Los resplandores del sol se colaban por la ventana del hotel. Tasya abrió los ojos y se percató dónde estaba y lo que había pasado ese mismo día en la madrugada. Casi se ahogó con su propia saliva al recordar cada caricia, cada embestida y cada lamida. Sus mejillas se tornaron rosadas y su corazón latió con rapidez. —¡Mierda! —dijo sentando en la cama de golpe. Y, su corazón se detuvo cuando notó que la cama estaba destrozada, con las patas partidas y las sábanas rasgadas. Entonces, la escena de cómo sucedió vino a su mente. Los dos hombres estaban embistiendola al mismo tiempo que, la pobre cama no soportó. Se pasó la mano por el rostro y se percató de la mirada intensa de los hermanos que estaban enfrente de ella. Observándola, con esa mirada profunda que los caracterizaba y esa serie

