Eso de que el gin es engañoso y traicionero, es la pura verdad. Tanto Mia como Stephan ya iban en su tercer vaso y el alcohol iba subiendo lentamente en las cabecillas de ambos, en especial en la de Stephan que era un novato en esto. Cada copa pasaba más fácil, el sabor del alcohol ya no se sentía tanto. Estaban por servirse una cuarta pero el timbre de casa los salvó, alguien había llegado.
—Debe ser mi hermano con Daria.
—¿Tú hermano? Dijiste que era un amigo.
—Bueno, mi hermano es mi amigo, da igual ¿no?
—No sabía que tenías hermano.
—Jamás me preguntaste, yo tampoco sé si tu tienes…
—Nop, yo no. Soy hija única, por eso soy algo exigente con todo… Voy a abrirle a tu amigos, que suban para acabarnos la botella y salimos ¿te parece?
—Bien.
Mia se acercó al intercomunicador, les abrió la puerta a ambos. Dejo la puerta de casa junta y volvió a sentarse al lado de Stephan. Lo contempló bien, le gustaba su estilo de vestimenta, ¿esas zapatillas eran Balenciaga? Ya le pesaban ligeramente los ojos, es que hace mucho que no tomaba, ya le había dejado el ritmo. Nada como su aguante a los quince años, eso era una cosa de locos.
—Emm… ¿hola? —Daria entró dudosa junto a Andrew.
—¡Chicos! —los saludó Stephan poniéndose de pie, más alegre que de costumbre —¿Cómo les fue? ¿Qué tal el show?
—¡Fascinante! Los humanos hacían acrobacias sobre trapecios colgantes, era increíble, no tenían miedo a caerse. También se doblaban como si fueran muñecos de trapo, ¡quiero hacer eso! —dijo Daria intentando arquear su espalda.
—¡Que bueno que la pasaron bien! Ella es Mia, dueña de la casa —presentó a su amiga —Mia, él es mi hermano Andrew y ella es Daria.
—¿Son novios? —preguntó Mia inocentemente causando rubor en las mejillas de ambos.
—Esta vez no lo dije yo —Stephan levantó las manos en señal de inocencia —Bueno chicos, no se queden allí parados, vengan. Estábamos bebiendo una botella de… ¿Cómo se llamaba?
—Gin.
—De gin, siéntese a terminarla y de ahí vamos hacia el bar…
—¿Ustedes también lo quieren súper dulce o normal?
—Ellos tampoco han probado el gin antes… —acotó Stephan haciendo que Mia los mire incrédula. Lo aceptaba de uno, pero tres personas que no hayan probado gin… ¿en serio estaban en Nueva York?
—¿Qué es el gin?
—Pues… lo googleare. Es una bebida alcohólica destilada que posee un sabor predominante a nebrunas… blablablá, en resumen es mi trago favorito… —le respondió Mia a Daria sonriente.
—Bien, dame un poco de eso entonces.
—Te advierto que al comienzo quemará un poco, pero de ahí será insignificante, no te asustes.
—Ay Stephan, es como cualquier licor, no la asustes.
—Es que Daria jamás ha probado ningún licor…
—¿Y que hacen en su pueblo? No toman, no conocen chicas, ¿viven en una especie de claustro?
Mia seguía sorprendida, estos tres chicos parecían de otro planeta, pero debía admitir que eran muy lindos. Las facciones de los tres eran perfectas, sus sonrisas, sus miradas. Daria por ejemplo tenía una voz demasiado dulce y como miraba al hermano de Stephan. El hermano por su parte, también era apuesto, solo que se le veía tenso, pareciera que no quisiera estar ahí…
Daria tomó el vaso que Mia le ofrecía y haciéndole caso a Stephan le dio un gran sorbo. Su amigo tenía razón, quemaba la garganta y mucho. Quiso escupirlo, pero Stephan no se lo permitió. Enseguida sintió como el cuerpo se le acaloraba.
—Mmm… no me gustó del todo.
—Toma uno más, ya verás que si…
—No la obligues Stephan, no quiere…
Mia le dio una mirada a Andrew, se notaba que cuidaba de Daria, se le veía sobreprotector. Habría que hacerlo tomar a él también entonces, hoy sería una buena noche, si quería quitarse a Mathias de la cabeza, debía haber buen ambiente.
