El pasaje que Jesse había descubierto era oscuro y angosto, con paredes de piedra fría que parecían absorber el calor de las llamas cada vez más cercanas. Michele, con los ojos atentos, apenas dedicó una mirada a su alrededor antes de entrar en acción, disparando a quemarropa a los primeros hombres que se presentaron ante él, pertenecientes a la mafia asiática estaban intentando bloquear su avance. El eco de los disparos resonaba en el pasaje, acompañado por el zumbido de las balas atravesando el aire y el jadeo contenido de Kath. «Dios, ojalá falte poco» pensó Kath tratando de mantener el mismo ritmo en sus pasos, sin querer mostrar que se estaba agotando y agradeciendo haberse colocado unos zapatos con una plataforma baja. —¡Avancen! —gritó Michele, sin mirar atrás. Su mirada estaba fij

