Jean Carlos era un hombre que llevaba tiempo, buscando una mujer que según él fuera la ideal, para compartir su vida, había tenido varias relaciones pero ninguna permanente ni duradera, todas hasta ahora han sido muy esporádicas, de corta duración, así que conocer a Alejandra le ha movido el piso. Por lo tanto, aprovecharía que le quitó su número telefónico para contactar y tratar de conocerla más, por ahora, lo que había conocido de ella en esta reunión y almuerzo le ha encantado. Aunque él es una persona muy ocupada y dedicado a su empresa.
Mientras, en su coche, Alejandra, va pensando en Marco Valenzuela, un hombre que le llamó poderosamente la atención, sobre todo que al besarle, así tan sensual la mano, la hizo estremecer, tanto que ella temió, él se hubiera dado cuenta de eso. Gracias a Dios que cuando Don Jorge la ubicó en el presídium la sentó justo fuera de su alcance.
Igualmente, recordó lo amable, caballero y amistoso que es Jean Carlos, le agradaría hacer con él un buen equipo de trabajo, es muy noble y buena gente, le agradó mucho su compañía, debe ser un excelente amigo. Pensando en esto, Alejandra recibe una llamada a su celular, por lo que se orilla en la carretera para contestar…
―Buenas tardes, es Alejandra Del Rio.
―Buenas tardes, le estamos llamando del Instituto de Previsión y Ahorro al cual está adscrita, como docente sobre una solicitud de compra de una apartamento, para informarle que ha sido aprobado, que tiene un plazo de quince días hábiles para hacer todas las gestiones respectivas, debes pasar por esta oficina este viernes a las 2 de la tarde.
―Ok, gracias, infinitas gracias, ¿por quién debo preguntar?
―Acudir al Departamento Legal, con el Dr. Reynaldo Contreras.
―Gracias, ahí estaré.
Alejandra toda emocionada conduce hacia la Universidad para reunirse con la Decana porque la están esperando para el informe de lo que ocurrió en la Cámara. Ella está segura ya el personal que la acompañó debe haber informado los resultados, pero ella se comprometió a entregar un informe. Por eso al llegar, Alejandra va directo a la oficina de la Decana, para con ella finiquitar el contenido del mismo.
Una vez que ella termina la reunión con la Decana, acude a su oficina administrativa y se dedica a realizar el informe, el cual aspira entregar antes de salir de la Universidad. Cumpliendo la meta propuesta, ella hace entrega del mismo y nuevamente recibe las felicitaciones de su jefa.
―Ale, me siento muy complacida y orgullosa de tu trabajo, cada día demuestras más lo que vales. ¿Estarías dispuesta a acompañarme al Consejo Universitario para detallar este informe?
―Sí, solo que recuerda, que no puedo asistir en horas de las mañanas porque estoy en el Instituto y para este acto de hoy pedí, permiso y lo debo recuperar. Así que se hace difícil tramitar otro.
―Ok, dejame ver qué puedo hacer con eso. Porque realmente me parece extraordinario que tú misma rindas cuenta de esta gestión y de este logro.
―Gracias Decana. Estoy a sus órdenes. Me retiro, porque debo atender unos alumnos.
―¡Felicitaciones, nuevamente Ale! y gracias por lo que has hecho por tus alumnos.
―Ellos se lo merecen.
Despidiéndose con un abrazo sale del Despacho de la Decana y se dirige al área de investigaciones, donde la estarán esperando sus alumnos. Alejandra al estar con ellos pierde la noción del tiempo y sale tarde, llegando a su casa después de la hora de la cena. Su mamá al verla llegar, le sirve de inmediato la cena y se sienta con ella en el comedor para acompañarla, mientras come.
Ella agradecida por esto, le hace un breve resumen de todo lo que logró hoy en la Cámara de Comercio. Después de esto se retiró a su habitación para descansar y vuelve a su mente la cara de Marco Valenzuela. Alejandra, no entiende porque recuerda tanto ese rostro, no es la última limonada en un desierto, aunque es muy atractivo, no se le puede quitar, además que tiene la pinta de ser un don juan cualquiera. Pensando así, se quedó dormida.
