El día que Alejandra llevó su familia a conocer el apartamento todos se sintieron emocionados de ver la adquisición hecha por ella, disfrutaron del mismo, sobre todo la vista panorámica del mar y de una parte de la isla, asimismo de la agradable brisa que sopla en la terraza. Esa tarde de regreso a la casa su hermano se puso a la orden para ayudarle a llevarse su ropa y sus cosas para el inmueble. Su madre iba callada y Alejandra observó esto por el retrovisor delantero de su coche.
Al llegar a la casa, Román caminó detrás de Alejandra hacia su habitación, una vez adentro, le hizo ver a ella, que no se dejará afectar por la tristeza de su mamá, que disfrute su apartamento y todo cuanto Dios le ha dado, que en todo caso, él no se mudaría ni los dejaría solos. Pero que ya era hora, de pensar más en su comodidad y buscar su propia felicidad. Ella emocionada, lo abraza…
―Te amo hermanito, siempre he contado contigo para todo, siempre me has cuidado y apoyado. Te estoy infinitamente agradecida ―desbordando sus lágrimas de felicidad por esta actitud de él.
―Tu sabes, que has sido siempre mí consentida, mi apoyo y no puedo menos, que hacer lo mismo contigo. Nosotros dos para lo que salga ―chocando los puños de sus manos con los de ella.
―Voy a empezar a empacar, a recoger mis cosas e irlas llevando poco a poco, al apartamento. Realmente para esto te voy a necesitar, junto con tus maletas ―sonriendo los dos, por este comentario de ella.
―Tu, solo dime y aquí estoy ―abriendo sus brazos.
―Gracias, gracias, infinitas gracias.
―Siempre vas a contar conmigo, no se te olvide
―Lo sé.
―Avísame.
―Ok.
Su hermano salió de la habitación y se dirigió a la de él, para descansar porque al igual que Alejandra le habían dado estos días de vacaciones colectivas. Debiéndose reincorporar el día martes dos de enero. El, solo en su habitación comenzó a reflexionar sobre lo que ha sido la vida de su hermana, porque a pesar de ser el menor, siempre observó ese distingo que hicieron sus padres entre sus tres hijos, especialmente con ella.
Por ello, considera necesario dejar que se independice y viva su propia vida, sin el ojo y voz controladora de sus padres. Ella se merece lo mejor, todo lo que tiene se lo ha ganado a pulso, buscando sobresalir y destacarse siempre, para ganar un lugar no solo en esta vida, sino que le tocó más duro, en su propia familia.
Este fin de semana y fin de año, la familia de Alejandra se reúne para celebrar juntos esta fecha tan importante, incluyendo su hermana y su esposo. Ella se involucra en todos los preparativo. Pero, en la mañana del último día, Román, su hermana Jennifer y su esposo Juan, salen con Ale, para su apartamento, porque ella ya comenzó la mudanza hacia este, además que quiere su hermana conozca donde vivirá a partir de este nuevo año.
Al entrar al apartamento, su hermana, quedó asombrada de la belleza del mismo, lo amplio y cómodo que era, así como de su excelente ubicación. Ellos disfrutaron un rato recorriendo todo el inmueble, mientras ella acomodaba parte de las cosas que había traído. Una vez que Alejandra termina, Jennifer le pregunta…
―Hermana ¿tienes novio? O al menos alguien con quien compartir tu vida…
―No, si bien es cierto no lo ando buscando, cuando llegue bienvenido será.
―Así es hermana, el verdadero amor, te llegara sin avisar ―esto lo dijo acariciando con ternura la mejilla de Juan, su esposo.
―Eso mismo pienso yo.
―Hermana, ¿tienes agua fría? ―preguntó Román.
―Si, revisa en el refrigerador.
Ya todos listos, parten nuevamente hacia la casa de sus padres. Estos al verlos llegar, les informan que habían invitado a los padres de Juan y a Diego, para que celebrarán esta fecha con ellos. A todos les pareció buena idea, salvo, Alejandra, porque estas fechas siempre la han deprimido.
