Geronimo Encendí mi laptop y abrí el correo que Jonas me había enviado, abriendo las hojas de balance de pérdidas y ganancias del último trimestre. Amplié los detalles de sus cuentas de gastos. —Estamos haciendo ajustes. —Eso es lo que le ha estado diciendo a mi padre los últimos tres años, y desde que yo tomé el control… ha pasado un año. A diferencia de la altivez de antes, ahora había súplica en sus ojos. —Danos otra oportunidad. —Tiene dos hijos. ¿Por qué no la ayudan? —A mis hijos no les gusta el negocio de la bodega. Contrataré un consultor. —¿Con qué dinero? —Me incliné hacia ella—. Ya está en números rojos. Y ya utilizó el segundo préstamo que mi padre le dio. Ningún banco quiere tocarla. Está aquí por más dinero y no lo dará hasta que vea un plan de negocios sólido sobre c