Este viernes, siendo las dos de la tarde, Alejandra acude a la cita con el abogado del Instituto para lo del préstamo solicitado para la adquisición del apartamento. Ella fue atendida y le fueron entregados todos los recaudos, debía ponerse en contacto con la constructora, para los trámites respectivos, pero para esto llamaría al promotor que le mostró el apartamento. Ella salió emocionada de la sede del Instituto, porque está a punto de alcanzar otro de sus objetivos.
Ese viernes, como tramitó el permiso para gestiones personales, no iría a la Universidad, así que decidió llamar a sus amigas, para encontrarse en algún café. Ellas le respondieron y en una hora estaban las tres disfrutando y brindando por los éxitos alcanzados por Alejandra durante la semana. Por otro lado, Janet le comentó que su novio le había pedido matrimonio, así que se casaría en cuatro meses.
―¡Amigaaaa, felicitaciones! Me alegro mucho por ti. ¡Qué bueno! ―gritó toda emocionada Alejandra.
―Gracias amiga, estoy feliz, pensé que me quedaría para vestir santos ―las dos ríen y aplauden.
―¡Felicitaciones Janet! Estoy emocionada, es una noticia muy agradable, en medio de tanta tristeza que llevo dentro…
―¿Qué te pasa Luzmarina? ¿Porque estas así?
―¡Mi mamá tiene cáncer!
―¡Dios amiga! Pero no te des por vencida, de repente aún hay tiempo ¿Qué te ha dicho el médico?
―Que tiene metástasis, ya no hay nada que hacer ―Alejandra y Janet, levantándose de la silla donde estaban sentadas, se acercan a ella y la abrazan, llorando las tres.
―¡Qué les pasa? ―preguntó el mesonero, pensando que les había pasado algo, porque ya las conoce.
―Una noticia que no es nada agradable, gracias ¿Puedes traer una botellita de agua mineral? ―le pide Alejandra.
―Si con gusto, ya la traigo.
Una vez que este se retira el mesero, las tres se ponen de acuerdo para verse al día siguiente en la casa de la mamá de Luzmarina, obviamente, sin comentar nada, porque no todos saben la noticia.
Alejandra estuvo con sus amigas casi hasta las seis de la tarde y de ahí salió para su casa. Al llegar, estaba su hermana Jennifer y su esposo, ella se bajó del auto los saludos a los dos y pidió permiso para irse a cambiar.
Al entrar en su habitación, Alejandra reflexionaba sobre lo que estaba viviendo su amiga Luzmarina, poniéndose en su lugar, pensaba en la tristeza que se debe sentir, al saber que nuestros padres tienen poco tiempo de vida. Esto la afectó y mucho a Alejandra. Así que esa noche, al bañarse salió a cenar con ellos y con su hermana, quien se veía radiante y muy feliz.
Ella llegó a la cocina y le preguntó a su madre en que la ayudaba y ésta le respondió que no había problemas que ya estaba por terminar. Ale, le insistió diciéndole que simplemente la quería ayudar y relajarse de su trabajo. Su madre sonriendo por esto que ella dijo, le pidió entonces que la ayudara a servir.
Aprovechando estos momentos con su madre, le comenzó a preguntar cómo estuvo su día. A lo que su madre, le respondió con un gesto de cansancio, que bastante agotador. Ella se acercó y le hizo un breve masaje en su espalda, lo cual en su vida había hecho a ella con su mamá.
Mientras, ella le hacía ese breve masaje a su madre, ésta le comentó que su hermana había ido para darles una buena noticia, la cual dará en la cena e incluso trajo una botella de vino, para hacer un brindis. El menú de hoy, lo trajo ella también. Alejandra, solo comentó, que le parecía muy bien.
