Quedé completamente muda ante su intimidante presencia la cual abarcaba y envolvía a todos. Con temor observé cuando más de uno lo observaban maravillados absortos a sus rasgos hermosamente marcados. Parecía como una invitación al pecado y yo me estremecí ante esto. Él era peligro. Podía captarlo en sus orbes. Al mismo tiempo irradiaba maldad, engaño, sabotaje. Este no es otro que el anticristo. La burla a todo lo bueno. Y no me gustaba nada la administración que capté en más de uno ahí parados. Acto seguido di un paso atrás en cuanto lo ví acercarse en mi dirección y se detuvo para sonreír con malicia grabada a fuego en sus pupilas. —No temas preciosa, ¿Acaso no ves que los he salvado? Si lo había visto y como supuse lo volvía a recordar para que le rindiéramos pleite

