—Linn, vámonos. —Me despertó la voz de Tessa y la miré. Negué. Recordé el llanto de Nina, el llanto de mi padre, lo que me había dicho Nina sobre la bella mujer que veía su padre en sus días de enfermedad. —Lo siento, hay algo que debo hacer. —Las palabras salieron atascadas entre el rechinar de mis dientes. — ¿A pie? —Inquirió Linn confundida. El jeep estaba yéndose a una velocidad increíble, hasta había oído chillido de las ruedas al doblar a unas cuantas calles. Estaban escapando. Edmund había leído mi mente por eso se apresuraron a huir, sabían mis intenciones. —Debo irme. —Fue lo último que dije. — ¡Linn espera! —Me detuvo Jacob y sentí con potencia el contraste de su temperatura con la mía cuando enredo sus dedos en mi muñeca. —No hagas nada estúpido. Me solté y me aleje. “Lo

