Capítulo 7

713 Palabras
-Kara, la mesa 3-Ordenó Mascota con un tono que se acercó más a riña. Y es que era normal, me había repetido esta frase por lo menos unas 4 veces en media hora. Esta vez, dejé de hacer lo que hicieron y llevé la plata a la mesa tres con una disculpa, pero estos fueron tan borrachos que ni se percataron. Suspirando volví detrás de la barra y seguí limpiando la cafetera en donde minutos atrás se me había caído un café. -Kara, ya te he dicho que si no te encuentras bien puedes irte a casa. Pero si te quedas debes estar atenta-Me regañó con una sonrisa triste. -Si, lo siento-Me disculpé por millonésima vez esa noche. -Ve a casa Kara-Ordenó. -No por favor Pet. Si voy a casa no pararé de pensar. Necesito desconectar-Le pedí, más bien supliqué. Este me miró por unos momentos fijos hasta que finalmente asintió cediendo. -Si vuelvo a avisarte lo descontaré de tu suelo-Advirtió, pero sabía que bromeaba. -De esta manera no conseguirás nunca la cita-Bromeé de nuevo. -Se que algún día lo conseguiré. Estoy seguro-Gritó alejándose. -Sigue soñando-Reí por lo bajo. *** Por fin se hicieron las 7, lo que significaba que mi turno terminaba. Y mi trabajo aquí también. Tras hablarlo con tía Elena, llegué a la conclusión de que buscaría buscar otro trabajo, diurno, acorde a mi edad. Íbamos a vender la casa en la que había vivido durante estos meses, ya que la anterior se había tenido esa escoria del padre. Con ese dinero podríamos tirar durante muchos meses, de todas las formas, no quería vivir bajo el techo de la tía Elena sin hacer nada, así que buscaría un trabajo lo antes posible. -Supongo que esto es la despedida-Le dije una mascota, quien miraba al cielo expulsando el humo del cigarro. -Claro que no nena. Quiero esa cita. Si no te acosaré como un lunático-Me retó. Lo peor es que hablaba en serio. -¿Te conformarás con una simple cita?-Suspiré -Oye, ni que fuera un suplicio-Rió este. Lo reté con la mirada a lo que este solo levantó los brazos en señal de paz. -Tómalo como una salida de amigos. Me has dejado tantas veces en la friendzone que ya ni como una chica te veo-Se quejó. -Oye-Lo golpeé para nada suave en el brazo. -Quiero decir que te veo más como una hermana. Aun que si quieres, aun estoy dispuesto a...-Elevó las cejas sucesivamente. -Luego te envío un mensaje Pet-Me giré rodando los ojos. -Me amas.-Oí que gritó. -Mas quisieras-Me reí. El camino a casa se me hizo muy corto. Anduve distraída en mis pensamientos, meditando. Apenas había pasado dos días del entierro de mamá, las cosas estaban todavía muy recientes y las cosas estaban muy delicadas. Pero intentaba pensar lo mínimo en ello, prefería recordarla en nuestras salidas, nuestras charlas que más que madre e hija, parecían de mejores amigas, porque eso era mamá para mí, mi mejor amiga. Suspiré, la echaba mucho de menos. -Buenos días-Salude a tía Elena que se encontraba ya en la cocina preparando el desayuno.-Tía Elena, es sábado, deberías estar descansando- -No puedo dormir cariño-Tía Elena realmente lo estaba pasando mal. Mamá y ella siempre habían estado muy unidas, eran uña y carne. -Iré a dormir-La abracé de lado y besé su cabeza antes de subir hacia mi habitación. *** Desperté cuando sentí que el sueño abandonó mi cuerpo. Suspirando miré mi móvil, eran las 8 de la tarde. Había dormido 12h seguidas, por primera vez en mucho tiempo. Revisé los mensajes que había. 2 mensajes del grupo de las chicas y otros 2 de Peter. *TETIS* *¿Nena como sigues?* Jane. *¡Kara danos señales de vida hija!*Meri. *Hola chicas, estoy bien, gracias por preocuparos. Ahora estoy un poco ocupada, pero en cuanto me desocupe prometo veros* Envié. Eran unos amores. *Tomamos tu palabra.* Ali *XOXO*Lena *Más te vale*Amenazó Brook. Reí internamente. PETER *Espero que no te hayas echado atrás con nuestros planes. *A las 21 paso por ti* *Si no sabes dónde vivo* Contesté riéndome. *Pensaba que ya no me ibas a contestar* Pet. *Si, es cierto, mándame tu dirección y pasaré por ti en una hora*Pet. *Ubicación* *No vemos en un rato nena* Pet. Ni siquiera me molesté en contestar. Me desenredé de la manta y puse los pies al suelo. Me estiré mirando la preciosa puesta de sol que tenía enfrente. Hacía tiempo que no podía apreciar estos simples gestos que te alegraban la tarde. Sentía que la juventud se me había ido en estos meses.
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