Luego de aquel horrible suceso que tuvo que vivir Emily se encuentra sentada en su cómoda silla de la oficina, mientras que Liam le ayuda con sus heridas, ella se encuentra completamente devastada por haber quedado en ridículo ante muchas personas.
Al sentir la piel de Liam tan cerca a la suya provoca que su corazón palpite con fuerza, fija su mirada en él, e imagina con poder tener una relación más allá de una amistad con él.
—Se que las palabras de ese idiota fueron bastante atrevidas orientes, pero no tienes porque sentirte mal, lo único que importa es lo que tú sientas, todas esas cosas horribles que te dijo lo hizo con el único fin de poder sacar su enojo.
Eres una mujer muy hermosa, y te dijo una vez más que no debes dejar que los comentarios negativos afecten tu integridad —aquellas palabras provocan en Emily un poco de tranquilidad.
—Tu eres una persona maravillosa, y nunca me voy a cansar de hacértelo saber —ella estira su mano directo hasta el mentón, luego levantó su rostro—. Daría lo que fuera tan solo por el simple hecho de que me dieras la más mínima oportunidad de tener una relación contigo.
Liam aprieta sus labios, exhala con fuerza y carraspeó su garganta, ese tipo de conversaciones que con frecuencia se estaban presentando entre él y Emily provocan que se sintiera bastante incómodo, ya que lo único que le puede brindar es su amistad.
—Ya hemos hablado en repetidas ocasiones de este tema, sabes que te amo y te adoro, pero como una amiga, una hermana. —Liam se pone en pie y da unos cuantos pasos hacia el escritorio—. Sabes perfectamente que mi corazón le pertenece a otra persona; y no pienso darme por vencido hasta que ella se fije en mí —aquellas palabras destrozan el corazón de Emily.
—¿Qué hay de malo en mí?, también tengo sentimientos, te podré brindar toda la atención que nunca vas a recibir de esa mujer, y así como tú dices que vas a luchar por ella, yo también me esforzaré todo para conseguir tu atención —se humilla ante él todo para conseguir afecto.
—Basta Emily, por favor no continúes, los dos sabemos perfectamente cómo terminan estas charlas, y lo que menos quiero es que nos alejemos; disfruto de tu compañía y al continuar lo único que conseguiremos es que los dos vamos a salir molestos —Liam toma su maleta mientras la mira directo a los ojos.
—Seguramente todos se encuentran esperándonos en la sala de juntas, así que concéntrate y vamos —le dice con emoción para cambiar lo más pronto posible de tema.
Emily trata de ocultar su molestia al ser una vez más rechazada por Liam, rueda sus ojos, se pone en pie y tomó su portafolio, se dirigen a la reunión mientras que da pasos cortos gracias al dolor de su caída.
Liam muy atento abrió la puerta permitiendo que ella ingrese antes que él, allí dentro se encuentran administradores, asistentes, coordinadores y por supuesto los chicos de marketing; todos excepto su asistente.
Emily al notar la ausencia de ella dejó ver en su rostro el completo disgusto, ya que ella era quien tenía los documentos claves para arrojar una cifra exacta de lo que se estaba viviendo en sus hoteles.
Ella resplandecía por ser tan comprensiva con los demás, esta no era la primera vez en que su asistente faltaba a la empresa, siempre se salía con la suya tomando excusas diferentes todo para evadir responsabilidades.
—Buen día para todos —saludó ella mientras dibujaba una sonrisa carismática a los presentes; una vez más tenía que improvisar ante sus colaboradores—. Primero que todo me alegra mucho que sean parte de mi equipo, además les agradezco por esforzarse en que todo fluya —Liam la observó a través del rabillo del ojo y niega con su cabeza.
—Las cifras se encuentran estables, las metas las hemos superado con anticipación al cierre del mes, podría asegurar que pronto se podrá abrir una sucursal más —agregó Liam para ayudar a Emily.
Luego de aquella exhausta reunión Emily salió completamente molesta directo a su oficina, se sentó sobre su cómoda silla, abrió un cajón y sacó una caja de chocolates.
Era lo único que podía hacer que ella se sintiera bien, apenas iba a la mitad del día y nada le había salido bien, no solo por lo que le sucedió antes de llegar, sino que también ha sido gracias a su irresponsable asistente personal.
Unos cuantos golpes en la puerta de cristal llama la atención de Emily, no se toma la molestia en guardar los chocolates, tan solo continúa sin importar quien sea.
—Adelante —habló con su boca llena de aquella delicia.
—Hola amiga —Zoe se acerca al escritorio mientras la mira sintiendo compasión por ella—. Liam me ha puesto al tanto de lo que te ha sucedido, lamento mucho que la estés pasando tan mal —Emily negó con su cabeza y aprieta sus labios.
—No te preocupes, todo es culpa de mi suerte, es la nunca que nunca ha estado a mi favor —sus ojos húmedos los oculta bajando su cabello.
—¿Puedo hacer algo por ti para que te sientas mejor?, sabes que soy tu amiga y por ti haré lo que sea —Emily levanta su mano y niega con su dedo índice ya que su boca se encuentra llena.
Zoe dio unos cuantos pasos en dirección de aquel enorme ventanal que tenía una espléndida vista; mientras devora sus chocolates siente envidia de su amiga, ya que el hombre que ella ama solo tiene ojos para su amiga.
—Sabes que sí —Zoe se dio vuelta y fijó la mirada en ella—. Necesito una nueva asistente personal, una que se esmere en hacer bien su trabajo, si no es mucha molestia podrías ayudar a conseguirla; en cuanto regrese la inútil que estaba a cargo de ese puesto por favor denle lo que le corresponde, porque no la quiero ver nunca más.
Zoe asiente con su cabeza y toma nota en una pequeña agenda, Emily no desaprovecha la oportunidad para fijarse en el cuerpo de su amiga, el cuerpo que provocaba que el hombre que ella amaba se volviera loco por ella.
—Ok, me pondré de inmediato a hacer lo que me has pedido; apenas encuentre a la persona indicada te traeré su currículum para que estés enterada de quién estará a cargo de tus cosas personales —Emily levanta el pulgar en señal de agradecimiento.
Zoe se retira de la oficina de Emily mientras que ella aprieta sus puños con fuerza, al pensar Porque su vida no puede llegar a ser simplemente como la de su hermano.
La frustración por el simple hecho de no tener un poco de felicidad en su vida es bastante fuerte, tensa su mandíbula levanta su mano y lanza la caja de chocolates contra la puerta.
De inmediato ruedan lágrimas por sus mejillas, con sus manos golpea el escritorio; ella culpa a su padre por su mala suerte, es él el único motivo por el cual ella no tiene confianza en sí misma.
Los despiadados comentarios por su físico provocan que su autoestima se encuentre tirada por el piso; al parecer tendrá que quedarse por el resto de su vida sola, a pesar de la cantidad de dinero que posee nunca va a poder encontrar aquel hombre que dé su vida por ella.