Capítulo 4

1409 Palabras
Mihai Sullivan era sin duda, un delicioso bocado, mejor de lo que me supuse, tenía una sensualidad nata y se abandonaba al placer que le provocaban mis manos, pero yo solía ser muy paciente, no me gustaba apresurarme, y mucho menos para cenar. Dejé una cuantiosa propina y tomé las bragas de encaje, las puse dentro del bolso de mi cita, no quería dejar ninguna prueba de que estuvimos allí, nadie, aparte del mesero nos había visto, salimos del bar por la parte trasera y la limusina ya nos esperaba. Sullivan iba colgada de mi brazo, se veía radiante, me gustaba disfrutar de ese brillo en los ojos femeninos, que únicamente aparece después de una relación s****l satisfactoria, ella ya había probado el placer que le podía proporcionar, mis dedos y mi lengua, así que estaba totalmente extasiada y deseosa de probar todo lo demás. Apenas subimos a la limusina, ella se montó a horcajas sobre mí, subiendo su vestido hasta la cintura, mi chofer cerró la cortina para darnos privacidad. —¿A dónde vamos? —Iremos a mi casa, allí pasaremos el fin de semana, te aseguro que lo vas a disfrutar, mucho. Sacó el móvil con la intención de enviar su ubicación en tiempo real a alguien, pero se lo quité de las manos y lo apagué, lo coloqué en su bolso, no me convenía que compartiera mi dirección, con nadie. Comencé a besar su cuello y a bajar lentamente por sus hombros, su piel erizada al sentir el frio de mi lengua me excitaba mucho más, y el sonido de su torrente sanguíneo junto con su olor, incrementaba mi sed de sangre. Comencé a succionar sus pezones alternando entre uno y otro, la oscura piel de sus aureolas comenzó a tornarse de un tono rosado por la fricción de mis dientes, era una verdadera delicia. Deseaba con locura arrancar ese pequeño botón y succionar la sangre caliente para satisfacer la sed que me embargaba, sin embargo, tenía que contenerme, debía ser discreto porque hacer eso, convertiría nuestra cita de placer, en una cita de terror. Me concentré en hacerla disfrutar el placer de estar con alguien como yo. Dejé que una de mis manos se deslizara hasta el centro de su cuerpo y estimule su pequeño botón mientras mi otra mano hurgaba en su entrada posterior, me di cuenta que al menos esa entrada todavía era virgen, el dolor que sintió al sentir la invasión de mi dedo medio, me confirmó con un grito mi teoría, y yo la compensé regalándole un nuevo orgasmo para convertirlo en un grito de placer. Se dejó caer sobre mi cuerpo hundiendo su rostro en mi pecho. —Vamos nena, no me digas que ya te cansaste, esto apenas comienza. —¡Ah, Mihai! cómo es posible que tus manos frías como el hielo, provoquen en mí sensaciones tan calientes, ¿Por qué tienes las manos y la lengua tan frías? —Digamos que la causa, podría ser el síndrome de Raynaud, un trastorno circulatorio que provoca que las manos o los pies estén exageradamente fríos. —Es extraño, nunca antes escuché hablar de ese síndrome. —Hay muchas cosas en el mundo, que son desconocidas, y eso no quiere decir que no existen. Llegamos al edificio Laurențiu, la tomé por la cintura y sentí un respingo por el frio, la guie hasta mi ascensor privado y cuando entramos en la gran caja de metal, ella se miró al espejo, y sacó de su bolso un lápiz labial para retocar su maquillaje y alisó su vestido, cuando se percató de que no podía mirarme en el reflejo del espejo, abrió la boca para expresar su desconcierto, entonces la besé, mis labios se apoderaron de los suyos, y el dulce sabor que emana de mi boca, la embriagó haciéndola perder la consciencia y solo desear tener más y más de mí, por lo que se olvidó completamente del asunto del reflejo. Mandé a construir un piso especial para alojar a mis invitadas, me gusta que se sientan cómodas y que no invadan mi privacidad a la hora de dormir, una gran cama redonda con sábanas de seda rojas, unos grandes ventanales y una esplendorosa vista de la ciudad. Sullivan se sorprendió ante la