el tema de conversación, todos los alumnos hablaban de lo mismo, y sobre todo de Alice, sentí pena por ella, cuando volviera a clases, se iba a tener que enfrentar al morbo de la gente, quizá a las burlas y ella, no estaba acostumbrada, iba a ser muy difícil para ella.
Apenas terminaron las clases, caminé hacia la salida, para llegar al corporativo Laurențiu, iba a tener que transbordar, pero no había problema el lugar, y el sueldo, bien lo ameritaban.
Cuando salí del subterráneo y crucé la calle, lo primero que vi, fue el edificio del corporativo, era un edificio no muy alto, apenas trece pisos, pero era emblemático de la ciudad, aunque era un poco lúgubre, decorado con esas grandes gárgolas.
Entré y la recepcionista, me recibió con mucha amabilidad, le dije que tenía cita para la entrevista y me dio un formulario para rellenarlo con mis datos y luego me hizo sentar en una sala de espera, todo allí era bastante lúgubre y era porque todos los vidrios estaban polarizados, parecía que, al dueño del edificio, no le gustaba la luz del sol, y eso me pareció fabuloso, porque no tendría que preocuparme.
Pasaron quince minutos y me hicieron pasar a una oficina, era el área de recursos humanos,
La gerente era una mujer mayor, de unos cincuenta años y usaba unos anteojos con mucho aumento, me explicó en qué consistían las actividades, solo se trataba de llegar al archivo, y poner en orden todo lo que los ejecutivos dejaran para mí, había una charola para pendientes y allí dejarían los documentos que debían ser fotocopiados, así que yo debía sacar las copias lo más pronto posible, para no atrasar el trabajo de los demás.
Me dijo que habían ido varias chicas, pero que yo era la que más se adaptaba al perfil buscado, y no, no era un halago, porque todo el personal que yo había visto, desde la recepción hasta las oficinas que había conocido, eran precisamente del perfil nerd y poco atractivo, cero glamour, lo que me pareció sorprendente, ya que regularmente, empresas como esa, solían elegir personal basándose en una “buena presentación”.
—¿Puedes quedarte ahora mismo a trabajar? Estamos saturados de trabajo y el señor Laurențiu es muy exigente con los tiempos y la puntualidad, tenemos una montaña de documentación para fotocopiar.
—En realidad no venía preparada para quedarme, pero no tengo ningún problema, si me permiten comer algo antes de empezar.
—Ah, no te preocupes, en la planta baja hay una cafetería para empleados, te daré un gafete y puedes pedir lo que quieras del menú, es una de las prestaciones que el señor Mihai, ofrece a sus colaboradores.
—Entonces vamos para que firmes el contrato, yo soy la Licenciada Spencer, pero me puedes llamar Donna, aquí todos somos una familia, ya verá que el ambiente laboral es muy agradable, el señor Laurențiu, se preocupa porque haya un excelente clima laboral en la empresa.
—Se ve que el señor Laurențiu, es una gran persona.
—Lo es, el corporativo, tiene el primer lugar a nivel mundial entre las mejores empresas para laborar, ya verás que no te querrás ir nunca de aquí.
—¿Y cómo es el?
—Demasiado joven para mí, e inalcanzable para ti querida, es un hombre tan perfecto, que parece tallado por los dioses, tal vez uno de estos días lo conozcas, suele bajar a su oficina en las últimas horas de labores, siempre que se le deja documentación sobre el escritorio, amanece firmada al siguiente día, y todos los miércoles en la noche, suele hacer una junta con los ejecutivos, pero nunca lo verás paseando por las oficinas, aunque si suele enterarse de todo lo que pasa, tenemos cámaras en todo el edificio.
—Es un hombre misterioso entonces.
—Demasiado, pero detallista, a todas las empleadas, les envía flores el día de su cumpleaños y les da el día pagado para pasarlo con la familia.
—Bueno basta de charla, voy a comer algo rápido y regreso para que me expliques lo que debo hacer.
—Perfecto, - me di la vuelta y caminé hacia el ascensor.
—¡Katrina!
—¿Si?
—Ese es el ascensor privado del señor Mihai, solo podemos usar el del otro lado.
—¡Ah, lo siento!
Me di la vuelta para ir hacia el otro ascensor, que desperdicio de dinero en instalar dos ascensores en un edificio tan, relativamente pequeño.
Llegué a la cafetería y el menú era bastante variado, y había cosas deliciosas, ese señor Laurențiu, comenzaba a caerme bien.
Estaba terminando de comer cuando recibí un mensaje.
Lyon Morgan «Hola preciosa, otra de las chicas despertó, iré a interrogarla, si quieres puedes venir, está en una clínica privada en la noventa y ocho, sur.»
Respiré profundamente, no podía ir, había aceptado quedarme en el trabajo, y ya no dispondría de tiempo, así que me quedaría con la curiosidad.
«Lo siento Lyon, comencé con un nuevo empleo y saldré hasta las ocho, ¿Luego me platicas?»
«Solo si mientras lo hago, acaricias mi pecho desnudo acostados en la cama»
Le contesté con una carita sonrojada, por supuesto que me encantaba la idea, pero, debía esperar a conocerlo más.