—¿Cómo no vas a poder dejar de trabajar un sólo día? —preguntó alterado.
Suspiré y alisé unas arrugas de mi camisa.
—Debo terminar un proyecto para finales de mes —mentí. Él me miró escéptico. Procesé lo más rápido posible alguna excusa—. ¿Quieres que llame a Richard? Él puede confirmártelo.
Alargué mi celular hacia él, deseando que no se diera cuenta de lo nervioso que estaba. Si descubría que era mentira, era hombre muerto.
—Está bien, te creo —refunfuñó luego de tomar aire. Entró a la cocina y dejó agua hirviendo. Echó café en dos tazas y me quedó mirando apoyando sus codos sobre el mesón.
Miré al suelo, bajé mis hombros y suspiré. Me acerqué lentamente hacia él, tomé sus manos y lo miré fijamente, ladeando una pequeña sonrisa.
—Perdóname, amor —murmuré. Tomé su rostro entre mis manos y acaricié uno de sus pómulos, mientras él ponía sus manos en mi cadera—. Pero no puedo dejar de trabajar, Steven. Entiendo que quieras pasar más tiempo conmigo, pero Audrey también necesita trabajar. No puedo pagarle si no compran mis proyectos, ni puedo pagar muchas otras cosas yo mismo. ¿Entiendes a lo que voy, amor?
Suspiró y bajó un par de segundos la cabeza.
—Sí, comprendo —murmuró triste mirándome con los ojos decaídos—. Cuando puedas, por favor, avísame, ¿sí? Hace mucho que no salimos juntos.
—Sí, amor, lo haré —respondí sonriendo falsamente, sintiendo la culpa carcomerme por dentro. Estaba cancelando a mi novio para salir con ella. ¿Desde cuándo nuestra amistad pesaba más que mi relación? No, mejor dicho, ¿desde cuándo Audrey me importaba más que Steven? ¿Desde cuándo su presencia me era más agradable y fortificante que la de mi novio?
Tomamos desayuno conversando sobre cualquier tema. No podía evitar encontrarme pensando en que la vería, en que podría estar junto a ella para hacerla sentir mejor y apoyarla.
Sonreí con la vista fija en mi tazón.
—¿Chris? ¿Chris? —llamó Steven, moviendo su mano frente a mí. Me sobresalté momentáneamente y le sonreí apenado, pidiendo disculpas con la mirada.
—Lo siento, ¿qué decías?
—Te pregunté a qué hora tenías que bajar —respondió subiendo ambas cejas y haciendo una pequeña mueca de molesta. Sabía lo mucho que odiaba cuando no lo escuchaban.
Si quería calmarlo y dejarlo tranquilo, lo estaba haciendo de una manera terrible. Así como iba, Steven de seguro se daría cuenta de todo.
—De hecho, creo que bajaré ahora para alistar todo —respondí mirando el reloj. Levanté mis cosas, las lavé y fui a cepillarme los dientes. Me rocié un poco de perfume y le di un rápido beso a Steven, quien se despidió de mí con la mano cuando me disponía a abrir la puerta.
Al salir del departamento, automáticamente me sentí pésimo y derribé la máscara de despreocupación que había formado para Steven. Había dicho fácilmente unas cinco mentiras en las últimas horas y no me sentía para nada orgulloso de ello. No estaba acostumbrado a actuar así.
Me metí rápidamente al salón, dejando la puerta abierta para cuando Audrey llegase. Puse un poco de música y me senté en el sofá a revisar unos pocos bosquejos, de los cuales me aburrí rápidamente. Todavía no sabía qué haría con Audrey, así que tomé una revista y me fui a la sección de “panoramas del mes”. Hojeé rápidamente hasta encontrarme con el anuncio que llamó completamente mi atención.
—“Noches de neón” —leí en voz alta con una sonrisa. Sabía que le encantaría ese musical.
Memoricé la dirección y comencé a divagar sobre cualquier cosa, llevándome mi cerebro rápidamente a Audrey. Hace un tiempo ella se aparecía constantemente en mis pensamientos, sin aviso alguno.
