Gerónimo Maldecía la lentitud de la SUV sobre el camino sin pavimentar. El regreso al complejo ponía a prueba mi paciencia. Ardía por desnudar a Tina. Por hacerla mía. La única razón por la que no aceleré ni derrapé cuando la Suburban atravesó las rejas fue porque no quería despertar a todo el mundo. Estacioné y apagué el motor. —Fuera. Rodeé el vehículo rápidamente hasta su lado. Ella aún estaba bajando cuando la levanté y la dejé en el suelo. Tomándole la mano, la arrastré detrás de mí. —¡Gerónimo! —susurró, casi gritando. Reduje la velocidad porque hacía demasiado ruido tratando de alcanzarme. Me detuve y la miré. —¿Quieres que te cargue? —No. —Parecía ofendida. —Porque en veinte segundos, nena, te quiero desnuda conmigo enterrado dentro de ti. Sin esperar respuesta, la leva

