capítulo 8

957 Palabras
La mirada oculta El sonido de "Dangerous" aún retumbaba en los oídos de Clara, incluso después de que la música se apagara y la energía de la risa quedara suspendida en el aire. Ella y Valeria estaban sentadas en el banco, jadeando de tanto reír, todavía emocionadas por el inesperado momento en el que Clara había logrado levantarse sin el bastón, aunque solo fuera por un breve segundo. —¡Eso fue increíble, Clara! —dijo Valeria, tomando su mano—. No me puedo creer que hayas estado de pie por tu cuenta. Clara, con las mejillas sonrojadas por la emoción y la sorpresa, miró sus piernas como si no fueran suyas. Había sido un momento breve, pero liberador. No sabía si lo podría repetir, pero el simple hecho de haberlo hecho una vez, le había dado esperanza. —No sé qué pasó, simplemente... sucedió —dijo Clara, con una sonrisa tímida, tratando de entender lo que acababa de ocurrir. —Fue la música —dijo Valeria, convencida—. Michael Jackson te está ayudando, amiga. Estás empezando a creer más en ti misma. Clara rió suavemente, pero dentro de ella se sentía diferente. Algo había cambiado. Se sentía más ligera, más libre. Su amor por la música siempre la había salvado, pero nunca había imaginado que fuera capaz de darle un momento tan significativo. Sin embargo, a lo lejos, una sombra oscura permanecía observando la escena. Adrián, apoyado contra un árbol, había presenciado todo. Su expresión era difícil de leer, una mezcla de asombro, nostalgia y algo más profundo que él mismo se negaba a aceptar. Carolina, su novia, lo había dejado minutos antes para reunirse con unas amigas, dejándolo solo con sus pensamientos. Y sin querer, sus pasos lo habían llevado hasta ese rincón del campus donde Clara y Valeria reían despreocupadas. El sonido de la risa de Clara había atraído su atención como un imán, algo que él llevaba tanto tiempo intentando ignorar. Cada vez que la veía, sentía una punzada en el estómago, una sensación de vacío que no sabía cómo manejar. Se suponía que estar con Carolina lo haría olvidar a Clara, pero cada vez que la veía, todo lo que intentaba suprimir regresaba con más fuerza. La forma en que ella había reído, cómo había bailado sin preocuparse del mundo, lo había sacudido de una manera que no podía comprender. Valeria fue la primera en notar su presencia, levantando una ceja con curiosidad. —Clara —dijo suavemente, inclinándose hacia ella—. No quiero ser la que te arruine la diversión, pero tenemos compañía. Clara siguió la mirada de su amiga y su sonrisa se desvaneció al ver a Adrián. Su corazón se aceleró en su pecho, y toda la alegría que había sentido momentos antes se desvaneció en una sensación incómoda. No sabía si debía saludarlo o fingir que no lo había visto. El dolor de que él la ignorara todo este tiempo seguía latente. Adrián se obligó a actuar con naturalidad. Soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo y, con una sonrisa forzada, caminó hacia ellas. —Hola —dijo, mirando brevemente a Clara antes de posar los ojos en Valeria—. Vaya espectáculo que tienen aquí, ¿eh? Valeria sonrió de manera sarcástica, sabiendo perfectamente la tensión que existía entre ellos. —Claro que sí, Adrián. Siempre hacemos shows privados —respondió con sarcasmo, haciendo que Clara riera suavemente, aunque evitaba mirarlo directamente. —Te vi... bailando —dijo Adrián, dirigiéndose esta vez a Clara. Clara finalmente levantó la vista, encontrando sus ojos. Por un segundo, ambos se quedaron en silencio, como si todo lo que quisieran decir flotara en el aire pero no encontrara palabras para expresarse. —Sí, lo intenté —respondió Clara, intentando sonar despreocupada—. Solo un poco de "Dangerous". —Lo hiciste bien —dijo Adrián, pero había algo en su tono que no era del todo sincero, como si estuviera conteniendo algo más. Valeria se dio cuenta de la tensión en el aire y decidió que era el momento de marcharse. —Bueno, creo que voy a buscar algo de beber. Ustedes dos... diviértanse —dijo con una sonrisa cómplice antes de alejarse, dejando a Clara y Adrián solos. Clara observó cómo su amiga desaparecía, sintiéndose repentinamente incómoda por la cercanía de Adrián. El silencio entre ellos se hacía más pesado con cada segundo. —No tienes que decir nada si no quieres —murmuró Clara, sin mirarlo. Adrián pasó una mano por su cabello, nervioso. Sabía que tenía que decir algo, pero no encontraba las palabras correctas. —Es que... me cuesta verte así —admitió finalmente, su voz sonando más suave de lo que había planeado—. No sé cómo explicarlo. Clara frunció el ceño, confundida. —¿Así cómo? —Tan... feliz —dijo Adrián, bajando la mirada—. No es que no quiera verte feliz, es solo que... supongo que pensaba que no lo serías sin... bueno, sin... Clara lo miró sorprendida. ¿Sin él? ¿Eso quería decir? ¿Pensaba que ella dependía de su presencia para ser feliz? Adrián la miró de nuevo, y en sus ojos había algo vulnerable, algo que Clara no había visto en mucho tiempo. Pero antes de que pudiera responder, Adrián dio un paso atrás, sacudiendo la cabeza. —Olvídalo. No era nada —dijo con una sonrisa tensa—. Nos vemos en clase. Y con eso, se dio la vuelta y se alejó rápidamente, dejando a Clara con más preguntas que respuestas. Ella lo observó irse, con una sensación extraña en el pecho. No entendía qué estaba pasando, pero algo le decía que la historia entre ellos estaba lejos de terminar.
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