La advertencia de Valeria
Valeria caminaba por los pasillos de la universidad, con su mirada fija en un solo objetivo: Adrián. Las palabras que él le había dicho a Clara aún resonaban en su mente. Había sido un comentario casual, tal vez no con malas intenciones, pero Valeria lo había sentido como una puñalada. No iba a permitir que Clara, su amiga, su hermana del alma, fuera lastimada de nuevo. No esta vez.
Al girar la esquina, lo vio. Adrián estaba apoyado contra las taquillas, aparentemente distraído, con los ojos perdidos en el móvil, como si el mundo a su alrededor no le importara. Pero a Valeria sí le importaba, y mucho.
Sin pensarlo dos veces, se acercó a él con paso decidido. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, sin molestarse en ocultar su irritación, lo llamó:
—¡Adrián!
Él levantó la vista y, al ver su expresión seria, frunció el ceño.
—¿Qué pasa, Valeria? —preguntó, guardando su teléfono en el bolsillo.
Valeria no perdió tiempo en rodeos. Se cruzó de brazos, mirándolo directamente a los ojos.
—Te escuché —dijo, su voz firme—. Lo que le dijiste a Clara hace un rato.
Adrián parpadeó, confuso.
—¿De qué hablas?
—Sobre cómo te "cuesta" verla feliz —replicó, imitando sus palabras con amargura—. ¿Te das cuenta de lo que dijiste? De cómo eso suena para alguien que está luchando día a día por encontrar un poco de alegría, por vivir más allá de lo que le ha pasado.
Adrián suspiró, pasando una mano por su cabello. No tenía intención de enfrentarse a Valeria, pero sabía que la conversación era inevitable.
—No lo dije con mala intención —dijo finalmente—. Simplemente... me sorprendió, eso es todo.
Valeria dio un paso más cerca de él, su rostro lleno de determinación.
—Tienes que entender algo, Adrián. Clara es más fuerte de lo que crees. Pero también es más frágil en algunos aspectos. No puedes ir por ahí lanzando comentarios como ese, que la hagan sentir que su felicidad depende de ti o de alguien más. Ella no te debe nada.
Adrián la miró, y aunque parecía querer decir algo en su defensa, las palabras no salían. Sabía que Valeria tenía razón, pero también sabía que sus propios sentimientos hacia Clara eran más complicados de lo que él mismo admitía. A veces, sin querer, se encontraba deseando volver a tener la cercanía que una vez compartieron. Pero también sabía que las cosas habían cambiado, y que él mismo había sido responsable de alejarse.
—No quise hacerla sentir mal —dijo, finalmente—. Solo... no sé, a veces digo cosas sin pensar.
—Pues empieza a pensar antes de hablar —replicó Valeria sin dudar—. Porque no la voy a dejar sufrir por tus inseguridades.
Adrián desvió la mirada. Sabía que Valeria siempre había protegido a Clara, incluso desde antes de que ellos dos empezaran a salir. Habían sido inseparables desde que eran niñas, y si alguien entendía a Clara, era Valeria.
—Mira —continuó Valeria, suavizando un poco su tono—. Sé que no es fácil para ti tampoco. No soy una idiota, veo cómo te afecta todo esto. Pero si realmente te importa Clara, si te importa lo más mínimo, entonces deja de hacerle daño, aunque no lo hagas a propósito.
Adrián frunció el ceño, sintiéndose acorralado. No quería lastimar a Clara, no quería que su presencia o sus palabras le causaran dolor. Pero cada vez que la veía, era como si su mente se llenara de emociones que no podía controlar. La tristeza, la culpa, y también un deseo incontrolable de estar cerca de ella, aunque sabía que no debía. Y ahora estaba con Carolina, debía seguir adelante, ¿no?
—Lo sé —murmuró finalmente—. Lo sé, Valeria.
Valeria se quedó en silencio por un momento, evaluando si sus palabras habían llegado a Adrián. Finalmente, suspiró, soltando la tensión acumulada en su cuerpo.
—Solo te pido una cosa, Adrián. Si realmente la quieres como alguna vez dijiste que lo hacías, entonces respétala. Deja que encuentre su camino, su felicidad, y no interfieras si no es para apoyarla. No te conviertas en otra de sus batallas.
Adrián tragó saliva. Quería prometer que lo haría, pero una parte de él sabía que no sería tan fácil. Cada vez que veía a Clara, su resolución tambaleaba. Sin embargo, asintió.
—Haré lo mejor que pueda —dijo en voz baja, sin atreverse a mirar a Valeria a los ojos.
Ella lo miró por un momento más, evaluando si su promesa era suficiente. Finalmente, asintió con la cabeza.
—Eso espero, Adrián. Porque te aseguro que no dudaré en intervenir si veo que la estás lastimando.
Se recargó contra las taquillas, frotándose la cara con ambas manos. No era el villano en esta historia, pero a veces sentía que no podía evitar convertirse en uno. El problema era que, aunque sabía que Valeria tenía razón, no estaba seguro de cómo alejarse emocionalmente de Clara.
Ella había sido una parte tan importante de su vida, y aunque estaba con Carolina, una parte de él nunca había dejado de sentir algo por Clara. Pero cada vez que trataba de acercarse, de buscar una conexión, solo terminaba empeorando las cosas.
El peso de la advertencia de Valeria seguía resonando en su mente, y en ese momento, Adrián entendió algo: quizás la mayor prueba de su cariño por Clara era aprender a dejarla ir.