Así que una vez sirvieron y justo antes de comenzar la cena, Jennifer anunció a la familia que sería madre, todos se emocionaron…
―¡Felicitaciones, hija! ―gritó el padre de ellos, emocionado.
―¡Felicidades, mi amor! ―comentó la madre.
―Por mi sobrino ―levantó su copa y brindó Román―, por el nacimiento de mi primer sobrino.
―¡Por mi sobrino y por ustedes! Para que sean unos excelentes padres ―brindó y sonrió contenta Alejandra.
Así, esta cena se extendió porque se abrió una botella de whisky con la cual siguieron brindando los tres caballeros que ahí se encontraban. Juan, el esposo de Jennifer, estaba realmente muy feliz por la llegada de su primer hijo. Siendo casi las diez de la noche, Alejandra recibe una llamada de Jean Carlos Fernández…
―Buenas noches ¿Alejandra?
―Si ella habla, buenas noches, Jean Carlos.
―Disculpa te moleste a esta hora. Primero quiero saludarte, saber ¿cómo estás? Y decirte que me place mucho escuchar tu dulce voz.
―Estoy muy bien, no te disculpes, aún estoy despierta y gracias por lo de mi dulce voz, nunca nadie me ha dicho eso… que tengo una dulce voz. Gracias.
―Alejandra, te estoy llamando porque necesito con urgencia un… cómo decirlo… será un aprendiz, alguien a quien entrenar para que me realice en la empresa las vacaciones de uno de mis analistas, pero la idea es que si da la talla, se quede con el cargo. Como tú de eso sabes más que yo, ¿me puedes ayudar? Y lo otro, lo necesito para ayer. Es urgente, de ahí que te esté molestando hoy viernes y a esta hora.
―Tranquilo, para eso estamos, dame unas horas, mañana aproximadamente a las doce del mediodía te debo estar llamando para darte todas las respuestas ¿te parece?
―¡Perfecto! Sabía que era tú, la indicada para ayudarme con esto. Ahora dime, ¿Cómo te ha ido? ¿Qué has hecho?
―Gracias a ustedes y a todo el apoyo de parte de Don Jorge, extraordinariamente bien. En cuanto a que he hecho, cumpliendo algunos de mis objetivos y metas. Siempre hacia adelante, solo le pido a Dios cada día me conceda salud y sabiduría, lo demás llega por añadidura. Perdón, pero creo mucho en Dios.
―No tienes por qué pedirlo, yo también creo mucho en Él. Y me alegro mucho te esté yendo muy bien. Ahora sí te dejo para que descanse. Y déjame hacer un espacio en mi agenda para invitarte a almorzar o cenar para que pases un rato divertido como me dijiste la vez que salimos.
―Ok. Estamos pendiente. Ya sabes al mediodía te tengo una respuesta. Feliz noche.
Al siguiente día, Alejandra cumpliendo lo prometido a su nuevo amigo porque así sentía a Jean Carlos, hizo las respectivas gestiones y le contactó no uno sino dos estudiantes que asistirá el lunes a primera hora. Ella pasó la información a Jean Carlos, con los números de teléfono de ellos, para que el concertará alguna entrevista y luego decidiera. Cuando lo llamó para informarle, él estaba muy agradecido y antes de despedirse de ella le mencionó que estaba en deuda con ella, apenas pudiera la invitaría para compartir un rato con ella.
Luego en la tarde nuevamente cumpliendo con sus amigos, Ale acude a casa de Luzmarina en compañía de Janet. Las dos consiguen a la mamá de su amiga, muy mal, se veía que estaba sufriendo mucho, esta fue una noticia devastadora para toda la familia, porque no sabían que la señora estaba tan mal. Ella acompañó a su amiga toda la tarde. E incluso se unieron a un grupo de oración que ahí se encontraba.
