capítulo 3

907 Palabras
Atrapados en el Silencio La tarde estaba cargada de una tensión que Clara no lograba quitarse de encima. Había pasado las últimas horas entre clases y conversaciones superficiales con Valeria, pero su mente seguía atrapada en ese mismo rincón oscuro: Adrián. Ya no podía negar lo que sentía, aunque tratara de convencerse de que lo había superado. La indiferencia de Adrián, que cada día se sentía más intencional, era como una espina que se clavaba más profundo con cada mirada furtiva que él le lanzaba y, al mismo tiempo, con cada esfuerzo que hacía para ignorarla. Valeria, siempre perceptiva, lo había notado también. En varias ocasiones le comentó lo "extraño" que se comportaba Adrián cuando Clara estaba cerca, como si intentara reprimir algo. Pero Clara no quería pensar en eso. No quería ilusionarse de que había algo más detrás de esa indiferencia calculada. Al final del día, mientras caminaba hacia la salida junto a Valeria, se encontraron con Adrián y su grupo de amigos en el estacionamiento. Camila estaba a su lado, con esa sonrisa perfecta y su risa dulce que parecía atraer la atención de todos a su alrededor. Clara no pudo evitar notar cómo Camila se aferraba al brazo de Adrián, como si le perteneciera. Su corazón dio un vuelco, pero se obligó a mirar hacia otro lado. No quería sentir esto, no quería que le importara, pero era imposible. Valeria, consciente de la tensión que había en el aire, le apretó suavemente el brazo. —Clara, no mires. No le des poder sobre ti —le susurró. Clara asintió débilmente, pero sus ojos, traicioneros, se desviaron una vez más hacia Adrián. Él estaba hablando con uno de sus amigos, pero había algo en su postura, en la rigidez de sus hombros, que delataba que también la había visto. De repente, como si sintiera el peso de su mirada, Adrián alzó la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Clara. Fue un segundo eterno, lleno de algo que ninguno de los dos estaba dispuesto a reconocer. Adrián frunció el ceño, visiblemente molesto, y apartó la vista con rapidez. Camila, ajena a todo, le dijo algo y tiró de su brazo para llevarlo hacia su auto, pero él no respondió de inmediato. Sus manos se tensaron y soltó un suspiro frustrado, como si estuviera conteniendo algo que luchaba por salir. —Adrián, ¿qué pasa? —preguntó Camila, mirándolo con preocupación. Él negó con la cabeza, pero su mirada volvía a Clara una y otra vez, como si no pudiera evitarlo. La furia se acumulaba en su interior. Se maldecía por no poder ignorarla, por no poder arrancarla de su cabeza. ¿Por qué le afectaba tanto? ¿Por qué, después de todo este tiempo, seguía siendo ella la que lo descolocaba de esa manera? Clara, incapaz de soportar el peso de esos breves segundos, bajó la mirada, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza en su pecho. Valeria, al notar el cambio en la atmósfera, soltó una risa forzada. —¿Nos vamos? Creo que ya hemos tenido suficiente por hoy —dijo en voz alta, lo suficientemente fuerte como para que Adrián también pudiera oírla. Sin embargo, Adrián no se movía. Seguía ahí, atrapado en un mar de emociones que lo hacían sentir como si estuviera al borde de una explosión. De repente, apartó a Camila de su lado con una brusquedad que ella no esperaba. —Necesito un momento —dijo en un tono seco, y sin esperar respuesta, se alejó del grupo con pasos largos y rápidos. Camila se quedó parada en el lugar, confusa y molesta, mientras sus amigos la miraban sin entender lo que acababa de suceder. Clara lo observó alejarse, sintiendo un nudo en el estómago. Había algo en él hoy, algo que no había visto antes. No era solo indiferencia... era ira. Pero no ira hacia ella, sino hacia sí mismo. —¿Qué le pasa? —preguntó Valeria, frunciendo el ceño. —No lo sé... —Clara murmuró, pero la verdad es que lo sabía demasiado bien. Adrián estaba luchando contra sus propios sentimientos, y esa lucha lo estaba destrozando. Adrián se alejó del estacionamiento, sin un rumbo claro. Lo único que sabía era que no podía quedarse ahí un segundo más. Todo el mundo lo miraba, esperando que siguiera siendo el mismo de siempre, pero no podía. No cuando Clara estaba tan cerca, no cuando todo en él le gritaba que aún la quería, aunque no quisiera admitirlo. Se detuvo finalmente en un parque cercano, apretando los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos. ¿Por qué tenía que ser tan difícil? ¿Por qué, después de tanto tiempo, seguía sintiendo lo mismo? Miró al cielo, intentando calmar su respiración agitada, pero no podía. "Esto no puede seguir así", se dijo a sí mismo. Pero sabía que no tenía una respuesta. Ignorarla no funcionaba, pero acercarse tampoco era una opción. La tenía tan cerca, pero al mismo tiempo, inalcanzable. Mientras Adrián intentaba recomponerse, Clara, desde la distancia, no podía dejar de preguntarse qué era lo que había visto en sus ojos. Quizás no era indiferencia lo que había estado ocultando todo este tiempo. Tal vez, al igual que ella, él también estaba atrapado en una red de sentimientos que no sabía cómo manejar. Pero ahora, ambos parecían estar demasiado lejos para cruzar esa distancia. Y ese pensamiento era el que más la atormentaba.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR