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1504 Palabras
Persecución Los soldados de la base, que ya estaban en alerta, se abalanzaron hacia la puerta en cuestión de segundos, rodeando a los metahumanos y apuntándoles con sus armas. La situación estaba en un punto complejo. Los soldados sabían que no podían igualar las habilidades de los espers y guías, pero confiaban en el número y en las órdenes directas de su superior. Rin, sin embargo, no se inmutó. Su semblante permaneció gélido y calculador. Giró la cabeza hacia Deveraux, quien estaba tranquila, pero claramente furiosa, su mirada afilada sobre el coronel. Zack y Noah tensaron sus músculos, preparados para lo peor. La tensión se amplificaba con cada segundo que pasaba. El coronel hizo un gesto con la mano, señalando hacia los metahumanos. - ¡Deténganlos ahora! - gritó con rabia, mientras los guardias avanzaban. Pero justo en ese momento, Riku dio un paso adelante y en un movimiento veloz, su mano se alzó. El aire pareció vibrar alrededor de ellos, como si algo invisible se agitara en el espacio. Los soldados, que no entendían lo que estaba ocurriendo, se detuvieron en seco, sus ojos llenos de confusión. - No va a ser tan fácil. - dijo Riku con calma, pero su tono era amenazante. Sentía el poder vibrar en su interior. Sabía que no podían quedarse allí ni un segundo más. Le hizo un gesto a Rin quien asintió. - ¡Ahora! - gritó. Con un gesto casi imperceptible, Zack y Noah se movieron al unísono. Fue en ese instante cuando el caos se desató. Las ventanas de la oficina se abrieron de par en par y los metahumanos corrieron a una velocidad vertiginosa antes de saltar hacia el exterior, el único lugar donde sus habilidades podrían desplegarse completamente sin restricciones. El grupo cayó en el espacio de entrenamiento sorprendiendo a los que estaban abajo en tanto los soldados intentaban detenerlos, pero los espers eran demasiado rápidos, demasiado poderosos. Zack y Noah se movían con una velocidad inhumana, esquivando los ataques y saltando sobre cualquier obstáculo mientras el gemelo utilizaba su capacidad para manipular la percepción, creando ilusiones que desorientaron a los guardias, haciendo que dispararan en direcciones equivocadas. - ¡Corran! - gritó Deveraux, quien lideraba la fuga guiándoles hacia un espacio abierto. Sabía que si permanecían en la base, serían neutralizados, uno por uno. Riku corrió al lado de Constance en una coordinación que les sorprendió. Sabía que debía protegerla a toda costa y, aunque el peligro aumentaba con cada paso, no dejaría que la atraparan. Mientras corrían hacia el exterior, el coronel García gritaba órdenes frenéticamente, pero ya era demasiado tarde. Los metahumanos alcanzaron el espacio abierto, un vasto campo que se extendía más allá del edificio. El cielo estaba cubierto de nubes, como si la tormenta que se avecinaba reflejara la tensión que explotaba entre ellos. Zack, el primero en llegar al campo, se giró brevemente, observando cómo los demás lo alcanzaban. Su respiración era rápida, pero su mente estaba en calma. Sabía que ahora no había vuelta atrás. El coronel García y los que lo controlaban habían mostrado sus verdaderas intenciones. - ¡Nos están cazando! - gritó Noah, su voz resonando en el aire - ¡Pero no somos presas! Deveraux asintió, su rostro decidido. - Esto es solo el comienzo. - dijo mientras miraba hacia la base, sabiendo que lo que venía sería un combate. Una verdad que habían estado ocultando demasiado tiempo. - Si pueden, no los maten... - pidió Rin - No quiero un desastre entre comunidades. - Selene... - llamó Zack - ¡Conéctame con el líder Jasper! - ¿Zack? - dijo el esper. - ¡Nos están atacando! Estamos en la base. Necesitamos autorización para usar habilidades. - ¿Qué demonios? Enviaré gente del Domo. - Envía drones. Necesitamos respaldo de lo que está pasando. - gritó Noah. - Dame cinco minutos... Despacharé los que tenemos en el domo. - ¿Crees que estamos de paseo? - gritó Zack. - No podemos esperar. - ¡Suficiente! - gritó Constance - Haremos tiempo... Hazlo... - En eso...