Capítulo 19

1455 Palabras
Y después de una larga, pero no complicada caminata, al fin los dos jóvenes habían llegado a la Calle Rooswood. A Stephan le había sorprendido lo útil que era tener un celular, te facilitaba absolutamente todo. No solo podías hacer llamadas, si no ver direcciones, tomar fotos, ver videos, era genial. Quería uno, no quería aceptarlo, pero eran mejores que las palomas mensajeras… —Genial, ayuda del día , completada —dijo Mia feliz una vez ya estaban frente a la supuesta casa de Camila. —Genial, espero esté con su entrenador… —¿Por qué? ¿A caso el paquete que debes entregar no es solo para Camila? —Pues sí, pero… no lo entenderías… —En fin, ya cumplí con ayudarte, ahora te toca a ti… —¿A mí? —Sí, sobre el trabajo que hicimos en la mañana… necesito que me cuentes todo lo que sabes… voy a tener que repetirlo para la auditoría a fin de curso y bueno, evidentemente tu no estarás… —Puedo ir si quieres… —No es eso Stephan, no estás en el curso, la profesora se dará cuenta… —Bien… ¿te explico todo ahora? —No solo eso, también debo hacer una prenda alusiva más, solo necesito que me ayudes, algo parecido a lo que hice temprano, solo que esta vez versión hombre… explícame eso de los ángeles, de la guarda, cupidos… —Podría ir a tu casa después si eso quieres, hoy será mi último día en Nueva York… Le dice esto pues, ya no quiere verla más, no es que no le haya agradado ni nada por el estilo, solo que sabe que no puede involucrarse, un ángel no puede formar amistad con un humano, eso es algo inaceptable y nunca antes visto. —¿Hoy es tu último día? —Pues si… mi vuelo de retorno a mi ciudad sale mañana por la mañana —le miente. —Bien, entonces ve a mi casa por la tarde, llevaré un maniquí y tela para que me ayudes, ¿esta bien? —Bueno… esta bien… —acepta Stephan finalmente y bueno, se la debe, si no fuera por Mia de seguro seguiría caminando por las calles en busca de la casa de Camila. —¿Entonces te quedas aquí? ¿Por qué no le tocas el timbre? —No, no, esperaré a que salga. —Ay por favor Stephan, solo toca. —No… —Bien, lo haré yo. Antes de que Stephan pueda evitarlo, Mia ya se había aproximado a tocar el timbre, pero nada, no había respuesta alguna. Stephan soltó un suspiro de alivio, en verdad no sabe que hubiera hecho si Camila abría la puerta así de pronto. —Pues parece que no está… vaya suerte la tuya eh… —¿Dónde estará? —Yo creo que se quedó donde su instructor… es lo más lógico… me da pena, ese imbécil es un patán… —¿Lo conoces? —Sí, le rompió el corazón a una amiga mía hace un par de años… —Ya veo… —Bueno, ¿ahora qué? —Creo que la esperaré… —Déjale el encargo en la puerta y ya… —No puedo Mia, no es un encargo así como así… —¿Qué es? ¿Se puede saber? —Es personal… —Claro, una te ayuda todo el día y no puedes ni decirle una pista… —Lo siento Mia… —Hombres. Bueno, te veo en la tarde entonces… ya sabes donde vivo. —Nos vemos Mia…   Ella ya se estaba yendo cuando de pronto escuchó la voz de Camila volteo a ver y ahí estaba a lo lejos. No tenía por qué quedarse, pero la curiosidad la carcomía, quería saber por qué tanto misterio con Stephan y su paquete. —Pues parece que ya llegó… —¿Qué? ¿Dónde? —preguntó Stephan desconcertado, ni si quiera había tenido tiempo de esconderse. Volteo para ambos lados y ahí la vio, caminando sonriente en dirección a su casa. Tenía la mirada perdida en su celular así que no noto la presencia de aquellos extraños en la puerta de su casa. Sin pensarlo dos veces Stephan saltó hacia atrás del sardinel trayéndose consigo a Mia cuesta abajo. —¿Qué demonios te pasa? —preguntó ella desconcertada. Este chico le resultaba cada vez más loco. Stephan se coloco el dedo índice en los labios suplicándole