Dos semanas después:
Una vez que Alejandra contactó al promotor encargado de la venta del apartamento, él le ofreció gestionar todos los trámites, para que ella no pidiera permiso en su trabajo, además era alguien conocido. Ella, exactamente dos días antes, que se venciera el plazo que le habían dado para este trámite, acude al registro para la firma del documento, lo cual por razones de tiempo, fijaron para horas del mediodía.
Sorpresa la de ella, cuando al llegar al registro, observa que quien firma por la constructora, era Marco Valenzuela. El magnate de la construcción como le dijo al oído, Don Jorge Valbuena. El la reconoce y de inmediato se acerca a ella, para saludarla, dándole un beso en la mejilla y en las manos. Ale, sintiéndose nuevamente perturbada, lo saluda y se queda inmóvil ante los besos que él le dio.
―Es realmente un honor volverte a ver Alejandra Del Rio ―al parecer no olvidó el nombre de ella.
―Igual para mí, señor.
―Dime Jorge, no soy viejo para que me llames señor.
―Ok ―riéndose Alejandra, haciendo un esfuerzo por llamarlo por su nombre a secas―, Jorge.
―¡Así está mejor! Estoy esperando con muchas ansias me llames para lo de tus alumnos, recuerda que te lo dije el día de la reunión y te lo repito aquí, estoy a tus órdenes. Tu petición será una orden para mí.
―Gracias, realmente es muy agradable escuchar tus palabras de apoyo. Te vamos a estar infinitamente agradecidos, tanto las autoridades, como la planta de docentes y ahí me incluyo, como nuestros estudiantes.
―Me siento satisfecho con que tú te sientas agradecida.
―Además, ignoraba que eras tú quien firmaría por la constructora, o mejor dicho el propietario del apartamento.
―Te estoy vendiendo mi primera adquisición en este bloque de apartamentos, pensaba quedarme con él, pero después cambie de planes y por eso lo saque a la venta. Si lees el contrato te lo vendo yo, en mi propio nombre, no como presidente de la empresa.
―¡Ah, que bien! Entonces ¿tú lo decoraste?
―Totalmente a mi gusto
―Tienes excelente gusto, desde que entre al apartamento, me enamoré de él.
―Pero, me retrase en el proceso de compra, porque debía hacer los trámites ante mi fondo de ahorro y el instituto de ahorro. Ellos fueron los que tardaron en dar la decisión. Pero, como paradoja del caso, después me pusieron a correr para la firma de compra.
―Sí, ellos se rigen por mucha burocracia. Pero, bueno ya es tuyo, acabamos de firmar y ahora es de tu propiedad. ¡Felicitaciones!
―Gracias, infinitas gracias. ―interrumpiéndolos en su conversación se acerca el promotor.
―Señorita Alejandra, aquí están sus llaves, el documento, en esta carpeta encontrará todo lo relacionado con solvencia, condominio, recibos y servicios públicos.
―Gracias. Mira, si no me equivoco para ingresar al estacionamiento del mismo, ese día tú usaste un control. ¿Debo tramitarlo o tú me harás entrega del mismo?
―Te voy a hacer entrega del mío ―contesta Marco, respondiendo a Alejandra, pero al dirigirse al promotor, le indica, muy serio―, te hice entrega de un control precisamente para mostrar el apartamento.
―¡Si, señor! Tiene razón, pero con la carrera se me quedó en mi escritorio. ―volteando hacia donde esta Alejandra, este pregunta― ¿Dónde la puedo ubicar para hacerle entrega del control, en una hora?
―En la Universidad Nacional, en el Centro de Investigaciones, estaré ahí hasta las seis de la tarde.
―Yo que pensaba invitarte a celebrar esta adquisición ―mirándola a los ojos y coqueteando con ella, le comentó Marco.
―Gracias, en otra oportunidad será que lo celebremos, pero me están esperando, por eso hable con el promotor, para que nos viéramos aquí a esta hora.
―Sí, te comprendo. Bueno Alejandra, te felicito por tu adquisición, con el hecho que seas tú la nueva propietaria, se me quita cualquier remordimiento por haberlo vendido.
