32.

646 Palabras

32. Y con ella me ató las muñecas, sacó de alguna forma otro lazo y separó mis tobillos atándolos cada uno en una punta de la cama, y quedé a su disposición. Entonces, presentí que algo no estaba del todo bien… —Ha llegado el momento del castigo —dijo, entonces caí en la cuenta que estaba a punto de suceder la parte dolorosa de amarle… —La confianza se gana… —dijo, y desapareció por un instante de mi vista. Le volví a ver con uno de esos látigos que usaban los capacetes con los indios que no trabajaban. Y me golpeó en la espalda. —Quise confiar en ti… pero eres impredecible… —su voz era apenas un susurro, cualquiera pensaría, sin verle, que me estaba dando placer, quizás algunas caricias íntimas. —Tienes que aprender… que la confianza se gana y la obediencia es parte de esto. Te lo d

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