Perspectiva Jesse Brown . Me encierro en el despacho tan pronto como los llantos de Camil que habían resonado por toda la casa, cesaron momentáneamente. Cada uno de sus sollozos golpeó como un martillo en mi pecho, como si me arrancaran una parte de mí mismo, la parte que más odio mostrar, la que más trato de esconder. Y pese a que siempre he podido soportarlo todo, no podía estar ahí, viéndola sufrir por algo que yo mismo había orquestado. Me sentía débil, cobarde, impotente, aunque sabía que Michele había tomado la decisión correcta. Pero ver a Camil deshecha por por nuestro hijo es algo que me rompe por completo, la misma impotencia que sentí cuando murió su padre sin que pudiera hacer nada, me invadió, pero esta vez llorando por nuestro hijo, aunque con el consuelo de que él volverá