―Ya no te puedes arrepentir ―mostrando la carpeta donde tiene el documento original―, ¡Ya es mío!
―¿Me puedes dar tu número de celular, Alejandra?
―Si ―ella le dicta el número y él lo graba en su celular.
―Estamos en contacto. Voy a salir de viaje del país, por unos días, pero al regresar, me gustaría mucho verte y reunirme contigo, sobre todo para tratar lo de los jóvenes que necesito en la Constructora.
―Encantada de poder reunirme contigo, estoy a tus órdenes.
―El encanto eres tú. No te lo dije cuando llegaste, lo cual me hace quedar mal, pero te lo digo ahora, ¡estás muy bella!
―Gracias ―respondió Alejandra con una amplia sonrisa que la hacía aún más bella.
―Si me vuelves a sonreír así, creo que ni siquiera de viaje me voy ―afirmó el sonriendo también.
Los dos se despidieron, Marco hizo la entrega del control que estaba en su poder y salieron al estacionamiento del registro; donde cada uno se montó en su coche, saliendo hacia la calle principal. Ellos, cada uno en su auto, a través del retrovisor delantero siguieron con la vista al otro, hasta que se desviaron cada uno hacia la dirección que tomarían para llegar a su destino.
Alejandra, al llegar a la universidad, quería y sentía las ganas de comentar este triunfo con alguien, pues no había hecho partícipe de esto a nadie, salvo a sus dos amigas Janet y Luzmarina. Ella en vista del problema que tenía Luz en su casa, llamó primero a Janet, a quien le comentó…
―Amiga, acabo de firmar la adquisición de mi nuevo apartamento.
―¡Felicitaciones Alejandra! Te lo mereces, eres extraordinaria, muy buena. Me alegro mucho amiga, sino es por lo de la mamá de Luzmarina, te diría que lo celebremos, pero creo que ninguna tiene ánimo para eso.
―Así es, por cierto ¿Cómo sigue? Por estar con estos trámites, tengo como dos días que no se nada.
―Cada vez peor, los médicos dicen que ya está en la etapa final, en cualquier momento se va ―quebrándose la voz de Janet con este comentario y guardando silencio por unos segundos.
―Alejandra ¡Cuánto lo siento! Si salgo a las seis de la Universidad, iré hasta su casa.
―¿Si quieres nos vemos allá? Porque debo llevarle algunas cosas a Luzmarina, tu sabes que le dieron una licencia por la enfermedad de la mamá. Pero necesita llenar unas planillas y se las voy a llevar.
―Ok. Ahí nos vemos.
Alejandra al llegar al estacionamiento bajó la carpeta, para hacer un fotocopiado de todo, de tal manera, guardar los originales en sitio seguro y dejar las copias para cualquier trámite que requiera. Esa tarde, se pasó muy rápido el tiempo y Ale pudo acompañar a su amiga por un buen rato, no sin antes avisarle a su mamá donde estaba y porque.
Al llegar a su casa, llegó directamente a su habitación, se metió al baño. Estando ahí, su madre la busca para saber si va a comer. Pero ella le respondió que no, le había afectado mucho ver el estado de la mamá de su amiga Luzmarina. Su madre, en vista de esto, le preparó un batido de fruta, que tanto le fascinaban a ella y se lo llevó para que lo bebiera antes de dormir.
Alejandra le agradeció mucho esto a su madre, como muestra de esto, la abrazó muy fuertemente, le beso y le dijo que la amaba mucho. Su madre emocionada hizo lo mismo con ella, quedándose un rato en la habitación de su hija, dándole ahora las caricias y arrumacos que no le dio cuando niña. Las dos guardaron silencio. Natalia solo salió de la habitación cuando se aseguró que su hija estaba dormida.