que hiciera silencio. Ahí iba Camila, pasaba justo en frente de ellos, muy metida en su celular, ni los había notado allí tirados detrás de las plantas. Lo malo, no estaba junto a su entrenador. ¿Y ahora qué haría Stephan? —¿Estas loco? No te entiendo nada, ¿no que querías ver a Camila? Al fin la tienes frente a ti y ¿te escondes? —Es que no está con su entrenador… —¿Y? —Bien, te diré, ya después te borro la memoria… —¿Me borras que? ¿Stephan todo bien contigo? —Bien, tú que tanto querías saber sobre los ángeles, te diré la verdad… Soy un ángel ¿ok? Un cupido. Mia lo mira incrédula, de arriba abajo, lo dice con tanta seguridad que casi la convence, pero enseguida suelta una carcajada. ¿Qué demonios con este sujeto? —Bien, no me creas, me da igual. El punto es que debo dispararle a Camila, y después a su entrenador… —¿Y qué les dispararas? ¿Tus flechas mágicas? —Pues sí… —A ver, déjame verlas… Stephan sabe que no debió decirle, va en contra de las reglas y el mostrarle las flechas también sería algo ilegal… pero que más daba, si a fin y a cabo le borraría la memoria… —Son estas… —le muestra sacando sus flechas del morral. Mia queda sorprendida, realmente no le cree nada, pero esas flechas se ven preciosas. Pareciera que llevan diamantes incrustados, serían perfectas para la entrega de su trabajo final… —¿Y me dices que le apuntarás una de estas a Camila? ¿Y otra a su entrenador? —Precisamente… —Bien, quiero verte en acción. —Igual lo olvidarás, te borraré la memoria… —Sí claro… entonces adelante. Stephan se acerca a la ventana, visualiza a Camila, está sentada en su comedor mirando su celular. Achina los ojos y ¡victoria! Justo anda chateando con Rodrigo, su entrenador. Stephan abre la ventana cuidadosamente, apunta y… ¡eso es! Le ha atinado esta vez, un flechazo perfecto de amor. Ahora solo le queda uno de desamor a Rodrigo y ya estaría todo en orden, genial. Mira a Mia, ella lo mira aún sin creerle nada. —¿Y ahora que señor Cupido? ¿Qué sigue? —Buscar a Rodrigo… —¿Tienes idea de donde? Nueva York es algo grande… —Mmm… estoy seguro que volverá a verse con Camila, esperaré a que salga… —¿Todo el día? Recuerda que prometiste ayudarme con mi tarea… —Bien, bien, también haré eso, pero… espera —jala a Mia de la mano y saca un gotero de su bolso, perfecto para borrar memorias. Es una poción mágica, la sacó de una de sus clases de laboratorio, sabía que en algún momento la necesitaría, basta solo un par de gotas para borrar los últimos 10 minutos. —Bebe por favor. —¿Y eso? ¿Tu gran borra memorias? Por favor Stephan, no es necesario. Ya sé que no eras un ángel… —Solo bebe —le coloca la poción en la lengua, espera 5 segundos. Ya está listo. Ahora ir por Rodrigo. —No entiendo, ¿se supone que me borraste la memoria o que? Stephan la mira extrañado, cómo es que recordaba eso. ¿Le habría dado la cantidad correcta? —¿Recuerdas todo? —Ya Stephan, basta de truquitos, no tengo 5 años eh… —Espera, ¿en serio no te borré nada? —Mia niega riendo. —Nada, sé que eres un ´´ángel´´ y quieres ir por Rodrigo a lanzar tu gran flecha… Stephan la mira fijamente, debe haber sido un error. Una vez más le da unas gotitas de la pócima, ella ríe, dice que aún lo recuerda todo, le da una buena cantidad, casi casi acabando con el frasco y nada. No funciona. ¿Lo habrán timado en aquella clase? —Ya suficiente, eso sabe a perfume —dijo Mia riendo —igual hagamos como que si olvidé todo ¿si? Digamos que jamás me dijiste esa ridiculez. —No es ridiculez, es real. —Sí, sí… Stephan se queda pensando. No entiende como rayos no funciono la pócima, pero decide seguirle el juego, le convenía que piense que esto no era real…
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