El silencio se hizo pesado entre nosotros. Dereck y el capitán seguían midiéndose con la mirada, como si estuvieran al borde de lanzarse el uno contra el otro. Respiré hondo y decidí cambiar de enfoque. —Antes de que sigamos hablando… —dije, con la voz más firme de lo que me sentía—. ¿Ustedes cómo se conocen? Dereck desvió la mirada hacia mí, pero antes de que pudiera responder, el capitán dejó escapar una risa baja y divertida. —Buena pregunta, Ángel. Mis ojos se clavaron en los de mi hermano, esperando una respuesta. —Dereck… Él frunció el ceño y soltó un suspiro, cruzando los brazos. —No tiene importancia. —Sí que la tiene —insistí—. Dímelo. El capitán se adelantó un paso, disfrutando cada segundo del momento. —Ángel, tu querido hermano es mi mano derecha en la ciudad. Sentí

