Luan Sin esperar una respuesta mis padres caminaron hasta la casa, me quedé allí suspirando, estaba angustiado, afligidos y con el corazón dolido por las acciones y palabras de mi madre. Siempre era lo mismo con ella. —¡Luan! —¿puedo pedirte algo Milena?, sé que no estoy en condiciones de hacerlo, pero lo necesito. Puso una mano sobre mi hombro y me miró directo a los ojos. —Claro que sí, ¿qué necesitas? Sin darle tiempo a nada la abracé, quería llorar, los desprecios de mis padres calaban muy fuerte en mí, me destruían, era su hijo ¿porqué debía ser otra cosa? Milena me abrazó aún más fuerte y acarició mi cabeza hasta que nos separamos, le di una sonrisa afligida y caminé hasta la casa. Encontré a mi padre sentado en el sofá con la mirada en la alfombra y a mamá recorriendo todo