Desde que tiene uso de razón, ella ha esperado para estas fechas la llegada de su príncipe azul, por lo que la ausencia del mismo, la deprime, al verse sola. Ale no ha logrado dominar totalmente sus reacciones y teme que entre la depresión normal de la fecha y la presencia de quien ha sido su único y verdadero amor, caiga o acepte algo que no le convenga.
Por lo tanto, que este Diego Alejandro, a pesar que tiene tiempo no lo ve, a pesar de haberle dicho que no lo amaba, la hace sentirse un poco mal y temerosa, porque no sabe cómo reaccionara, ante esto, que ella vive y siente, cada treinta y uno de diciembre. En todo caso, fue hasta la cocina, para ayudar a su madre con lo que aún faltaba por preparar y luego se encerró en su habitación para arreglarse a esperar los invitados.
Ella el día anterior se había hecho un corte y cambio de color del cabello, por un rojo intenso que le quedaba arrebatador, que la hacía más cautivadora. Combinando este look con un vestido n***o, ceñido al cuerpo, el cual moldea su perfecta figura, forrado desde las copas de los senos hasta las rodillas, pero totalmente transparente de ahí hasta el cuello, sin manga, mientras en la parte trasera lo transparente va desde la parte alta de la espalda hasta la cintura y él acompañó con unos tacones altos rojos. Ella se veía espectacular.
La familia de Juan y Diego llegaron aproximadamente a las diez de la noche, todos se veían muy contentos y felices. Alejandra aún estaba dando los últimos retoques a su maquillaje, al salir, todos hasta su propia familia quedaron asombrados al verla, estaba sumamente bella. Para sorpresa de ella, no estaba Diego Alejandro, esto la hizo sentirse más relajada y tranquila. Desde este punto de vista, disfrutó mucho las visitas de sus amigas y la familia de Juan.
Siendo las once y treinta minutos de la noche, llegó Diego Alejandro, se veía muy guapo, parecía más alto y corpulento que nunca, demasiado varonil, Alejandra que salía de la cocina con unas copas en sus manos quedó asombrada al verlo. E igual le pasó a él, al verla a ella. Acercándose a ella, le quita las copas de las manos, no sin antes decirle…
―¡Estas muy bella, Ale! Buenas noches, para que te preguntó ¿Cómo estás? Si a la vista se ve cómo estás ―saludó él, dándole un beso.
―Hola Diego, estoy muy bien, gracias y ¿tu?
―Excelente y ahora más, porque estás tú.
―Me imagino, creías que no vendría ―afirmó con una sonrisa muy natural.
―No pensé tener tan buena suerte ―respondió ella riendo igual.
―¡Caramba! No pensé caerte tan mal
―Jajajaja, yo no dije eso y vamos, deja de coquetearme, que no seré más tu víctima.
―¡Nooo! De haber sabido que me recibirían así, no vengo ―bromeando él con ella.
―Ven, ayúdame a servir estas copas que son para los suegros de Jennifer.
―Dale, pero ¿Dónde están?
―En el garaje, ahí colocamos las mesas para esperar el año nuevo afuera, hay mucha humedad y calor.
―Sí, tienes razón, pero ha estado así todo el día.
―Sí, lamentablemente y gracias por tu ayuda. Ven, vamos…
El caminando detrás de ella, la siguió hasta llegar a donde estaban los suegros de Jennifer, saludo y su familia en pleno se quedó asombrada de verlo ahí. Ellos conversaban como dos viejos amigos, como si entre ellos, no hubiera pasado nada. Y eso le dio más tranquilidad y confianza a Ale. Ya casi cerca de las doce, todos comieron las uvas pidiendo los doce deseos, pero, ella las disfruto sin solicitar ningún deseo, que pase lo que Dios quiere fue todo lo que pidió. Se dieron el abrazo de nuevo año entre todos y Diego invitó a bailar a Alejandra quien aceptó.
Los padres de Diego, viendo bailar a su hijo con Ale, comentaban entre ellos, los felices que estuvieran hoy si ellos hubiesen consolidado su unión, hacían una pareja perfecta, el muy guapo y ella inmensamente bella, los dos estaban muy elegantes. No obstante, se conformaban que se la llevaran así, tan bien, como dos extraordinarios amigos.