Recordé cuando la había conocido. Había sido bastante tímida en la entrevista, pero cuando vi su libro de fotos, quedé más que fascinado y me vi en la necesidad y obligación de contratarla. Lucía un cuerpo hermoso y curvilíneo, sí, pero lo que más había llamado mi atención, había sido su facilidad de expresión corporal. Con sólo una mirada podía expresarlo todo. Era como una puerta abierta a su alma. Además, ella era excepcionalmente hermosa. Desde que la vi, supe que no necesitaría otra modelo, que ella era todo lo que necesitaba.
Ese último pensamiento me provocó un escalofrío.
Normalmente prefería modelos un par de años mayores, más que nada por la madurez de sus facciones. Cada rasgo estaba ya completamente definido y eso le daba más serenidad a las fotografías. Pero Audrey era un caso distinto. Sus facciones eran joviales y sus expresiones estaban llenas de vida. Sin embargo, había algo más en ella. Su mirada era profunda, haciéndola lucir con más experiencia, como una persona que ha vivido mucho y siente con toda su alma. Por esto, desde la primera vez que la vi, comencé a desarrollar una loca fascinación por ella. Su presencia, su forma de ser… todo en ella me inspiraba de sobremanera. Y esto, lejos de satisfacerme, lograba asustarme. A veces, comenzaba a pensar que quizás…
—Yo veo todo igual que siempre —dijeron en un tono molesto. Me sobresalté y me paré rápidamente del sofá, preparándome para lo peor.
—Steven —alcancé a decir al verlo junto al equipo de música que había dejado de sonar.
—Si no querías salir, no tenías que mentirme —atacó felinamente—. Y mucho menos salirme con un discurso de esfuerzo y moral.
—Estás malinterpretando las cosas —contradije nervioso, mirando la puerta de vez en cuando. En cualquier momento llegaría ella—. Yo…
—Llamé a Richard —cortó ferozmente. Un balde de agua directo a mis hombros—. Me dijo que no te había pedido proyecto alguno.
Silencio. Estaba estático.
—¿Y bien? ¿Sería mucha molestia pedir que me digas la verdad? —insistió subiendo sus cejas.
Suspiré y metí las manos en mis bolsillos. Miré el piso y, sin lograr mantenerle la mirada, murmuré serio:
—Saldré con Audrey.
—¿Ah, sí? —ironizó amargamente—. ¿Y dónde irán? ¿Hay una buena promoción en algún motel?
—No iremos a un motel, Steven, por favor —dije cansinamente—. Su hermana está en el hospital, ya lo sabes.
—¿Y esa debería ser una buena excusa para una cita? —Escupió con sarcasmo—. ¿Eso debería tranquilizarme? Sí, claro. ¡Oh, su hermana se está muriendo, vamos a cogerla! ¡Muy coherente, Chris, te felicito!
—¡Mierda, no, Steven! —Exclamé fuera de mí—. ¡Sólo quiero ayudarla, subir su ánimo!
—¡Claro, buen sexo alegra a cualquiera! —resopló sonriendo ácidamente—. ¿Es mejor que yo, ah?
—No se trata de sexo —contesté frustrado. Él palmeó sus manos contra sus glúteos.
—¿Entonces?
—Se trata de amistad —refunfuñé—. Pero, claro, tú alejas a todo quien quiera estar cerca de ti, no creo que sepas de eso.
Su mirada estuvo a punto de quemarme con sólo posarse sobre mí mientras yo me debatía entre la ira y la sorpresa. ¿Desde cuándo guardaba tanto odio contra él?
—¿Qué dijiste? —gruñó entre dientes.
—Ya oíste —respondí entrecerrando los ojos—. Aunque, bueno, si estamos hablando de sexo, estoy seguro que al que debería acusar de placeres externos, es a ti.
—¡Ya te pedí disculpas por eso! —exclamó dolido—. ¡Pero tú no me has pedido disculpas por cambiarme por esa perra cada vez que puedes!
—¡No te atrevas a llamarla perra, Steven! ¿Escuchaste? ¡No te atrevas! —grité furibundo, moviéndome como un tigre enjaulado. Pasé mi mano contra mi cabello, frustrado, sin saber qué más hacer, cuando una suave voz se introdujo en mis sesos, calmándome por completo.
—¿Llego en un mal momento?