Para Lía todo lo que estaba pasando era triste, perder todo por la ambición de un hombre y no solo eso sino culparla por un delito que no cometió por la misma ambición y venganza infundada, porque la que debería estar molesta es Scarleth quien fue a la que le puso los cuernos. Al mismo tiempo admiraba a su hermana, ya que no se derrumbaba tan fácil, sino que le hacia frente a los problemas como todo una mujer guerrera. —Tranquilas ustedes no están solas, aquí estamos los dos para apoyarlas —dijo Alejandro con voz dulce. —Así es, ahora mismo hacen sus maletas y se viene con nosotros a casa. Lía sonrió, amaba a ese hombre lleno de virtudes. —No queremos incomodar, mejor buscaremos departamento donde quedarnos —dijo la hermana mayor. —Ni lo pienses, jamás dejare que se instalen