Diego y Ale estaban tan concentrados en el baile, que no se dieron cuenta que entre los vecinos que habían llegado de la cuadra, para dar el feliz año, estaba Maribel y su hermana. El sonriendo con ella, al mirar hacia la mesa donde estaban sus padres, observó a su mujer y su cuñada sentadas en torno a la mesa, y a sus dos hijos, esto le cortó la inspiración y le borró la sonrisa del rostro…
―Ale, me voy a retirar, porque mi mujer y su hermana están aquí, sentadas junto a mi padre, para evitar algún escándalo, me voy y me las llevo.
―Tranquilo, por mí no hay problema, no estamos haciendo nada malo o que intente serlo, simplemente nos estamos divirtiendo como dos amigos. Pero te agradezco infinitamente, trates de protegerme.
―Sí, no puedo permitir que armen un escándalo aquí ni por ti, ni por tus padres. Tú sabes, que te amo mucho, a pesar que tú, a mí no. Así que será mejor nos separaremos aquí, mientras yo camino hacia la mesa para llevármelas.
―Como tú quieras.
Justo en ese momento, Román, su hermano dándose cuenta de la situación, la toma del brazo y comienza a bailar con ella, mientras Diego se retira hacia la mesa. Al llegar a esta, le pregunta enfadado a su mujer…
―Y tu ¿Qué haces aquí? ¿Quién te invitó?
―¿Es que acaso necesito invitacion para entrar donde está mi marido? ―levantando la voz.
―Por favor, baja la voz, no estás en tu casa, ¡vámonos! y ¿porque los niños, aún están despierto a esta hora?
―Porque te están esperando y si vámonos, a mí no me gusta estar donde no me han invitado ―caminando con los niños hacia la salida de la casa.
―Tú sabes, no tolero me acoses ni me persigas. Ya te lo he dicho en otras oportunidades.
Por respeto a Alejandra y para que ella no presenciara ningún show de parte de su mujer, Diego salió de ahí de inmediato, sin despedirse de nadie. Los padres de él miraban con desaprobación la conducta de su nuera. Alejandra siguió bailando con su hermano como si nada. A lo que Diego salió Román le comentó…
―Ya se fueron.
―Gracias a Dios, aunque solo estábamos bailando, me dolería mucho mami y papi se preocupen por algo que no existe.
―¿Estás segura?
―Totalmente.
―No era eso, lo que parecía.
―Por eso dicen, que uno no debe dejarse llevar por las apariencias.
―Tienes toda la razón ―comenta su hermano sonriendo con ella― Pero bueno ya se disiparon las nubes, así que no caerá ningún aguacero.
―Me dan risas tus palabras.
―Ven, vamos a conversar un rato con los invitados, porque conociéndote en unos minutos vas y te acuestas.
―Cierto, es más, ¿no te parece extraño, que aun este despierta?
―Sí y mucho, por eso me asombré que no te afecte, que haya estado aquí la mujer de Diego.
―Es que ni siquiera la vi. Diego me sorprendió cuando me dijo que se iría para evitar un escándalo porque junto a sus padres estaba su mujer y su cuñada. Él me había pedido me retirara en sentido contrario a donde él salía, cuando tú me tomaste de las manos para bailar.
―Buena eso, por mi amigo.
―Valiente amigo, que se fue y te dejo con el paquete bailando ―los dos se rieron cuando ella pronunció esas palabras.
Alejandra y Diego dejaron de bailar y se sentaron en la mesa junto a los padres de Diego y sus hermanas, echaron chistes y bromeaban con ellos. Nadie tocó para nada el tema de Diego y su mujer y su pronta partida. Ellos estuvieron casi hasta amanecer al igual que Ale, quien a pesar de todo se divirtió mucho.
Casi a las cuatro de la mañana, la familia de Diego se despide y Alejandra igual de su familia, porque se iba a dormir. Ella al entrar en su habitación, se miró nuevamente ante el espejo y se veía feliz, había pasado una deliciosa velada, en parte gracias a Diego Alejandro. Se metió al baño, se ducho, se vistió y se acostó a dormir.
