La Sombra del Pasado
Las noches solían ser su refugio, su escape, pero últimamente ni siquiera la oscuridad le ofrecía el consuelo que antes encontraba. Clara estaba en su habitación, sentada en el borde de la cama, mirando la pantalla de su celular como si pudiera encontrar en ella alguna respuesta que aliviara el torbellino en su mente.
Había intentado concentrarse en estudiar, pero los libros y los apuntes estaban apilados en su escritorio, olvidados. Su cabeza solo podía pensar en una cosa: Adrián.
Su corazón se sentía pesado, como si cada latido fuera un recordatorio de lo lejos que estaba de él, no solo físicamente, sino emocionalmente. Aunque había tratado de ocultarlo, el dolor que él le causaba era cada día más intenso. Esa manera en la que la ignoraba... no podía soportarlo. Sentía que algo dentro de ella se rompía un poco más cada vez que él pasaba por su lado sin siquiera mirarla.
El espejo frente a ella le devolvía una imagen que detestaba. No porque no aceptara su discapacidad o porque su bastón fuera una carga, sino porque se veía a sí misma como débil. Débil por no poder superar esos sentimientos que la consumían. Débil por no poder ignorar los comentarios hirientes que escuchaba en los pasillos, las risas detrás de su espalda.
Y, por encima de todo, se sentía débil por seguir amando a alguien que la hacía sentir invisible.
Con un suspiro tembloroso, Clara se levantó y fue hacia el equipo de música que siempre la acompañaba. Deslizó un disco de Michael Jackson, uno que había escuchado mil veces, uno que conocía de memoria. Las primeras notas de Human Nature comenzaron a llenar la habitación. Cerró los ojos, dejando que la música la envolviera como un escudo.
Desde pequeña, cuando sus padres la llevaban al hospital para las operaciones, la música de Michael Jackson había sido su refugio. Los días eran largos, dolorosos, pero esas canciones, esas letras, la hacían sentir que no estaba sola, que había algo más allá de su sufrimiento. Ahora, en la universidad, el dolor era diferente, pero igual de intenso.
Clara se dejó caer de nuevo en la cama, abrazando una almohada mientras la voz de Michael resonaba en el cuarto. La letra de la canción la tocaba profundamente, como si cada palabra hubiera sido escrita para ella. Cerró los ojos, deseando que la música pudiera borrar los recuerdos de ese día, de los últimos días, de la constante batalla que libraba contra sus propias emociones.
Pero la música solo podía calmarla hasta cierto punto.
—¿Por qué me duele tanto? —murmuró, más para sí misma que para cualquier otra persona.
El teléfono vibró en la mesita de noche, y aunque no quería mirar, la curiosidad pudo más. Un mensaje de Valeria.
Valeria: ¿Cómo estás, Cla? Sé que no fue un buen día. Si quieres hablar, aquí estoy.
Clara sonrió débilmente. Valeria siempre sabía cuando algo andaba mal. Era su roca, su apoyo incondicional, pero a veces ni siquiera las palabras de su amiga podían llenar el vacío que sentía en su interior.
—Estoy bien —respondió en un mensaje rápido, aunque sabía que Valeria vería a través de la mentira.
Apagó el teléfono y volvió a perderse en la música. Human Nature dio paso a Stranger in Moscow, una de las canciones más melancólicas de Michael Jackson, y el dolor que había estado conteniendo todo el día finalmente salió a la superficie. Lágrimas silenciosas comenzaron a correr por sus mejillas. No quería llorar, pero no podía evitarlo.
Cada vez que intentaba ser fuerte, se sentía más frágil. Era como si estuviera atrapada en un ciclo interminable de dolor, inseguridad y tristeza. Y Adrián, con su indiferencia, no ayudaba en nada. Intentaba decirse a sí misma que no le importaba, que él podía hacer lo que quisiera, pero la verdad era que cada vez que lo veía con Camila, se sentía como si su mundo se derrumbara un poco más.
Le dolía pensar que nunca sería suficiente. Que siempre sería la chica "diferente", la que la gente miraba con curiosidad o lástima. Sabía que era fuerte, que había superado muchas cosas, pero en esos momentos de vulnerabilidad, la oscuridad la arrastraba a un lugar del que le costaba salir.
De repente, los recuerdos de la tarde inundaron su mente. La mirada de Adrián... había algo ahí, lo había sentido. Durante un segundo, había pensado que tal vez él también sentía algo, pero esa esperanza se había desvanecido tan rápido como había llegado. Adrián no era para ella, y cuanto antes lo aceptara, mejor.
Sin embargo, ese pensamiento no aliviaba el dolor. No podía controlar lo que sentía, por más que lo intentara.
Se levantó de la cama, con la música aún resonando en el fondo, y se dirigió a la ventana. Desde ahí, podía ver las luces de la calle, el mundo que seguía girando mientras su corazón permanecía en pausa, atrapado en un limbo emocional.
A lo lejos, distinguió una figura familiar caminando hacia su casa. Era Adrián. Iba solo, como si estuviera perdido en sus propios pensamientos. Clara se apartó de la ventana antes de que pudiera verla, su corazón acelerándose sin motivo alguno. ¿Por qué le afectaba tanto?
La respuesta era dolorosamente simple: porque, a pesar de todo, ella aún lo amaba.
Y eso era lo que más dolía.