—Andrew, ¿tú no tomarás?
—Sí hermano, todos hemos tomado, faltas tú.
—Dame eso —dijo tomando la botella y leyendo lentamente los ingredientes, al ver uno de los principales abrió los ojos de par en par. —¡Stephan! ¿Estás loco? ¿Sabes qué contiene esto? ¡Tiene alcohol!
—Pero por supuesto que lo tiene, es un trago…
—Un momento Mia, contigo no es —la hizo callar haciéndola sorprender realmente, pero que chico para más maleducado, ¿cómo la iba a callar en su propia casa? Ah no, eso si que no. —¿Tienes idea de lo que causa?
—Pues…
—Se te mueren las neuronas, dejas de pensar, en cualquier momento actuarás como idiota, más de lo que ya eres.
—¡Oye! No hace falta la agresión, no tenía idea…
—¡Lo peor es que le diste a Daria! ¡Papá nos matará!
—Tranquilízate, no tiene como saberlo… además, el vino también contiene alcohol… y papá lo consume…
—¡El vino tiene mucho menos alcohol que esto! Además, a caso papá se toma una botella entera, una copa a lo mucho… ¡Sabía que no debía venir contigo!
—Andrew ya, suficiente, ya no tomaremos más, ¿quieres relajarte?
—¡Relajarme! Esto es el colmo —resopló dejándose caer en el sofá. Mia lo miraba indignada, que se creía, ¿el papá? ¿Además cuantos años creía que tenían los demás? ¿Quién era él para decirles si debían tomar o no?
—Pues parece que se enojó un poco ¿no?
—Ya se le pasará…
—¿Por qué se comporta así? No debería importarles, ni que fuera su padre…
—Es mi hermano mayor…
—¿Y? Tu ya estás bastante grandecito para saber que está bien y que mal… ¿y tú Daria? Tampoco debería afectarte, si es así de protector, termínale y ya…
—¿Terminarle? No es mi novio…
—Entonces con mayor razón, no le hagan caso chicos… ¿un último trago antes de salir?
—¿Salir? ¿Ahora a donde iremos? —preguntó Daria.
—Pues a buscar a Rodrigo, ¿lo olvidas? Para eso vine…
—Oh… creí que ya habías ido por él.
—Nop, Mia quería que la ayude en su trabajo…
—Bien, tomemos de una vez para poder ir a que lances tu flecha —dijo Mia riendo y dándole un gran sorbo a su copa. Daria y Stephan se miraron fijamente, ¿Cómo es que aún recordaba eso si se supone que Stephan le dio la gota?
—¿Olvidaste darle? —le susurró.
—Sí le di… o eso creí, al menos que… al menos que me la haya tomado yo.
—Sí es que es así, Andrew te matará…
—Lo sé… —resopló Stephan tomándose su copa de un solo golpe. Le gustaba esa bebida, no por el sabor, si no por el efecto, lo hacía despreocuparse un poco más de las cosas, si no la hubiera tomado, ahora estaría tras de su hermano.
—¿Y siguen tomando? ¿Saben que? Yo me largo.
—¡Espera Andrew! —fue Daria tras él a lo que tanto Mia como Stephan rodaron los ojos, al darse cuenta de su coordinación rieron.
—Tu hermano es algo insoportable ¿no?
—Sigue todo al pie de la letra… no le gusta pecar… yo por mi parte no sabía que beber alcohol era malo… así que no mi pecado no ha sido tan grave…
—Me causa gracia que sean tan religiosos, me gustaría visitar su pueblo alguna vez…
—No creo que sea posible…
—¿Por qué no? Sus vestimentas pueden servirme para mi tesis y más porque parece que de donde vienen no es nada conocido. Son las primeras personas así que conozco…
—Ya veremos Mia —le respondió Stephan algo incomodo. Si le gustaría enseñarle el cielo, sería maravilloso, pero eso si que sería romper las reglas en lo absoluto, además él no es un ángel que guía las almas al cielo, no podría cargarla, tal vez por un momento sí, pero al rato se cansaría. Y dejar caer a un humano desde los cielos no es buena idea…