Por su parte, Diego Alejandro, había peleado con su mujer y se había ido a dormir a casa de sus padres, donde aún conservaba su habitación de soltero. Al entrar a esta, vino a su mente la tarde que Alejandra lo vino a ver, para despedirse, y donde terminó siendo su mujer. El a pesar de los años y de las tantas mujeres con las que ha andado, no ha podido olvidar a Ale, la lleva en el corazón, en la sangre, en su mente y en su cuerpo.
Volviendo la mirada al presente, reconoce lo hermosa y bella que estaba hoy y eso precisamente lo lleva a reflexionar, ¿Por qué siendo tan bella, está sola? ¿Por qué no tiene novio? ¿A quién está esperando? ¿Será que Ale le mintió cuando le dijo que ella no lo amaba? El pensando y recordando cada palabra de su conversación con ella, no encuentra una señal que le exprese, que ella aún sienta amor por él.
Diego se levantó y salió de nuevo hacia la casa de Alejandra, pero al llegar, ya ellos se habían acostado. No le quedó más, que devolverse a la casa de sus padres y acostarse a dormir. En todo caso, había tomado una decisión averiguar con Diego si Ale tiene o no algún pretendiente o ¿Por qué está sola? Siendo como es, tan bella, joven, inteligente, triunfadora; siempre ha sido, contra viento y marea, una mujer decidida, como dicen algunos, echada para delante, valiente, enérgica que logra sus objetivos.
Ese día en la mañana, Ale, se levanta y metiendo en su carro las cosas que le faltaban por llevar a su apartamento, sale sin que se den cuenta sus padres ni sus hermanos porque todos dormían. Ella arranca dispuesta a iniciar una nueva vida y comenzaría desde hoy, su primer día del año. Al llegar al apartamento, revisa el refrigerador, saca algunos alimentos para prepararlos y enciende la televisión ubicada en la cocina.
Mientras ve un programa de videos y música, come y nuevamente se acuesta a dormir. Así se durmió por espacio de seis o tal vez siete horas; eran las siete de la noche cuando despertó y llamó a su mamá para avisarle que estaba en el apartamento y que se quedaría ahí…
―¡Aló mami! ¿Cómo has pasado el día?
―Bien mamita, descansando. No te despediste, pensé que no querías hacerlo para que no nos afectara. Sabes, me hubiese gustado hacerlo.
―Si supieras, que me desperté esta mañana con la intención de venirme y traerlos a pasar el día conmigo, pero estaban todos dormidos, así que decidí salir sin hacer ruidos.
―Me hubieras llamado, al menos, te hubieras llevado algo de comida de la quedó anoche. Hemos comido todo el día con eso. Hoy no cocine ―sonrió su madre.
―Me alegro por ti. Te lo mereces, trabajas mucho con los quehaceres de la casa.
―Hoy vino Diego Alejandro, como al mediodía preguntando por ti.
―¿Sabes, para que me buscaba?
―No, ni idea, no me dijo. Es más, se quedó mudo y se fue, cuando le dije que te habías ido para tu nuevo apartamento, que a partir de hoy comenzabas a vivir sola, que te independizaste. Le pregunté si te daba algún mensaje y me respondió que no.
―¡Ah, ok! Entonces no era nada importante, porque te hubiera dicho.
―Así es.
―Bueno mami, te dejo, para que descanses, por favor, no se te olvide enviarme la bendición así no te llame, lo digo porque a veces tengo tanto trabajo, que no me da tiempo para nada y por eso llegaba a la casa, casi siempre lista pero para dormir.
―Tranquila mi amor, así lo haré. Dios te bendiga, que pases una feliz noche
―Amen e igual para ti. ―trancando su celular.
Una vez que comienza el año escolar tanto en el instituto como en la Universidad, Alejandra comienza a ser asediada, pero por hombres casados o con relaciones de hecho, de forma permanente y pública. Ella se veía muy bien, ese nuevo look le favorecía enormemente, hasta Don Jorge Valbuena, con cualquier excusa la llamaba.
A las dos semanas de haber iniciado las clases, recibe la llamada de Jean Carlos, para invitarla a almorzar, ella acepta de inmediato, porque es el único que no la hace sentirse acosada sino todo lo contrario relajada, tranquila y a quien ve sinceramente como un buen amigo. El la lleva a un restaurante, en un centro comercial nuevo que se abrió en la isla y el cual es muy concurrido.
