El sitio donde estaba era extraño. Parecía que estábamos bajo tierra. Eran como túneles de piedra. Por no menos no hacía calor, aunque con el vestido que llevaba comenzaba a tener algo de frío. Mis pelos de punta daban una pista de esto último. Había muchas puertas y ninguna estaba numerada. Me preguntaba si no se equivocaban al ir a cualquiera de esos cuartos. Para mí todas las puertas eran absolutamente iguales. No tenían ninguna distinción entre unas y otras. En la que entramos había una leve diferencia. La puerta era más grande. Mucho más grande. Dentro había un hombre inmenso de color tostado. A su lado había una camilla y una aguja de tatuaje. Eso no pintaba bien. - Todo el mundo aquí tiene una marca que indica que es de la mafia.- Comenzó a explicarme ojos azules.- Tú, al ser una p

