Luan Me acurré en la cama junto a mis dos perros, ellos no dejaban de lamer mi cara y mover su cola, no tardé en quedar profundamente dormido hasta que desperté pasado medio día. Salí al jardín con mi vaso de capuchino, era un día nublado y frío, tal cual se sentía mi interior. —Buenas tardes señor Luan, ¿qué tal cómo amaneció? —Dama, que gusto verla, ¿cómo estuvo todo por acá? —Bastante bien, hizo mucha falta señor, sus padres estuvieron llamando. ¿mis padres?, eso no me lo esperaba, mis padres jamás llamaban a casa buscándome, es más, ni al celular llamaban. —¿qué querían? —No lo sé, preguntaron cuando regresaría del viaje, dije que no tenía esa información. —Eres una genio Dama, muchas gracias. Miraba fijamente las flores del jardín, había flores de todo tipo, rosas, tulipanes