Ellos se encuentran en el estacionamiento del mismo, entran caminando y conversando tranquilamente, el uno al lado del otro al centro comercial, luego al restaurante, donde son ubicados en una mesa que había reservado Jean Carlos. Quien antes de cualquier otra cosa, pidió una botella de un buen vino y la carta para elegir. No obstante, desde que se bajó de su coche Alejandra, Jean Carlos quedó asombrado por lo bella que estaba con ese nuevo look y así se lo hace saber…
―¡Mujer! ¿Qué te has hecho? Estas demasiado hermosa y bella
―Solo un cambio de color y corte de cabello ―sonrió ella.
―Pero te quedo fenomenal, te ves, demasiado bella. ¿Cómo andas sola, con tanta belleza encima?
―Porque prefiero andar sola que mal acompañada y ―sonrió con él.
―Entonces, si me aceptaste la invitación a almorzar, es porque me consideras buenas compañía.
―Así es ―responde ella.
―Tenía muchas ganas de verte, sabes que tus pupilos, los dos son extraordinarios.
―¡Qué bueno! No sabes cuánto me alegran tus palabras. ¿A quién elegiste, a Luis o a Juan?
―A los dos.
―Extraordinario, gracias Jean, por el apoyo que das a nuestros estudiantes, ¡eres lo máximo!
―De haber sabido que recibiría tantos piropos juntos, te hubiese llamado antes ―mencionó sonriendo, mirando de frente y francamente a Alejandra.
―Te estoy inmensamente agradecida. Ahora dime ¿el desempeño de ellos, cómo es?
―Excelente, son responsables, puntuales, organizados, metódicos; excelente como te dije al principio.
―¡Qué bien!
Llegando el mesero con la botella y la comida, ellos hacen silencio, observan al joven servirles y luego retirarse deseándoles buen provecho. Una vez que éste se retira, Jean Carlos le comenta…
―¿Te fijaste la habilidad que tiene el chico para organizar todo tan rápido?
―Si ―respondió ella―, tiene unas manos muy hábiles.
―Por este nuevo año, por ti, por nuestra linda amistad, que está iniciando, desde hace unos meses para acá ―levantando y entrechocando la copa de él con la de Alejandra.
―Salud ―mencionó ella.
―Gracias Alejandra, por cierto ¿te puedo llamar Ale?
―Así me dicen mis amigas y mi familia. Sí, claro que sí ―contestó ella sonriendo y asintiendo con la cabeza.
―Gracias por ser tan complaciente.
―No te creas, no todo el tiempo soy así.
―¡No me digas! ―sonriendo él, nuevamente.
―Aunque parezca serlo, me cuesta.
―Creo que a todos nos cuesta. Buen provecho.
―Gracias e igual, buen provecho para ti.
Ellos pasaron un rato muy agradable, hablaron sobre varios temas, tocando incluso el tema de las investigaciones. Con esta finalidad Ale, comenzó a hacerle preguntas para ayudarlo a aclarar sobre qué investigaciones le pudieran arrojar datos relevantes para tomar decisiones, hacer correcciones en la organización y en todo caso, alcanzar altos niveles de desempeño en su personal, en cualquiera de sus departamentos. A él, cada día le fascinaba más conversar con ella, era tan inteligente y sabia como bella.
Estando los dos en amena conversación y enviando un mensaje de texto Ale a su jefa inmediata, reciben el saludo de Marco Valenzuela, quien se acerca para saludarlos. El andaba con un grupo de empresarios, los cuales pudo identificar Alejandra; todos, asombrados de su belleza, la saludaron y se pusieron nuevamente a sus órdenes…
―Buenos tardes, Alejandra
―Buenos tardes, señores
―Buenos tardes, Jean te felicito por tan bella y extraordinaria compañía.
―Buenas Marco, y si gracias, indudablemente es la mejor compañía, que pudiera desear ―respondió con desconfianza, conociendo la tan larga trayectoria de mujeriego que tenía.
―Con el permiso de ustedes me retiro y ofrezco disculpa por la interrupción ―dirigiendo su mirada hacia la libreta donde Alejandra escribía algo.