belleza y opulencia del apartamento, hecho especialmente para dar y recibir placer. De un tirón arranqué su vestido, dejándola totalmente desnuda ante mí, sus hermosas y estilizadas piernas eran obras de arte sobre esos zapatos de tacón. Me acerqué a ella y comenzó a temblar, sus ojos no podían dejar de mirarme cuando me quité el saco y comencé desabotonar mi camisa, hasta ese momento ella solo conocía mi rostro y mis manos, su boca se abrió en señal de asombro cuando vio mi torso desnudo, cual fino mármol tallado por el más diestro escultor, no había mejor manera de describir mi blanco, duro y frío cuerpo, que comparándolo con una inerte y fría estatua de mármol. Caminé hacia ella y la arrojé con fuerza a la cama, yo no me caracterizo especialmente por mi ternura, presioné un botón y un mecanismo bajó del techo, Sullivan me miró con miedo, no sabía lo que le esperaba. —No te preocupes hermosa, no suelo disfrutar golpeando a mis presas, solo voy a evitar que te muevas y te aseguro que lo vas a disfrutar. Até sus manos y tobillos con cadenas, dejándola totalmente abierta y expuesta para mí, podía escuchar su respiración agitada, su corazón bombeando el preciado líquido rojo tan rápido por la excitación podía ver el movimiento de su centro al contraer sus músculos vaginales deseosos de placer. Caminé por alrededor de la cama, observándola, su piel oscura parecía de terciopelo, me despojé del resto de mi ropa y ella relamió sus labios al verme totalmente desnudo, mi m*****o erecto era como un gran falo  de piedra, duro y frio. Me arrodillé sobre la cama y con el control remoto, hice que las cadenas la elevaran a la altura de mi pelvis, gritó por el dolor que le causaron las cadenas al estirar sus extremidades, y coloqué una almohada debajo de su espalda para que estuviera cómoda. Hundí mi lengua en su interior y en unos minutos le arranqué un orgasmo, ella intentaba cerrar las piernas y las cadenas se lo impedían, haciendo que la sensación fuera más intensa. Ella estaba absolutamente mojada, sus fluidos escurrían deliciosamente, entonces la penetré con fuerza hundiendo el duro falo hasta el fondo. —¡Aaahgg! ¡Mihai! —Gritó al sentir la dureza y la frialdad de mi m*****o y sus gemidos inundaron la habitación, una vez que su cuerpo se acostumbró a sentirme, pedía más y más, lo repetimos durante largas horas, hasta que su cuerpo ya no resistió y se desvaneció. La hora de la cena había llegado, mis caninos retráctiles se hundieron en su ingle, alcanzando su arteria femoral, su sangre era exquisita, su delicioso sabor ocre, dulce y amargo, solo tomé un sorbo, no quería matarla, tenía todo el fin de semana para disfrutar de ella. Le quité las cadenas y la cubrí con la sábana, pronto iba a amanecer, y yo, debía retirarme a mis habitaciones, a mi oscuridad […] Sullivan Abrí los ojos y la luz del sol me deslumbró, por la posición del sol, debía pasar de las tres de la tarde, nunca había dormido tanto, mi cuerpo estaba muy adolorido, la noche había estado espectacular, no sé de qué estaba hecho Mihai, parecía de piedra, de mármol para ser exacto, me hizo convulsionar una y otra vez durante toda la noche, él parecía no cansarse nunca, yo me sentía un poco débil, pero deseosa de repetir, lo busqué por toda la extraña habitación, pero no lo encontré, me puse una bata de seda que encontré sobre la cama. Alguien tocó a la puerta, pensé que era Mihai, pero era un hombre mayor, vestido como mayordomo. —Buena tarde señorita Sullivan, le traje el almuerzo y nota del señor Laurențiu. —Apenas dijo eso y se retiró, no me dejó preguntar nada más, y no lograba encontrar mi bolso, no recordaba dónde lo había dejado. «Tuve que salir, relájate, almuerza y date un baño de tina, recupera tu fuerza para esta noche, volveré, apenas se oculte el sol» Mi diosa interior sonrió, que hombre tan considerado, definitivamente, no podía esperar a que llegara la noche […]
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