- dijo Jasper - Selene, deja audio activo... - Atentos... - avisó Rin activando las barreras al igual que los demás. El grupo se preparó para defenderse. Los metahumanos se reagruparon, sus ojos fijos en el grupo que se acercaba. El enfrentamiento comenzó con las barreras de escudo de las guías se enfocaban en desviar las balas mientras los espers luchaban cuerpo a cuerpo. El grupo de elite era fuerte y preparado y varios de los soldados que estaban entrenando o no estaban involucrados se acercaron formando un grupo de testigos y una barrera de batalla. - ¡No los maten! - gritó Rin entre el ruido. - ¡Es fácil decirlo, cariño! - gritó Noah golpeando a un soldado cerca de Zack, su hermano gemelo - Ellos no están jugando. - Necesitamos evidencia de que fueron ellos los que nos atacaron primero. - exclamó su compañera lanzando las estelas con formas de hojas a quienes trataban de atacar a sus esposos en tanto desviaba las balas con barreras y golpes de energía. Zack levantó la mano liberando su aura a su alrededor para provocar visiones aterradoras, pero eran demasiados como para alcanzarlos a todos. El caos se había apoderado del campo cuando el sargento Packard llegó al lugar corriendo a toda carrera. Le habían avisado que los metahumanos habían atacado a García, pero la vista de lo que estaba pasando lo hizo dudar. Los soldados yacían desparramados por el suelo, algunos jadeando y otros inconscientes, mientras los metahumanos permanecían de pie, alertas, pero claramente en control de la situación. El coronel García, con el rostro enrojecido de ira, gritaba órdenes sin sentido mientras apuntaba acusadoramente hacia el grupo de metahumanos delante de Packard. - ¡Alto! ¡Alto al fuego! ¡Maldita sea! ¡Dejen de disparar! - gritó el sargento a toda voz por lo que los soldados obedecieron cuando el se adelantó para quedar entre ellos y los metahumanos. - ¡Ellos empezaron! ¡Atacaron a nuestros hombres sin motivo! - vociferaba el coronel, su voz resonando en el lugar. Packard, desconcertado, intentaba comprender la escena. Sabía que algo no cuadraba. Conocía bien a su equipo y a los metahumanos de los que se hablaba. Si hubiera habido un ataque intencionado, no estarían en esta situación. Los hombres de la base no tendrían una oportunidad. Sin embargo, la versión del coronel lo confundía. Antes de que pudiera formular una pregunta, Rin, que había estado observando la escena desde su posición, dio un paso al frente, sin perder un segundo para confrontar al coronel. - ¿Que atacamos sin motivo, dices? - gritó Rin quien lo miraba con una calma que solo acentuaba su furia contenida - Si hubiéramos querido atacar, esta base ya sería historia desde el primer día que llegamos. Su voz era firme y las palabras cayeron como un martillo sobre el coronel. Packard la observó, reconociendo esa fuerza que siempre había respetado en ella. Había algo en su postura, en su confianza absoluta, que no dejaba lugar a dudas. - Escucha bien, coronel y deja de mentir. - continuó Rin, acercándose un par de pasos más, sus ojos fijos en él - Si hubiésemos querido destruir esta base o a tus hombres, no estarían ni siquiera conscientes para contarlo. Ninguno de nosotros ha atacado sin motivo. Tus hombres fueron los que vinieron tras nosotros, nos atacaron bajo tus órdenes y actuamos en defensa propia. - ¡Eso es mentira! - gritó el coronel que se aferraba a su versión, como si fuera su último recurso - ¡Ustedes son una amenaza! Rin cruzó los brazos, manteniendo su compostura. - Una amenaza, dices ¿Por qué no mencionas lo que le han hecho a la Guía Deveraux o a otros como nosotros o a las mujeres que subastaron? - le lanzó con frialdad haciendo que Packard los mirara sorprendido - ¿O vas a negar que ha estado en custodia sin motivo válido? Sabemos lo que estás haciendo. El hecho de que tus hombres nos atacaran primero no es ninguna coincidencia. Nos has estado usando desde que llegamos aquí. Y ahora, ¿Te atreves a señalarnos? - Coronel, lo de la subastas... Dijo que no se realizaban. Cuando llegué a la base... - dijo Packard. - Calla, sargento. Deja de lloriquear. Siempre aferrado a las malditas reglas. - maldijo el coronel furioso - ¡Pareces un niño idealista que quiere la paz del mundo! El sargento lo miró con sorpresa. Llevaba muchos años en la milicia y estaba consciente de las injusticias e irregularidades que podían pasar, pero jamás pensó en que compañeros estuvieran lastimando a sus propias camaradas. Había escuchado rumores, pero cuando se acercaba o trataba de averiguar, todo se diluía como en la niebla. Además, había estado en misiones hasta hacía seis meses por lo que no conocía todos los detalles de la dinámica del gran campo militar donde algunos soldados llevaban años apostados como el coronel García.
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