first kiss

1019 Palabras
–Oh, no, lo de Radley es para cuando trabajo–contestó–. En la intimidad, prefiero que me llamen por mi nombre. Nick o Nicholas estará bien. Marie se mordió el labio. No quería pensar que asistir con él a una fiesta encajara en la categoría de un momento íntimo. –Muy bien. Intentaré recordarlo. La fiesta se celebra en el club Santa Cecilia, cerca de Pall Mall. El vestíbulo de la entrada, lleno de estatuas de estilo clásico, resultó ser tan majestuoso como una catedral. Mientras ascendían por la ancha escalera de mármol, Marie se puso nerviosa al oír el ruido de sus tacones y se preguntó si no sería mejor que caminara de puntillas. Una vez arriba, giraron a la izquierda por el corredor muy ancho, de moqueta azul, adornado con mesitas que sostenían piezas de cerámica y jarrones con flores. Nicholas Radley Morgan le señaló una de las puertas que estaban a la derecha. –Es el guardarropa de las mujeres. Tal vez deberías dejar el chal. –Sí, tienes razón... Marie entró y se vio entre un montón de mujeres que hablaban en voz alta y olían a perfumes caros. Dio el chal a la encargada y notó que un par de jóvenes la miraban y se sonreían entre sí, como si la encontraran vulgar y completamente ajena a ese sitio. A pesar de ello, se acercó a uno de los espejos y se retocó el carmín antes de volver a salir al corredor. Nick se había alejado un poco y estaba contemplando uno de los cuadros de la pared con el ceño fruncido. –Ya estoy preparada –afirmó, caminando hacia él. –No se por qué lo dudo... De repente, Nick le puso las manos en los hombros, la metió en la habitación más cercana y la besó de un modo lento y tan terriblemente sensual que Marie se sintió desvanecer y estuvo a punto de dejarse llevar. Pero solo a punto. –¿Qué diablos estás haciendo? –preguntó, irritada. –Arreglarte un poco –respondió él–. No te enfades, Marie... La gente no está acostumbrada a verme con mujeres de aspecto tan inmaculado como el tuyo. Tenía que hacer algo para que no sospechen. –Si quieren sospechar, que sospechen. La culpa sería enteramente tuya. Has sido tú quien se ha empeñado en que te acompañe. –Eso es verdad –le concedió–. Pero el truco ha funcionado... Ahora estas lo suficientemente alterada como para que no sospechen. Nick la tomó de la mano y la llevó hasta la puerta doble del final corredor. Cuando Marie vio el interior de la sala, se quedó sin habla. Era tan grande como bonita. Estaba llena de gente que hablaba y reía sin parar, ahogando los esfuerzos del cuarteto de cuerda que interpretaba un tema de Mozart. –Rad... Me alegro mucho de verte. Quería hablar contigo –dijo un hombre. Súbitamente, Nick desapareció entre un grupo de amigos vestidos de traje y ella se quedó a solas, lo cual aprovechó para recobrar el aliento y la compostura. Un camarero se acercó a ella con una bandeja y le ofreció su contenido. Marie eligió un zumo de naranja y miró a su alrededor. La multitud parecía parecía dirigirse poco a poco hacia las mesas del bufé, donde otros camareros se encargaban de servir el banquete. Todo tenía un aspecto tan delicioso que estuvo a punto de ceder en la tentación, pero se contuvo y pensó que se contentaría con la pasta que tenía intención de preparar cuando volviera a casa. Caminó hacia uno de los balcones, salió y se apoyó en la barandilla de hierro forjado. Mientras tomaba aire, pensó que aún cabía la posibilidad de que Nick se olvidara de ella o de que pensara que se había marchado aprovechando su ausencia temporal. Pero lejos de intentar escapar, se sorprendió recordando todo lo que Lilian le había contado sobre él. Sabía muchas cosas de Nick Radley Morgan. Por ejemplo, que tenía una casa en el campo y un piso en Chelsea. –¿Está casado?– le preguntó en cierta ocasión a Lilian. Su hermanastra soltó una carcajada y respondió: –No, ni creo que se vaya a casar nunca. Radley tiene un sexto sentido con esas cosas y sabe cuando está con una mujer que oye campanas de boda. Además, pasa tanto tiempo de viaje que no tendría ocasión de mantener una relación seria. Antes de que Marie aceptara el empleo con Wendy Ingram, Lilian se había ofrecido buscarle un trabajo en su empresa. Pero Marie se negó, pensando que no estaba hecha para eso. Y ahora, mientras disfrutaba del zumo de naranja en el balcón, se dijo que ella también debía tener un sexto sentido para los problemas. Justo entonces, se levantó una brisa fresca. Tuvo frío y decidió volver al interior, pero se encontró ante una mujer que le bloqueaba el camino. Era alta y llevaba un vestido n***o, muy elegante, cuya sobriedad quedaba equilibrada con el collar de diamantes que le adornaba el cuello. Delgada y extraordinariamente bella, tenía el cabello rubio y se había recogido con un peinado aparentemente informal que debía haber costado varias horas de trabajo. Sus ojos verdes y de pestañas increíblemente largas, se clavaron en Marie con una frialdad que también notó en sus palabras: –Perdóname... ¿Le importaría decirme quién es? He comprobado la lista de invitados y no esta en ella. –Ha venido conmigo, Diana. Nick apareció de repente, como salido de la nada. Se acercó a Marie, le paso un brazo alrededor de la cintura y añadió: –Se llama Marie Vélez. Querida te presentó a nuestra anfitriona, la señora Halsay. Debí imaginarlo– dijo la señora Halsay carcajada musical –. en las invitaciones que se le envían a Nick, nunca hay un nombre para su acompañante. Su vida socia cambia tan deprisa que no hay otra forma de solventar el asunto... Discúlpeme entonces por no haberla reconocido, señorita Vélez. Pero dime, querido... ¿De dónde has sacado una niña tan encantadora?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR