Tina —Ahora puede besar a la novia. Me giré hacia mi recién estrenado esposo. Gerónimo se veía impecable en un traje italiano. Me atrajo hacia él y su boca selló la mía antes de que su lengua exigiera paso entre mis labios. Ignoramos a nuestro oficiante vestido de Elvis, a su asistente y a las otras dos personas en la sala: Nico e Ivy. Cuando me soltó, me quedé sin aliento. Había estado sin aliento desde esta mañana, cuando dejamos a la familia plantada, fuimos directo a La Guardia y volamos a Las Vegas. Gerónimo hizo que su hermano evitara el jet privado para no alertar a ningún De Lucci, y todos viajamos en primera clase en un vuelo comercial. —¡Fotos! —gritó Ivy. Gerónimo se puso rígido. Y mi amiga puso los ojos en blanco. —No lo voy a publicar en Pixygram. Y menos cuando Tina ni

