—Te puedes largar Mía, no te he obligado a sentarte conmigo y más te vale no meterte ellas —y eso fue lo último para que explotara, me levanto de golpe garro la mochila y me alejo de la mesa.
No quiero seguir discutiendo, no vale la pena gastar saliva con ellos.
Primera vez que uno de mis amigos me enfrenta y decide decirme que es lo que debo hacer. Nadie me hará cambiar de opinión al respecto, esa chica tiene que cambiar, la rusa tiene que saber que no es la monedita de oro solo por ser extranjera y menos dárselas porque en eso no gana.
Sin importar que todos los de la cafetería tengan las miradas sobre mí, me voy en dirección de la rubia.
—No me digas que esperas que te lleve en brazos rubia —y sin perder el tiempo me siento frente a ella.
—Ash… Eres un grano en el culo, puedo saber por qué no me puedes dejar un momento a solas —deja a un lado el vaso de batido que estaba tomando para penetrar su mirada seria en mi—, cada vez que te veo me causa náuseas, en serio, ya no te quiero ver y menos dirigirte la palabra.
¿Qué? Ja, ja, ja… Eso me ha causado risa y sin poderlo evitar me suelto a reír en su cara, es que esa actitud de enojada me provoca ternura.
—Te dije que no te dejaré en paz y si no te calmas muñequita, entonces no tendré de otra que calmarte yo —mascullo con voz ronca tras inclinarme hacia delante—, deja el drama, rubia.
—Qué es lo que quieres, sí, dime que es lo que quieres.
Sorprendente, pensé que ella me quería desafiar, ¿qué sucedió? ¿Será posible que se ha enamorado de mí?
—Eso me gusta.
—Solo quiero una explicación, porque me tratas de esta manera, yo que recuerde hasta hoy te conocí y no sé por qué tanto odio hacia mí.
Hmmm… Yo también desearía comprender y por ello no me cansaré en seguirte.
—Es que siento que ocultas algo y eso lo voy a averiguar rubia —extiendo mi mano, llevándola a su mejilla para que me vea a los ojos, estamos tan cerca el uno al otro que solo con verla y tenerla de cerca me dan ganas de comer esos labios tan ricos que tiene.
—Edmon, es tiempo de irnos —Mía, tenía que ser ella.
Le advertí que no interfiriera, pero tenía que ser ella, y por eso jamás he tenido la intención de que ella sea mi novia oficial.
—No te molestes Mía, me iré con la rubia —le contesto sin verle a los ojos—. Rubia, tenemos que irnos porque…—me quedo quieto al ver como su brazo se va tornando de color morado.
Mierda, me he sobrepasado con ella, no sé por qué, pero ahora siento mucho remordimiento porque mis únicas intenciones eran llamar su atención y no lastimarla.
Ah, ahora comprendo por qué mi amigo me contesto así.
Ella nota mi mirada fija en su brazo, se incomoda mucho y agarra el abrigo y su cartera, y decide levantarse. Me siento miserable, quiero pedirle disculpas, pero…
Me levanto siguiendo sus movimientos, hasta que mi amigo Joel aparece diciéndome que mi padre me está esperando en la oficina del director.
Ash, que fastidio, no puede ser que mi padre me arruine el momento de paz que llevaba con la rubia.
—Te has librado de mí, pero no creas que será por mucho, rubia —con mucha delicadeza agarro su brazo, me acerco lo más posible de ella y le susurro cerca de su oído—, hasta pronto y pórtate bien—sin poder evitarlo le doy un pequeño beso en la mejilla, arriesgándome que me dé otro golpe en la producción de la fábrica de mis hijos futuros.
Me alejo de ella y le digo a mi amigo Joel y los demás que me acompañen.
Mis amigos leales son; Joel, Ramiro y Leo.
Salgo de la cafetería en compañía de mis amigos, dejando atrás a la rubia. ¡Mi padre siempre se presenta en los malos momento! Aush, me llevo bien con él, pero ahora quiero seguir investigando de donde viene y porque está aquí.
—Edmon, nosotros tenemos clase y por ende tú tendrás que irte solo.
Waooo… Es cierto, y debería de cancelar a mi padre, pero no creo que a él le guste.
Acepto eso y antes que cada uno vaya a tomar su camino le digo que me tendrán que dar sus apuntes porque lo que no quiero es perderme las clases, dado que luego me perderé.
—Edmon… Edmon… Edmon —escucho la voz de mi padre, volteo a ver a los lados y hasta que lo encuentro—, no pude esperarte mucho, he recibido una llamada y por eso te digo que quiero que no faltes a la cena, no te quedarás en tu apartamento.
—Podías hacer una llamada padre, no era necesario molestarte —voy hacia él—, pero bueno, iré, te prometo que no faltaré.
La casa de mis padres está a una hora de aquí y mi apartamento queda a quince minutos de la universidad, por eso es que no vivo con ellos. Por un lado, es una simple justificación y a la vez es nada más que quiero vivir aparte porque así tendré mucha libertad.
Me encanta salir con mis amigos y que las porristas nos hagan compañía en un día de fiesta o de noche de tomar.
—Adiós, hijo —se despide dándome una palmada en mi hombro—, tu madre está feliz porque nos reuniremos.
Solo asiento, acompañada de una enorme sonrisa.
Doy media vuelta al ver que mi padre se aleja con sus guardaespaldas, sí, mi padre siempre tiene que estar acompañado, todo es por protección.
Mis amigos me señalan el camino que debemos continuar para nuestra siguiente clase, “Estadísticas”.
Bueno, solo dos horas y media estaré en clase, para luego salir almorzar, aunque por ser el primer día del tercer año de la carrera puede que solo nos dejen trabajo, para que en la próxima tengamos que exponer.