Tina —¡Brindemos por la libertad! —gritó Ivy por encima de la música atronadora del club. —Te escucho, hermana. Chocamos nuestras copas y bebimos de nuestros martinis afrutados. Hace tres días, Tony y Rocco fueron llamados de regreso a Chicago porque la movida de poder de Nerio con Moscú había terminado y la nueva administración en la que él confiaba tomó control. Aunque me agradaban mis guardaespaldas, limitaban mis movimientos y le chismorreaban todo a mi tío. Me encantaba bailar, y llevábamos una hora en la pista cuando noté que mi amiga estaba apoyando más el pie derecho. La pobre no llevaba zapatos adecuados para un club. Le estaban matando los pies, pero no quería arruinar mi noche de libertad y, al más puro estilo de mejor amiga, sufría en silencio. Sin hacer evidente que habí