Al mes exacto de haberse enterado Janet y Alejandra que la mamá de Luz tenía cáncer, fallece la señora, el treinta de noviembre de mil novecientos ochenta y nueve, por lo cual Alejandra y Janet tuvieron que hacer espacio dentro de sus jornadas de trabajo para acompañar a su amiga durante estas primeras horas de duelo. Lamentando mucho esta muerte, Alejandra colaboró en todo lo que pudo con esta familia, pues, ellos, la querían mucho.
A raíz de la enfermedad y muerte de la mamá de Luzmarina, Alejandra fue cediendo con sus padres y compartiendo más con ellos, es así como al recibir las vacaciones colectivas escolares de navidad, se las dedica a sus padres con quienes comparte gran parte de esta vacaciones llevándolos al cine, la playa, recorrido por centros comerciales e incluso paseos en lanchas por las islas vecinas, los cuales disfrutaron mucho sus padres.
Esto comenzó a dar un vuelco en la vida de Alejandra, porque no hallaba como decirles lo de la adquisición del apartamento y que se quería independizar. Ya ella poco a poco, había ido acondicionando a su gusto el apartamento, para mudarse al mismo a principios del nuevo año.
En todo caso, después del funeral de la mamá de Luzmarina, Alejandra y Janet trataron de compartir más tiempo con ella y apoyarla, de ahí, que Alejandra las había llevado para que conocieran su apartamento. Se reunieron en él un sábado quedando fascinadas las amigas de Alejandra con el apartamento, estaba espectacular y lo más importante, no había que hacerle nada, todo estaba hecho y con materiales de primera, además de totalmente equipado, obvio, si era del constructor, es decir, del dueño del edificio.
Alejandra, había comprado algunas cosas para cocinar ahí y hacer olvidar por un rato a Luz de su lamentable perdida. Algo que llamó poderosamente la atención a ella, es que ese sábado al llegar, el conserje le dijo que el día anterior le habían traído un ramo de flores, que el recibió y un sobre sellado. Ella le respondió que por favor lo subiera.
Una vez que llegan al apartamento, sube el conserje con el ramo de flores y el sobre. Ella suponiendo de quien era este regalo, le da las gracias, mientras abre la puerta e invita a pasar al conserje para que deje todo sobre la mesa de la sala. El entra le deja en la mesa y sale deseándoles feliz día. Janet y Luz estaban anonadadas con el apartamento, aparte de nueva construcción, excelente ubicación, acceso a todo, encima amplio, lujoso y con todo lo necesario para una vida cómoda y tranquila en él.
Al dejar las bolsas de comida que trajeron sobre el mesón de lujo de la cocina, en la cual todos los acabados son de primera, y teniendo una vista espectacular del mar, las tres van emocionadas a la sala para revisar el sobre y ver de quien es. Alejandra, lo abre y consigue una nota: "Para la mujer más hermosa que mis ojos han visto en esta Isla. Felicitaciones y bienvenida a tu nuevo hogar, espero que al mirar cada objeto recuerdes que lo compre yo mismo. Todo está ahí, totalmente a mi gusto. Y sí, tengo excelente gusto, tanto que me gusta la mujer más hermosa de la isla. Tuyo Marco Valenzuela"
Alejandra, sonrió al terminar de leer la nota que estaba en el sobre y se la paso a sus amigas. Ella salió de inmediato caminando hacia la cocina, sabía que sus amigas la bombardean a preguntas…
―A ver amiga, ¿que no nos has contado? ―inquirió Janet.
―Marco Valenzuela, es el magnate de la Construcción y presidente de esa Cámara. Lo conocí el día de la reunión en la Cámara de Comercio. Luego lo volví a ver el día de la firma donde adquirí este apartamento, porque él era el propietario.
―¡Ah! Ahora entiendo lo de que “al mirar cada objeto lo recuerdes” O sea, que el tipo viene con toda la carrocería por ti.
―Eso es un decir, porque si le gustara, me llamara, me buscara, y más cuando sabe dónde él cree que vivo.
―Pero, él dice que eres la mujer más hermosa de la isla y si como dices es el magnate de la Construcción las debe tener por montón. ―afirmó Luzmarina.
