Camil estaba esperando frente a la gran entrada de la mansión Brown, los ojos clavados en las nubes en el cielo, mientras Raven quien ya estaba con ella graznaba. Esa forma en la que el cuervo parecía avisar un mal presagio no le gustó para nada. —Tranquilo Raven —dijo Camil queriendo tranquilizarlo, pero sin ocultar que no le gustaba nada el graznido continuo de Raven. Mientras la brisa del atardecer apenas comenzaba oscurecer el cielo. Su cuerpo entero estaba tenso, lleno de una preocupación que había intentado aplacar durante toda la noche. No sabía exactamente qué había pasado, pero algo dentro de ella le decía que nada había salido como esperaban. Había pasado horas mirando el teléfono, esperando una llamada, un mensaje, cualquier señal de Jesse. Sabía que él era un hombre reservado