―No, no hay problema. Fue un gusto saludarte, respondió Jean.
Marco, se retiró sin hacer comentario alguno sobre el ramo de flores enviado a Alejandra y ella tampoco le agradeció ahí, para evitar cualquier mal entendido. Pero Marco, quedó pensativo con respecto a ella, era la segunda vez que la veía junto a Jean Carlos, por lo que comenzó a pensar, que a lo mejor tenían algo. En todo caso, el tiempo que estuvo en el restaurante, muy de vez en cuando, dirigía su vista hacia donde ella estaba. E igual hacia ella, enfrentándose en dos oportunidades sus miradas, lo cual fue captado perfectamente por Jean Carlos.
Decidido a salir de dudas y seguir adelante en este plan de conquista sobre Alejandra, le paso un mensaje de texto a su celular, el cual ella reviso de inmediato: >
Alejandra, por respeto a Jean Carlos y su amable atención, no le respondió de una vez, sino que esperó a salir de ahí, para responder. Ella terminó lo que había estado discutiendo y se despidió de él muy efusivamente. Saliendo del restaurante, sin voltear la mirada, pues, sentía las miradas sobre ella, se dirigió a su coche, al sentarse frente al volante, comenzó a responder una a una sus preguntas: > y >
Una vez que él, leyó los mensajes, se levantó de la mesa, pidiendo disculpas porque debía hacer una llamada con urgencia y se retiró del grupo donde se encontraba. Jean aun en el restaurante, miró disimuladamente a Marco y fijó la mirada en él.
―Aló, Alejandra
―Sí, ¿Quién me llama por favor? No tengo identificado este número.
―Marco Valenzuela, por favor, anótalo, es mi numero privado.
―¡Ah, ok! Gracias, con gusto lo agrego.
―¿Aceptarías cenar hoy en la noche conmigo?
―¿A qué hora? ―respondió ella, un poco dudosa.
―Si quieres, paso por ti a las ocho.
―Ok y gracias
―Entonces, quedamos así, ¿estás viviendo en mi apartamento? ―de inmediato corrige― perdón, en tu apartamento.
―Sí, estoy viviendo en él.
―Entonces, estaré ahí a las ocho, te llamo cuando vaya llegando, para que por favor bajes.
―Ok y nuevamente gracias.
―Gracias a ti, por aceptar la humilde invitación de este admirador tuyo.
―Te espero ―respondió ella sonriendo.
Una vez que cerró la llamada Alejandra salió rumbo a la Universidad donde atendería a sus amados estudiantes, con quienes siempre se sentía muy complacida y feliz, porque ellos, le respetaban, querían y consentían. Algunos de sus alumnos eran incluso mayor en edad que ella. Pero igual siempre el trato ha sido muy respetuoso.
Salió a las seis de la institución y se fue directo a su apartamento para arreglarse y estar a la altura de este magnate y gran empresario. Así que optó por usar nuevamente el traje que utilizó para su noche de fin de año, casi que con los mismos accesorios, salvo que esta vez, sí la acompañó con una cartera tipo sobre de color rojo, que combinaba con sus zapatos. Siendo las ocho de la noche, repica su celular y era Marco para informarle que estaba abajo, esperándola.
Ella esperó unos cinco minutos, y salió del apartamento hacia el área del ascensor, entró al mismo, bajó y buscó la salida, donde precisamente, él la estaba esperando, se veía muy apuesto y elegante, así que se sintió satisfecha, al ver que había pegado la combinación que se puso.
Él caminó hacia donde ella salía, le saludo, besándole las manos y las mejillas, además de comentarle lo hermosa que estaba. La condujo al auto, abrió la puerta y esperó que ella se montara, luego dio la vuelta y se montó el. Así salieron los dos hacia el restaurante que había elegido él, que por cierto, era el del más lujoso y caro hotel de la isla.
―Estas muy hermosa, Alejandra, a veces pienso que es imposible te veas más bella cuando te encuentro en alguna parte, pero tú de nuevo me das una sorpresa y mis palabras se vuelven letra muerta ―mirándola fijamente como escudriñando en su mirada y su rostro, todo cuanto desee saber
―Gracias Marco, eres muy caballero.
