El auto lo he estacionado cerca del jardín, no fue necesario caminar mucho para entrar a casa de mis padres.
—Es una enorme casa —suelta un fuerte suspiro—, linda, ya me había imaginado que tu casa sería así, hmmm… Mansión—su indiferencia me llama mucho la atención.
—¿Solo eso dirás?
Es que me he quedado sorprendido, no esperaba una respuesta así, puede que sea masoquista, pero es que esperaba que ella se deslumbrara.
—Pretendes que todo lo que tienes harán que caiga a tus pies, pufff… No te creas que eres el único que tienes dinero —bufa, desvía su mirada y yo me detengo en seco.
—Eso quiere decir…
¡Increíble! Eso me dice que a esta chica no le falta nada, y por eso le vale el mundo entero.
—No quiere decir nada, y mejor terminemos de entrar porque hay muchas posibilidades que me arrepienta.
Waooo… Me he quedado sin palabras, es que esperaba que fuese como las demás chicas, específicamente como Mía. Sí, Mía tiene todo lo que quiere y a pesar de ello quiere más y más, pero ella no, no le interesa mi vida y menos todo lo que tengo.
—Oh, me puedes esperar aquí, es que se me ha quedado algo en el auto —miento, quiero llamar a uno de los chicos y contarles lo que me está pasando con la rubia—, no demoraré mucho.
—No hay problema, puedes tomarte todo tu tiempo —y su indiferencia aumenta, ¿Qué puedo hacer para llamar su atención?
La dejo en la entrada de la casa y me voy corriendo hacia el auto, con un poco de disimulo saco mi móvil. Deslizo la pantalla y marco el número de Joel, en el segundo repique contesta y me pregunta cómo me va con la cita y yo le contesto que todo va en el camino de la mierda porque no puedo impresionarla con nada, ya que al parecer la chica viene del mismo estilo de vida que el mío.
—Y que es lo que quiere saber… Oh, espera, quieres saber por qué ella no está interesada en ti o porque no se derrite ante tu presencia.
—Maldito.
—Ya deja el drama y mejor aprovecha el tiempo que estas con ella, ah, otra cosa, ¡deja de comportarte como un imbécil porque lo que estás buscando es que ella te deteste más y más!
Cuelgo la llamada, este imbécil me trata como un chico despreciable y no lo soy. Me doy vuelta y nuevamente retomo mi camino, mis ojos se abren de golpe al ver que ella no está ahí.
¡No puede ser! Se abra ido, volteo a ver a los lados y lo único que debo hacer es entrar y preguntar si han visto a una rubia.
Llegando a la sala puedo ver que mis padres están afanados conversando con la chica que no rompe ni un plato.
—Buenas para todos —alzo la voz para llamar la atención de la familia feliz.
Mi madre nota mi presencia, sale corriendo tras mis brazos y mi padre le sigue el paso, mientras que yo puedo observar que la rubia se queda quieta, sin verme a los ojos. Le susurro a mi madre que no podré quedarme a su reunión, ya que la chica que esta cómodamente sentada tiene que hacer un par de cosas y la tengo que llevar.
—A su dormitorio, sí, ya nos ha contado y no te preocupes por eso porque Izi nos ha dado la oportunidad de conocerla, hijo, ¿sabes que ella viene de Rusia?
¡Impresionante! Ella se ha abierto con mis padres, sin embargo, conmigo es todo lo contrario.
—No hay prisa Edmon —mi mirada va hacia ella—, quiero decir—susurra apenada—, lo que quiero decir es que me da mucho gusto conocer a tu familia y será un placer contarles que su único hijo me ha recibido en mi primer día en esta ciudad y en la universidad con los brazos abiertos —aush, eso dolió.
Fue mala idea traerla, esa chica es un peligro, ahora ella me tiene en sus manos.
—Sí —exclamo con devoción.
—Quiero decirles que les agradezco de corazón por recibirme en su casa —se levanta del sofá, deja su cartera sobre él y camina hacia mi madre y le toma las manos—, por eso quiero pedirles que quiero mantenerme en absoluto secreto ante los demás, no me gusta ser el centro de atención y si he escogido esta universidad es porque quiero cambiar un poco de ambiente y darle la oportunidad a una de las universidades en las que mi padre colabora.
Oh, no… Esto no me lo esperaba.
Los minutos avanzan y la rubia espera una respuesta de parte de nosotros, pero lo único que ella recibe es un silencio rotundo y miradas cómplices el uno hacia el otro.
—¡Sorprendente! Mi hijo a conocido a la niña de…—mi padre lleva su mano hacia su boca.
—Gracias.
¡Me perdí de algo! Termina padre lo que acabas de decir. Ella es la niña de quien.
—Permiso, señores —escucho a unas de las empleadas de la casa—, la comida está lista, ya pueden pasar al comedor.
¡Bingo!
El momento incómodo se ha ido, y es donde decimos todos; sí… sí… sí… vamos al comedor porque la comida se enfriará, aunque me he quedado con las ganas que diga quién es ella.
Mi padre extiende la mano hacia la rubia y le dice que será un gusto llevarla, ella asiente y amablemente mi madre le dice que los alcanzara.
Ambos esperamos que ellos estuviesen a unos metros lejos de nosotros.
—¡Dime que tú no lo sabías! —mi madre me agarra de la mano—, esa niña al parecer no es cualquiera—mi madre traspira pesado, la veo demasiada nerviosa—. Hijo, espero que te hayas portado bien con ella.