El cielo estaba teñido de un gris plomizo que parecía acentuar la tristeza que invadía el ambiente. A pesar de la belleza del lugar, con su césped verde extendiéndose como un manto que bordeaba el cementerio, la atmósfera era pesada, cargada de luto y dolor. El sol, apenas visible entre las nubes, se ocultaba tras un velo, dejando que el día se mantuviera sombrío, como si el mundo mismo llorara la pérdida de Michele y Matteo. Los vehículos llegaron uno tras otro, deteniéndose frente a la ceremonia. En uno de ellos, Kath observaba a través de la ventana empañada por su aliento, su corazón estaba oprimido mientras el dolor de lo que estaba por ocurrir se hacía cada vez más insoportable. Su padre, James, estaba sentado a su lado, en completo silencio, su mano sobre la de ella como un intento