―¿Piensas que te estoy diciendo esto por caballerosidad? ―exclamó él, mirándola fijamente a los ojos―. No es así, es que realmente, tu belleza es extrema, demasiada, diría yo.
―Creo que exageras ―sonrió ella mirándolo.
―Para nada ―encendiendo el coche y maniobrando para incorporarse a la vía.
El edificio, se encuentra cerca del hotel más lujoso de la isla, que era precisamente a donde él le llevaría, porque ahí estaba ubicado el mejor restaurante, según su criterio. Así que solo tardaron unos minutos. Al llegar, fueron recibidos por un valet parking, quien abre la puerta del lado donde se encuentra sentada Alejandra y además, le ayuda a bajar, dándole la mano. Ella agradece la amabilidad y Marco como asiduo asistente al mismo, entrega las llaves del coche, saludando al joven.
El la conduce del brazo hacia la entrada del hotel y de ahí al restaurante. Marco, pidió una botella del mejor vino, además, de sugerirle a Alejandra, la especialidad de la casa y la cual él ha comido en otra oportunidad. Ella siguiendo sus consejos aceptó. Luego que el mesonero sirve la botella junto con unos aperitivos y entremés. Ellos brindan por esa noche y por la amistad que recién comienza en ellos.
Marco, comienza a sondear a Alejandra, para conocer si tiene algún compromiso con alguien y que oportunidades tiene con ella…
―Alejandra ¿tienes novio?
―No ―sonriendo, no tengo tiempo para eso ahora.
―¿Cómo es posible que una mujer tan hermosa, no tenga novio?
―Porque no ha llegado quien se arriesgue a ser mi novio ―respondió ella bromeando con él.
―¿Es un riesgo ser tu novio? ¿Por qué?
―No, yo tampoco tengo esa respuesta, lo deduzco, por la falta de oferta y ―sonrió, mirándolo nuevamente.
Los dos sonrieron muy alegremente a este comentario de ella, quien se sentía sumamente perturbada por él. Es un hombre que además de guapo y caballero era muy divertido, echador de bromas, de muy buen carácter. Ella sentía la necesidad de preguntarle si tenía algún compromiso, pero iba a parecer muy evidente, por lo que prefirió callar. Los dos mantuvieron una conversación muy amena sin tocar temas muy personales.
El mesero llegó con la comida, nuevamente, Marco hizo un brindis por ella y le deseo buen apetito, al igual que ella a él. Los dos degustaron la excelente comida, ella al finalizar de comer, le felicita por su extraordinario gusto y da las gracias por el hecho de haberla invitado. El simplemente, le respondió…
―Soy yo, quien te da las gracias, por aceptar mi invitación, es más abusando de ti, acompáñame al lado, del restaurante está la discoteca, vamos a escuchar música un rato ―con lo cual hace señas al mesero para que le traiga la cuenta.
―Ok, encantadísima porque ese si es mi hobby favorito escuchar música y bailar.
―¡Perfecto!
Una vez que paga la cuenta, él le ayuda a levantarse y tomándola nuevamente del brazo la conduce a la discoteca. Al entrar, ella observa que no es tan oscura como otras. Marco ubicó un lugar apartado donde pudieran escuchar música y conversar, justo en ese momento uno de los meseros, se acerca para atenderlos, el pide las bebidas para los dos.
Al inicio conversaron un poco, se dedicaron a escuchar música y luego la invitó a bailar. Alejandra, se sentía muy bien, se dejó llevar por la música y disfrutó la noche, pero ya cerca de las doce, le pidió a Marco la llevara al apartamento porque al otro día debía trabajar. El muy caballero, de inmediato atendió su pedido, pidió la cuenta, pagó y salió nuevamente con ella del brazo buscando al valet parking para que le trajera su auto.
Al llegar al Edificio, Alejandra nuevamente le agradeció la bella noche que le hizo pasar y por todas sus atenciones. El muy complacido, se baja, da la vuelta al carro, abre la puerta y la ayuda a bajar, acompañándola al portón de entrada donde estaba el vigilante, a quien saludo muy familiar, despidiéndose de ella con un beso en las manos y en las mejillas. Hasta que ella no entró al Edificio, él no se retiró