―¿Y qué tal lo de tuyo? ―preguntó Janet
―Jajajajajaja ―se rió fuertemente Alejandra.
―No amiguita, para que te diga eso debe haber pasado algo más ―reflexionó Luzmarina.
―Nada, ya les dije, no hay nada, ni hubo nada, ni creo habrá algo, es un hombre de unos 40 años aproximadamente, es alto, de piel blanca, contextura gruesa, tiene tanto los ojos como el cabello negros, pero usa corte bajo, tipo militar. Me imagino le llueven las mujeres. Además que es arquitecto y dueño de una constructora.
―Bueno, entonces, el tipo esta por declararse, porque este ramo de flores vale un billete y del bueno.
―Que se ve le sobra ―agregó Alejandra, acomodando el ramo sobre la mesa de la sala.
―Ok, entonces esperaremos, pero promete que nos contaras todo. Porque cuando Diego Alejandro ya éramos amigas y nunca nos contaste, nos vinimos a enterar el día de la fiesta de tu graduación en el postgrado.
―Ok, prometido. Ahora vamos a la cocina, para ver que hacemos, porque aquí lo que hay son tres aprendices de cocina ―expresó Ale.
Las tres pasaron un día distinto, relajado totalmente y salieron de ahí, casi a las seis de la tarde cuando Alejandra las llevaría a cada una a su casa. Una vez en su casa ella decidió que en los próximos días llevaría al apartamento a sus padres y su hermano, porque quería iniciar año nuevo residenciada en su nuevo apartamento. Y así lo hizo.
El último viernes del año, en horas de la tarde, arrancó con sus padres y su hermano rumbo al apartamento sin decirles para donde iban. Al llegar, ella buscó el control en la consola de su coche y abrió el portón del estacionamiento. Ella fue saludada por el vigilante, se ve que la conocía quien la llamó señorita Alejandra. Ellos extrañados no preguntaron nada, solo la siguieron.
Se bajaron del coche, caminaron con ella hacia la entrada y luego hacia el ascensor, en el cual subieron al quinto piso. Al llegar y salir de este, ella buscó en su bolsa las llaves, con las cuales abrió la puerta del apartamento. Al entrar, Ale les dice: “bienvenidos a mi apartamento”. Todos quedaron asombrados. El primero que reaccionó fue su hermano Román…
―¡Felicitaciones, hermana! Esta precioso, bello y esa vista al mar esta espectacular.
―Gracias, Román, me alegra te guste.
―Esta precioso, pero ¿cuándo lo compraste y lo decoraste?
―Lo compre amoblado. Todo lo que aquí esta, venía con el apartamento.
―Felicidades, hija, estoy muy emocionada de este logro tuyo, cada día descubro más cosas de ti, que me hacen avergonzarme de todo el tiempo que no te dedique ―y la abraza, llorando.
―En cuanto a cuando lo compré, fue hace como un mes. Pero con lo de la muerte de la mamá de Luzmarina, se me hizo difícil organizar algo para avisarles y sobre todo para celebrar mi nueva adquisición, así que hoy haremos esa celebración ―y diciendo esto caminó hacia la cocina para buscar en el refrigerador una botella de champaña que había comprado para esta celebración.
Ella sacó las cuatro copas de una consola que había junto al bar, entregó a su padre la botella para que la abriera y el mismo sirvió el vino. Los cuatro brindaron y después de esto, cada uno comenzó a recorrer el apartamento. Tenía tres habitaciones con sus respectivas salas sanitarias, además de dormitorio de servicio, terraza, cocina totalmente equipada. Todos estaban emocionados por esta adquisición y le dijeron lo orgullosos que estaban de ella.
Alejandra feliz, les anunció que a partir del nuevo año, se mudaría sola a este apartamento, porque uno de sus objetivos de vida era precisamente este independizarse. Todos abrazándola, estuvieron de acuerdo que ella debía hacer su propia vida…