Peligrosamente Libre
El aire fresco de la tarde acariciaba el rostro de Clara mientras ella y Valeria permanecían sentadas en el banco. El silencio entre ellas no era incómodo; al contrario, estaba lleno de una complicidad tranquila que solo compartían las amigas cercanas. Pero incluso en ese silencio, Valeria no dejaba de notar la melancolía en los ojos de Clara, el vacío que ella intentaba disimular.
Valeria suspiró. Sabía lo que pasaba, sabía que la presencia de Adrián cerca la afectaba más de lo que quería admitir. Y justo cuando pensaba en él, algo la hizo levantar la vista. A lo lejos, entre los edificios de la universidad, vio a Adrián. Estaba parado, inmóvil, observándolas. Aunque trataba de disimularlo, Valeria notaba cómo sus ojos no se despegaban de Clara. Se le notaba la confusión y la lucha interna en su rostro, y eso solo hacía que Valeria se sintiera más protectora hacia su amiga.
Decidida a cambiar el ambiente, a distraer a Clara de cualquier pensamiento sobre Adrián, Valeria sonrió y le dio un suave codazo.
—Amiga, ¿qué te parece si ponemos algo de música? —dijo con entusiasmo, sacando su teléfono del bolsillo. Sabía exactamente qué canción usaría para levantarle el ánimo—. Vamos, te apuesto a que no puedes resistirte a un poco de Michael Jackson. ¿Qué te parece “Dangerous”?
Clara, que había estado absorta en sus propios pensamientos, levantó una ceja, esbozando una pequeña sonrisa.
—¿Michael Jackson? —respondió, un poco incrédula—. ¿En serio?
—En serio. Pruébame que aún tienes ritmo, chica peligrosa. —Valeria ya había abierto su playlist y, sin esperar respuesta, puso la canción. Los primeros acordes de "Dangerous" llenaron el aire, y de inmediato, Valeria comenzó a moverse al ritmo, sonriendo como solo ella sabía hacerlo.
Clara soltó una risa genuina. Esa risa que hacía mucho tiempo no se permitía, y que solo Valeria lograba arrancarle. Poco a poco, se dejó llevar por la música. Al principio, con movimientos tímidos, siguiendo a su amiga, pero conforme la canción avanzaba, sus pies comenzaron a moverse con más libertad. Su cuerpo parecía recordar cómo era sentirse liviana, sin preocupaciones.
Valeria, al verla soltarse un poco más, empezó a animarla aún más.
—¡Eso es, Clara! ¡Muévete! —exclamaba entre risas, levantando los brazos, perdiéndose en el ritmo contagioso de la música.
Clara, riendo a carcajadas, comenzó a imitar los movimientos de Valeria. En ese instante, todo el peso que había cargado sobre sus hombros durante tanto tiempo se desvaneció. La música la llenaba de una energía que no recordaba haber sentido en años. Sin darse cuenta, Clara dejó caer su bastón en el suelo y se puso de pie. Al principio, no notó lo que estaba haciendo. Solo se concentraba en seguir el ritmo de la canción, tratando de mantener el equilibrio mientras bailaba. Era la primera vez que se atrevía a moverse sin su bastón, y aunque era algo pequeño, para ella era un logro inmenso.
Valeria, al verla de pie, sus ojos se llenaron de lágrimas de emoción, pero no dijo nada al principio. No quería interrumpir el momento. Solo sonrió, con el corazón lleno de orgullo y alegría por su amiga.
—¡Vamos, mi chica peligrosa! ¡Eres increíble! —gritó Valeria, emocionada, mientras seguía bailando a su lado.
Clara seguía moviéndose al ritmo de la música, soltándose aún más, riendo a carcajadas. Parecía como si por fin, después de tanto tiempo, hubiera encontrado una pequeña parte de sí misma que creía perdida. Se movía con una libertad que no había sentido en años, dejando de lado todos los temores que la habían mantenido atrapada.
—¡Te quiero, Clara! ¡Eres increíble! —exclamó Valeria, dándole una vuelta mientras reían juntas.
A lo lejos, Adrián seguía observando la escena, sin poder apartar los ojos de Clara. Algo en su interior se removía al verla así, tan libre, tan llena de vida. Sabía que no debería estar mirándola, pero no podía evitarlo. Sus emociones eran un torbellino. El Adrián que intentaba ignorarla luchaba con el Adrián que no podía evitar sentirse atraído por ella, por esa luz que emanaba, incluso en sus momentos más oscuros.
Cada risa, cada movimiento de Clara lo hacía sentir más frustrado consigo mismo. ¿Por qué le costaba tanto apartarla de su mente? Incluso ahora, con Carolina a su lado, no podía dejar de pensar en lo que estaba perdiendo al alejarse de Clara. Sentía una mezcla de rabia, culpa y... algo más. Algo que no quería admitir.
Valeria, que siempre estaba al tanto de todo, notó la mirada de Adrián a lo lejos. No le dijo nada a Clara, no quería que nada estropeara ese momento de libertad. Pero en su mente, una pequeña chispa de molestia comenzó a arder. ¿Qué hacía él ahí, observando? Si no iba a acercarse, si no iba a cambiar su actitud, entonces lo mejor era que se mantuviera lejos.
Pero por ahora, nada importaba más que la sonrisa de Clara. Valeria la abrazó con fuerza mientras la música seguía sonando, y juntas, continuaron bailando, dejando que el mundo y todos sus problemas se desvanecieran, al menos por un momento.